¿Sueño guajiro acabar con monopolios?

PAULINO CÁRDENAS

Son contados los mexicanos que creen en que la iniciativa enviada por el presidente Felipe Calderón al Congreso para acabar con los monopolios en México, prospere. Hay al menos dos razones: porque no hubo acuerdo previo consensual con la oposición y porque los monopolios tienen representantes directos entre los legisladores y cabilderos muy bien pagados listos para convencer a quien sea, al precio que sea, para reventar esa propuesta presidencial.

No se sabe si en broma o en serio, hay quienes consideran que la propuesta pudiera llevar doble propósito: por un lado golpear a las empresas que estorban a los propósitos del gobierno para abrir a conveniencia la participación de otras nuevas so pretexto de una sana competencia y que los beneficiarios sean los consumidores; y otro, permitir, en los casos de Pemex y de la CFE, dos empresas monopólicas del Estado, que en México se establezcan empresas privadas, obviamente trasnacionales, para la venta de gasolinas y en el otorgamiento del servicio de energía eléctrica.

Esto parecería una locura, pero significaría casi lo mismo que pretende la iniciativa presidencial de acabar con los monopolios en México, que es tanto como querer terminar por decreto con las mafias que controlan todas las actividades en el país, públicas y privadas, desde los ‘viene-viene’, los aparta-lugares o los franeleros, hasta los grandes rubros de la economía como el financiero, comercial, agropecuario, político, etc. etc., donde las decisiones de qué sí y qué no, queda en manos de unos cuantos.

Uno de los organismos no gubernamentales denominado ‘Consumidores’, dedicado a defender a éstos de manera no oficial y que está contra las prácticas monopólicas, revela los siguientes datos:

Tres bancos dominan los servicios financieros; dos empresas controlan los canales de televisión abierta, una empresa controla la red de conexión telefónica; dos grupos empresariales controlan la distribución de gas LP; dos empresas controlan el mercado del cemento; una empresa controla dos tercios de la producción de harina de maíz y tres empresas controlan la producción de pollo y huevo.

La misma organización da más datos: Dos empresas controlan el 80% del mercado de leche; tres dominan el mercado de carnes procesadas; dos controlan el mercado de refrescos, jugos y agua envasados; una controla la producción del pan industrializado y dos controlan la distribución de medicamentos.

Es cierto que la legislación actual facilita los abusos en la venta de bienes y la prestación de servicios, en materia de precios y de calidad. Pero el problema va mucho más allá. Las prácticas monopólicas y oligopólicas han obstruido la sana competencia, como sí se da en otras naciones. Y esto ha sido con la complacencia gubernamental, no de ahora, sino de siempre. De ahí deriva mucho de la corrupción y el encarecimiento de bienes y servicios, como la adquisición de bienes de consumo de alimentos de primera necesidad así como la de  insumos y materias primas para el comercio y la industria.

El asunto no es ponerle ‘dientes’ a la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) como dijo el Presidente, sino de que ese organismo federal encargado de regular la competencia económica, de veras, un día, aún con mandíbulas de tiburón, pudiera ejercer las facultades que le fueran aprobadas por el Legislativo, suponiendo que prospere la iniciativa, la cual incluye una disposición que se escucha como petate del muerto: penas de cárcel de tres a 10 años a quienes frenen la libre competencia.

La propuesta presidencial no se oye mal. Sus argumentos son convincentes porque plantea que las operaciones y estructuras de la Cofeco se modifiquen para mejorar en eficacia, eficiencia y transparencia. Pero el problema no es ése. Hay barruntos de que esa iniciativa ‘no irá’ porque con la oposición no hubo acuerdo consensual previo. Y en la Cámara, la bancada priísta ya señaló que no permitirá que la reforma se convierta en una “persecución económica” contra grupos empresariales. ¿No será sólo un sueño guajiro acabar con los monopolios?

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