SME: ¿Cuál fue la moneda de cambio?

PAULINO CÁRDENAS

¿De veras nada más así porque sí se levantó la huelga de hambre de los 14 trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas que se hallaban en ayuno en el Zócalo de la ciudad de México? ¿Fue sólo un señuelo el ofrecimiento de que ello sería a cambio de la ‘toma de nota’ a favor de Martín Esparza y los integrantes de la dirigencia sindical, lo que han negado el secretario de Gobernación, Francisco Blake y el propio titular del Trabajo, Javier Lozano? ¿O le apena al gobierno aceptar que esa fue la moneda de cambio?

Porque el propio dirigente del SME, que no es reconocido como tal por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, es obvio que sí es reconocido por el presidente Felipe Calderón desde el momento en que encomendó al titular de Gobernación, Francisco Blake Mora, dialogar con el dirigente con quien el viernes supuestamente se comprometió a llegar a una solución sobre el conflicto derivado del decreto de extinción de la Compañía de luz y Fuerza del Centro del 11 de octubre de 2009, con el que el ‘Presidente del empleo’ echó a la calle a más de 44 mil trabajadores.

Martín Esparza dijo que el compromiso con el titular de Gobernación era que le fuera otorgada la famosa toma de nota por parte de fuera del titular de Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano, a los 26 integrantes de la dirigencia sindicalque encabeza y reafirmándolo a él como dirigente de esa organización, para en esa calidad pudiese continuar el diálogo con el gobierno a partir de mañana, según lo que se acordó el jueves pasado, en una prolongada reunión que duró alrededor de seis horas, celebrada en la sede de Gobernación, en Bucareli.

Pero el secretario Francisco Blake no aceptó que hubiera sido ese el acuerdo para que los huelguistas de hambre suspendieran su ayuno y aceptaran ir al hospital como sucedió el viernes. En una breve conferencia aclaró que el único acuerdo al que se llegó en la reunión que le encomendó el Presidente realizar con la representación sindical, fue sólo el de reanudar el diálogo mañana lunes. Dijo sin embargo que el gobierno ha dado “pasos muy importantes para dialogar sobre las soluciones a este conflicto” pero no dijo cuáles habían sido estos.

Después de la reunión trascendió que Esparza, se habrían alcanzado varios compromisos: uno, que le fuera otorgado la toma de nota a los integrantes de la dirigencia sindical del SME; dos, que habría trabajo nuevamente para los 16 mil electricistas que no aceptaron la liquidación y otros incentivos ofrecidos por el gobierno porbablemente bajo la figura del ‘patrón sustituto’; y, tres, la posible asociación del dirigente en una empresa de nueva creación por parte del gobierno, de servicio de electricidad a través de fibra óptica.

Sin embargo, el titular de la Secretaría del Trabajo, Javier Lozano,  al salir de la reunión con los representantes del gremio de electricistas el viernes por la tarde, lanzó, como es su costumbre, una bola de billar verbal e hizo chuza al señalar que no hubo tal compromiso sobre la toma de nota a favor de Esparza y que en ningún momento se habló de la posibilidad de una eventual contratación colectiva o de la creación de una empresa o de la figura de la sustitución patronal de 16 mil trabajadores en la Comisión Federal de Electricidad. ¿Entonces, por qué se levantó la huelga de hambre?

Dijo que mañana se analizaría la documentación que presentó el jueves el SME para revisar si se cumplió con lo establecido en los estatutos del sindicato y la ley para otorgar la toma de nota, pues cabe recordar que el 12 de julio en asamblea electoral, el SME ratificó a los miembros del Comité Central. Señaló que sólo si se llegaran a satisfacer los requisitos de ley se les da la toma de nota, como a cualquier otro sindicato.

Pero de que hubo moneda de cambio, evidentemente la hubo. De que hay la promesa de una solución negociada, también. Porque no pudo el dirigetnte, sólo con la magia de su verbo, haber concvencido a los huelguistas de que suspendieran su ayuno, sólo con simples promesas. ¿Qué les ofreció el goberno a ellos, a los 16 mil trabajadores que apoyan ese movimiento y al propio dirigente? ¿Qué hubo a cambio de qué? ¿Cuáles fueron los ofrecimientos para el trueque?

Algo debió informarles a los huelguistas su dirigente, desde el momento en que optaron por cesar su ayuno y permitir que los asistieran en el Centro Médico del Seguro Social, lo que dócilmente aceptaron todos, menos uno. De que hubo una solución negociada, la hubo. Mañana, al continuar las pláticas en una mesa de diálogo “de alto nivel”, se empezará dilucidar la verdad. Habrá que ver qué cuentas le tiene el secretario de Gobernación a su amigo y circunstancial jefe, ahora que regrese de su viaje a Uganda.

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