Narco ocurre a tácticas guerrilleras

PAULINO CÁRDENAS

El gobierno federal que encabeza el presidente Felipe Calderón empieza a sentir el rigor de la respuesta de los capos de la droga, quienes además de invertir mucho dinero en equipar a sus comandos con pertrechos con tecnología de punta, parecen haberse ocupado también de adiestrar a sus sicarios en tácticas de guerrilla urbana.

Es sabido que entre quienes integran los comandos que están al servicio de los capos de la droga y del crimen organizado, hay militares desertores del Ejército mexicano y ‘Kaibiles’ guatemaltecos, Maras Salvatrucha y mercenarios que reciben sueldo por prestar sus servicios en eventos de guerra, muchos de ellos con adiestramiento militar de élite.

Expertos en el tema de movimientos armados señalan que es mala señal el hecho de que la lucha contra el crimen organizado emprendida por el presidente Calderón desde que asumió el cargo en 2006, esté teniendo como respuesta actos criminales no sólo de tinte abiertamente terrorista, sino que ahora aplican tácticas de guerrilla urbana.

Las masacres, ejecuciones, desapariciones y decapitaciones por parte de los sicarios al servicio de las mafias que ahora han empezado a incendiar casas de comerciantes que se niegan a pagar ‘derecho de piso’ como está sucediendo en Ciudad Juárez y otras entidades, son señales de que los capos están actuando de manera más violenta contra autoridades, estaciones militares y gente inocente, como respuesta al acoso de las fuerzas federales.

Aunado a esa serie de atrocidades, están apareciendo ahora, como un franco reto a las autoridades, tácticas guerrilleras como los llamados ‘narcobloqueos’ que no son otra cosa que barricadas efímeras, para impedir el paso de las fuerzas federales armadas no sólo en carreteras sino dentro de las zonas urbanas.

Así ha sucedido hasta ahora en Reynosa y Monterrey, en donde los sicarios a mano armada han realizado secuestros relámpago de atómóviles, camiones y tráilers, obligando a sus conductores a colocarlos en posición de bloqueo en carreteras aledañas a zonas urbanas o en calles y avenidas de ciudades y pueblos, a veces incendiando unidades para causar miedo con mayor impacto.

Esto por supuesto preocupa a los altos mandos de las Fuerzas Armadas y sin duda más a su comandante supremo, no obstante que ha querido minimizar lo que entraña esa nueva forma de lucha por parte de los capos de la droga, y ha preferido ocurrir a un discurso poco creíble, al  querer insistir en que los índices de violencia es una cuestión de ‘percepción’, no obstante lo que todo mundo está viendo.

Visto todo esto desde el otro aldo de la frontera, se entendería por qué al gobierno norteamericano le están exigiendo algunos gobernadores de la Unión Americana el envío de elementos de la Guardia Nacional a su frontera sur. No se sabe si a ese clima de violencia que ha prevalecido e México y que ha ido creciendo, obedeció la visita a medidados de marzo de la plana mayor de Seguridad Nacional de Estados Unidos a México.

Lo que parece innegable es que en Washington el asunto preocupa más de lo que se ha dicho en los discursos. Se cree que el gobierno norteamericano está viendo una amenaza en México, que acá dentro, a los más altos niveles, parece que también está preocupando mucho.

El sólo hecho de que el ex candidato presidencial John McCain esté pidiendo al gobierno de Obama reforzar toda la frontera sur con elementos de la Guardia Nacional, no son buenas señales respecto a la situación de violencia que prevalece en México a causa de la narcoguerra.

Para algunos analistas de asuntos internacionales, un gobierno desbordado por el crimen organizado como el de México, es asunto de alta prioridad para la seguridad interna de los Estados Unidos, y por ende para el Pentágono que debe tener marcado con rojo al país en su mapa de riesgos, sobre todo a su franja fronteriza sur.


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