Su vida pende de un hilo

PAULINO CÁRDENAS

La pareja que sin invitación entró a una cena en la Casa Blanca que ofrecía su principal huésped Barack Obama, y el fuerte golpe que recibió en el rostro el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, dan idea clara de que ningún aparato de seguridad es suficiente cuando alguien quiere lograr su propósito de acercarse a un milímetro de distancia de cualquier personaje de esa envergadura para saludarlo de mano o para agredirlo arteramente, más cuando la lógística falla. Ambos fueron hechos que, si hubieran llevado como consigna aniquilarlos, ni uno ni otro lo estaría contando.

Es así como se han dado los magnicidios. El de John F. Kennedy, el de Martin Luther King, el de Robert Keneddy, el de lady D, el de John Lenon, el de Colosio, sólo por mencionar algunos. Cuando son por conspiración hay complicidades; si es ‘por encargo’ suele haber ‘contrato’ y hay fríos cálculos y cualquier falla de los aparatos de seguridad, por mínima que sea, basta para allanar el camino y cometer el atentado. En el caso de Obama y en el de Berlusconi, evidentemente algo falló; algo no estuvo bien. Pero para su fortuna no había la intención de acabar con ellos.

El Comité de Seguridad de la Cámara de Representantes autorizó la semana pasada emitir citatorios judiciales a la pareja de llegó desde Virginia, Tareq y Michaele Salahi, para que testifiquen sobre cómo lograron entrar el 24 de noviembre a la Casa Blanca sin haber sido invitados a una cena en honor del primer ministro de la India, señaló un cable de la AP. Aquí operó una mezcla de audacia y deficiencia logística.

Los Salahi han dicho que invocarán la Quinta Enmienda constitucional norteamericana, la cual les garantiza el derecho a no responder preguntas durante su comparecencia. El director del Servicio Secreto, Mark Sullivan, ha dicho que no se siguieron los protocolos normales de seguridad y que tres agentes uniformados de este servicio de protección presidencial fueron colocados en suspensión administrativa.

Entre molesto y preocupado, Obama declaró para el programa de televisión “60 Minutos” de la cadena CBS que “lo que sé es lo que todos saben, y esto es que estas personas no debieron haber ingresado” a la cena servida en la Casa Blanca. “Estuve descontento con todos los involucrados en el proceso”, comentó Obama en la entrevista. “Fue una metida de pata”, señaló molesto porque sabe que si la intención hubiera sido otra, hasta ahí hubiera quedado.

El caso del primer ministro Berlusconi fue distinto; el domingo anterior, después de un concurrido mítin en Milán, resultó  herido en el rostro tras ser agredido por un fanático de izquierda en la plaza del Duomo. El suceso se produjo al acercarse el primer ministro a saludar a la gente al finalizar el mitin; la policía detuvo al supuesto agresor; se trata de Massimo Tartaglia de 42 años y sin antecedentes penales.

Sobre él pesan la acusación de delito con agravantes por la “calidad de la persona agredida” y por “premeditación”. En el bolsillo los agentes le encontraron un spray picante, un crucifijo y otras dos estatuillas además de la que utilizó en la agresión. Agentes de la policía descartan que el incidente haya tenido vínculos con algún grupo extremista.

¿Cuál suele ser el lugar común de los magnicidios y sus victimarios? Habitualmente las víctimas son incorruptibles, humanistas o pacifistas. Defienden los derechos humanos, combaten el racismo y la discriminación, suelen trabajar junto al pueblo en busca del desarrollo sustentable, de la paz, la seguridad o la defensa irrenunciable de la soberanía nacional. Las causas y los factores que provocan los magnicidios son diversos. El odio suele ser el principal.

En el caso de Obama y en el de Berlusconi por fortuna no hubo complot ni conspiración ni encargo de asesinato por ‘contrato’; el primer ministro italiano quizá provocó el coraje de su agresor por diferencias ideológicas. Pero lo que es irremediablemente cierto es que la vida de esos personajes –presidentes de una nación, primeros ministros, jefes de Estado, príncipes, princesas, reyes, artistas famosos– siempre pende de un hilo. Con todo y guardaespaldas nadie está exento de sufrir un atentado contra su integridad física o ser víctima de un magnicidio. Nadie.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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