¿Penetró el narco sólo en la oposición?

PAULINO CÁRDENAS

Apenas el 8 de mayo el gobierno del presidente Felipe Calderón acababa de extraditar  al priísta ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, a Estados Unidos, cuando aún no acababa de cumplir su condena en México. El otro campanazo fue la detención la noche del pasado martes de Gregorio Sánchez, aspirante a la gubernatura de esa misma entidad del caribe mexicano por la coalición de izquierda PRD, PT y Convergencia, acusado de lavado de dinero, delincuencia organizada y delitos contra la salud, y de tener supuestos vínculos con los cárteles de los hermanos Beltrán Leyva y los Zetas.

De tiempo atrás, la clase política panista venía advirtiendo sobre ‘el riesgo’ de que el crimen organizado pudiera financiar campañas de algunos candidatos, obviamente de la oposición, en los comicios de este año y el próximo, como preámbulo a las elecciones presidenciales del 2012, en las que el PAN estará en seria desventaja en los comicios presidenciales, por el fracaso de la actual gestión federal que encabeza Calderón.

La insistente ‘preocupación’ de algunas figuras relevantes del panismo, manifestada incluso por el jefe del Ejecutivo en más de una ocasión, hacía hincapié en que en los procesos electorales, los candidatos de cualquier partido –exceptuando a los panistas por supuesto–, podrían caer en la tentación de buscar financiamientos con dinero proveniente del crimen organizado para lograr impulsos en su búsqueda por obtener el triunfo.

A principios del pasado mes de diciembre, el coordinador del PAN en el Senado, Gustavo Madero, aseguró que los legisladores de su partido compartían la preocupación del Ejecutivo, y por ello, expresó, ‘hay que impedir a toda costa que los procesos electorales tengan influencia del crimen organizado ya que las campañas cada vez se vuelven más reñidas’, y subrayó que ‘debe haber la garantía de que se esté fiscalizando correctamente el financiamiento de los partidos políticos’.

Por su parte, el mandatario panista, al clausurar a finales del 2009 los trabajos de la mesa ‘La democracia en una encrucijada, el reto del financiamiento ilícito de la política’, dijo que había que hacer un esfuerzo adicional para fortalecer la actividad de monitoreo y del gasto de partidos y candidatos, no sólo en aquello que es registrado contablemente, sino en el ‘gasto aparente’ de campaña y de partidos “que es donde se expresa precisamente la inequidad”.

Calderón demandó entonces a los partidos políticos someterse no sólo a la fiscalización de los recursos que hace el Instituto Federal Electoral, sino también “a poner en la vitrina pública” sus estados de cuenta para que la sociedad tuvieran acceso a éstos.

Para los dirigentes de los partidos de oposición, la lectura era clara y suponían desde entonces que esas advertencias no tardaría en convertirse en el lanzamiento de algún misil contra alguno de sus candidatos, una vez que se acercaran las fechas de los comicios 2010. La sorpresiva extradición de Mario Villanueva, como sacada de la manga, fue el primer golpe de alto impacto, éste contra el PRI de Quintana Roo.

El segundo estuvo dedicado a la coalición de izquierda PRD, PT, Convergencia contra su candidato al gobierno quintanarroense, ‘Greg’ Sánchez, cuya captura le desbarató el juego a sus promotores partidistas, quienes se quejan de que todo fue una jugada sucia de parte del gobierno federal para evitar que la izquierda gane en aquel estado del caribe mexicano.

¿Con quién pretende ganar el PAN en Quintana Roo? ¿Con Alicia Ricalde Magaña a la que su partido le hizo el feo, empezando por el dirigente nacional panista César Nava y el coqueteo de una parte de la militancia albiazul de aquella entidad, precisamente a favor del ahora candidato detenido y llevado al penal de ‘El Rincón’ en Nayarit?

¿Qué otros candidatos siguen en la lista y en qué  entidades con miras a poner en entredicho a la oposición en el marco de las próximas elecciones de julio? ¿Estarán excentos de todo ilícito los candidatos del partido en el poder? ¿Penetró el narco sólo en la oposición? La otra guerra –ésta–  seguirá, y se recrudecerá.

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