Caso Diego: Siguen las hipótesis

PAULINO CÁRDENAS

En la víspera del reciente viaje a Washington del presidente Felipe Calderón, en el periódico The New York Times apareció una nota escrita por Marc Lacey que señalaba que la liberación de Griselda López Pérez o Karla Pérez Rojo, ex esposa del ‘Chapo’ Guzmán, –quien fue detenida y careada durante varias horas–, fue acelerada por el mismo Calderón para evitar una ola de ataques del cártel de Sinaloa.

A falta de información oficial, dentro de la cascada de hipótesis que han surgido en el caso del secuestro del ‘Jefe’ Diego, hay una que borda la posibilidad que ambos asuntos podrían tener relación, uno en respuesta de otro, y que una célula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, habrían tenido parte activa en la desaparición del controvertido panista sucedida el pasado viernes 14 de mayo por la noche, y hasta que la misma pudo haber sido por encargo.

De lo poco que ha trascendido es que personal especializado de una agencia extranjera estaría negociando los términos del rescate, que en dinero algunos suponen sería del orden de los 50 millones de dólares aunque otros aseguran que son más bien 500 millones de billetes verdes, pero que igual pudieran estarse negociando en lugares insospechados otras cosas que no serían menores.

Desde el 2008 hay referencias de que la guerrilla de las FARC pudiera estar vinculada a secuestros en México. La policía colombiana rescató los archivos de la computadora portátil que pertenecía al ‘número dos’ de ese grupo guerrillero, ‘Raúl Reyes’, luego que fue abatido el 1 de marzo de ese año en donde murió con otras 25 personas, al ser atacado su campamento apostado en la zona ecuatoriana de Angostura, en la frontera con Colombia.

El periódico bogotano El Tiempo señalaba entonces que algunos de los últimos archivos que lograron abrir los expertos de la Policía, hablaban de negocios entre las FARC y bandas mexicanas “en un delito que está conmocionando a México: el secuestro”. Citó que en un correo fechado el 14 de marzo de 2003 se leía: “Hay la posibilidad ya adelantada de trabajar con unos amigos mexicanos (…) La parte que nos correspondería es la negociación y cambiar el dinero que paguen. Ellos se encargan del resto (…)”.

Como se recordará, en medio de esa historia hubo el protagonismo de la estudiante mexicana Lucía Morett, quien había llegado a ese lugar selvático poco antes del ataque o habría acompañado al grupo –junto con otros cuatro estudiantes mexicanos que ahí murieron–, desde finales de febrero del 2008 o antes, supuestamente para contactar a ‘Raúl Reyes’ y completar un trabajo de tesis académica.

En otra retrospectiva, Nicolás Sarcozy, presidente de Francia, pidió en su momento a las FARC la liberación de Ingrid Betancourt, directamente a Manuel Marulanda, líder del legendario grupo quien después falleció. No se sabe si influyó o no esa solicitud, pero el hecho es que la mujer, con vínculos familiares en aquella nación, al final fue rescatada por un comando de élite y puesta en libertad.

Hay quienes asocian lo anterior a la idea de que el mismo Sarcozy ha pedido abierta y reiteradamente a Felipe Calderón la extradición de Florence Cassez a Francia, para que pague allá una pena de 60 años a la que fue condenada en México por supuestos vínculos con el narcotráfico, a lo cual el mandatario mexicano no ha accedido.

¿Qué pasaría si de veras están las FARC tras el secuestro del ‘Jefe’ Diego? ¿Y si el secuestro fue por encargo? ¿Es la antítesis de lo que escribió Marc Lacey en The New York Times? ¿En este supuesto el gobierno mexicano accedería a las demandas que le estuviesen exigiendo? ¿Cuáles son éstas? ¿Además de dinero se trata también de ‘canjes’? Se vale preguntar, al fin y al cabo sólo son hipótesis.

Y Fauzi Handam, personaje allegado al panista desparecido, dio la pauta cuando dijo en entrevista con Carmen Aristegui que un grupo ‘muy poderoso’ secuestró a Fernández de Cevallos y que los motivos ‘no son meramente económicos’. ¿Luego entonces?

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