La Presidencia desmiente al Presidente

PAULINO CÁRDENAS

El hecho llegó al extremo de los colmos. La Presidencia de la República, en un comunicado oficial, desmintió al presidente Felipe Calderón, quien había dado por muerto al administrador aduanal Francisco Serrano Aramoni en un acto celebrado en Veracruz, funcionario que permanece en calidad de desaparecido según la aclaración; los datos de su deceso, dice el documento, se debieron a ‘información errónea’.

Anteayer miércoles, durante la Ceremonia Conmemorativa del XCVI Aniversario de la Defensa del Puerto de Veracruz, el jefe del Ejecutivo, durante su discurso oficial,  confirmó la muerte del administrador de Aduanas Marítimas del puerto de Veracruz, quien desde el pasado 1 de julio de 2009 había desaparecido y las autoridades lo daban por secuestrado.

Más tarde, ese mismo día, a través de un comunicado, Presidencia señaló que durante la citada ceremonia, el presidente Calderón había hecho referencia a la valiosa participación de la Armada de México, que coadyuvó en la captura de José Osiris Cruz, presunto secuestrador del administrador Francisco Serrano Aramoni.

“Sin embargo, la referencia en el sentido de que el señor Serrano Aramoni había sido encontrado asesinado es una información errónea, basada en versiones ofrecidas por personas implicadas en las averiguaciones, las cuales no han sido corroboradas”. Dicho en franco español, Presidencia desmintió al Presidente. Y esto no es niguna’percepción’, es un hecho.

Pareciera que alguien, dentro del mismo círculo primario del presidente Felipe Calderón, sin siquiera ostentar cargo o desempeño imporante alguno dentro del rol de seguridad pública o de mandos de alto rango policiales o de las fuerzas federales armadas, quisiera ridiculizarlo memorablemente de cara a la nación y ponerlo en evidencia más de lo que él mismo se ha ocupado de hacer para consigo mismo, cada vez que dirige mensajes a los mexicanos relacionados con la narcoguerra.

Con ese tipo de errores va aumemtando la falta de credibilidad en su investidura, lo que habrán de aprovechar sus más acérrimos críticos y antagonistas políticos. No obstante ese tipo de pifias verbales, entre sus más escépticos contrarios de su ideología partidista hay quienes reprueban que dentro de su propio equipo haya infiltrados de ínfima categoría dándole datos que, al querer improvisar su discurso e insertar los equívocos que le aportan, lo hacen ver mal.

Como ha sido signo distintivo de Calderón de dar respuesta o decir las cosas al bote-pronto, está ocasionando que quienes quieren ridiculizarlo , dentro de su primer círculo, hallen en él fácil presa de sus perversas intenciones. Nadie sabe si es por candidez o por  exceso de confianza que el Presidente hace caso a ciegas del tarjeteo que le pasan y que da oficialmente por buenas, sin que la información haya sido checada o previamente corroborada. Si esas cosas fueran dichas por otro cualquiera, nada pasaría.

Felipe Calderón debería entender que ya va siendo hora de darle una muy fuerte sacudida a su primer círculo de colaboradores, especialmente al de seguridad pública donde resulta obvio que sigue prevaleciendo la falta de coordinación, el caos, la anarquía y la mala fe de más de uno de sus hombres de confianza, quienes se siguen mofando de su docilidad y mostrando para con su jefe una aviesa falta de lealtad.

Los errores del Presidente son cada vez más frecuentes, lo que luego lo obliga a pedir perdón o solicitar minutos de silencio extemporáneamente. Lo que no debería permitir Calderón es que se lo sigan chamaqueando sus propias gentes, por ser quien representa para muchos la más alta investidura del país, pero además por su propia salud e imagen pública. Más como están las cosas en México.

Sus ‘queridos amigas y amigos’ a los que se dirige cotidianamente, están hartos de engañifas, errores y humillaciones de sus gobernantes; humillaciones que, como en este caso específico, hasta sus más acérrimos adversarios lamentan. Deberían rodar cabezas pero él prefiere ‘aguantar vara’ como decía su antecesor. ¿Por qué? Nadie sabe, aunque muchos se lo imaginan.

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