Los aplausos y ovaciones a Calderón

PAULINO CÁRDENAS

A millones de mexicanos llamó sobremanera la atención tantos eufóricos, obsequiosos y repetidos aplausos y ovaciones de pie  que le fueron dispensados en sus recientes giras al jefe del Ejecutivo mexicano Felipe Calderón, por parte de congresistas de España, Estados Unidos y Canadá, muestras que se vieron más como desproporcionados agradecimientos que como parte de un protocolo atento y afable a favor de su alta investidura.

Se sabe que acá el mandatario panista ni siquiera cuenta con la fuerza legislativa necesaria de su partido para lograr que la oposición tome en cuenta las inicitivas que envía al Congreso para que aprueben sus reformas, donde más bien hay discrepancias entre las propias filas del albiazul cuando se trata de cabildear y contruir consensos o hacer alianzas políticas con la oposición.

Por eso ha llamado la atención que en sus intervenciones que tuvo en los recintos legislativos de los países que recientemente visitó haya recibido tantos efusivos aplausos, ovaciones de pie y hasta vítores, lo que en México hizo que millones voltearan a ver esas imágenes y expresar con incredulidad ¡qué onda con Calderón¡ Pues qué les dio o qué les prometió a esos legisladores. Porque ningún cortejo así es gratuito.

Incluso en España a Calderón le otorgaron el ‘Premio Nueva Economía Fórum 2009 al desarrollo económico y la cohesión social’, “por su carisma de estadista; por sus esfuerzos en pro del bienestar económico y la cohesión de los ciudadanos mexicanos, y por la aportación de México a la estabilidad y el progreso de América Latina”.

Distinción como ésta sólo se entiende como un cumplido del grupo de empresarios españoles agradecido porque su gobierno les ha abierto las puertas para invertir y seguirlo haciendo en México y ganar más licitaciones en diversas áreas estratégicas del país. Pero también en Washington y en Otawa los legisladores le aplaudieron y ovacionaron a Calderón ¿Por qué?

Se cree que hayan sido también en agradecimiento a ciertos acuerdos suscritos favor de esos gobiernos, pero también a compromisos con grupos y consorcios de inversionistas y hasta de especuladores dueños del dinero que buscan multiplicar fácilmente su fortuna en México, en donde los capitales que vienen de fuera gozan de la protección y privilegios que otorga el gobierno, como ha sido el caso de la banca extranjera.

Por lo pronto nadie sabe a qué obedecieron esas manifestaciones públicas de complacencia y simpatía. Nadie ha entendido por qué, a pesar de que Calderón fue y les dijo a los congresistas algunas verdades que se merecen, como en el caso de Washington y Otawa, lo ovacionaron. ¿Qué gato encerrado hay detrás?

Quienes aplaudieron al jefe del Ejecutivo mexicano durantes sus recientes giras –seguramente en gratitud y correspondencia a algún favor muy especial o un grande compromiso que no ha trascendido–, quiza ignoren que en el recuento desde que tomó posesión, de diciembre de 2006 a la fecha, la actuación de Felipe Calderón al frente del país ha dejado mucho qué desear.

Seguramente desconocen la realidad que viven millones de mexicanos, cuyo gobierno les ha venido aplicando medidas cada vez más absurdas y hasta perversas en detrimento de su ya de por sí deteriorada economía.

Un ejemplo es la última absurda medida de no aceptar dólares en las ventanillas bancarias, porque ‘tal vez’ ese dinero ‘podría provenir de las mafias del crimen organizado’, con lo cual de modo aberrante se criminaliza tácitamente a los  ciudadanos que tienen la necesidad de utilizar dólares, como sospechosos de estar lavando dinero.

Debe haber muy buenas razones para que Calderón se haya ganado ese extremado agradecimiento que soprendió a todos, en sus giras por España, Estados Unidos y Canadá. Quizá pronto se sepa, porque tantas reverencias nunca han sido gratuitas. O como diría algún dicharachero nuestro, ‘se me hace muy ojona pa’paloma’. Porque sorprendió la euforia de esos congresistas. Lo que acá para nada.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.