¿El gobierno sí está organizado?

PAULINO CÁRDENAS

Durante la tercera sesión del llamado ‘Diálogo por la Seguridad’ –que debió llamarse por la inseguridad– el presidente Felipe Calderón dijo que “si los políticos no quieren participar, buscaré a la sociedad para dar la pelea al crimen organizado”, porque “tenemos una delincuencia organizada y una sociedad desorganizada”. ¿Acaso el gobierno sí está organizado para enfrentar ese y otros muchos retos?

Es la pregunta que se hacen millones de mexicanos porque ya va para cuatro años que ha durado esa guerra contra las mafias organizadas que les declaró el mandatario panista a su llegada al poder, sin haber sometido a consenso ni consideración esa aventura a nadie, y  las cosas en lugar de registrar alguna mejora, van de mal en peor. Y de los otros problemas que padecen los mexicanos, ni hablar.

Sólo hay que ver la escandalosa cifra de víctimas mortales que a consecuencia del combate al narcocrimen dio a conocer esta semana el propio gobierno, a través del Cisen, de más de 28 mil muertos desde que comenzó el combate al crimen organizado, de diciembre de 2006 a la fecha, lo que marca todo un récord mundial difícil de superar por cualquier país que lucha contra ese flagelo.

Ni siquiera en las recientes guerras que se han dado y se siguen dando en Pakistán, Afganistán, Irán, Irak o en la Faja de Gaza, sólo por mencionar algunas, las cifras de muertos, juntas, de todos esos lugares, llegan en los últimos tres años y medios, ni con mucho, a las que de han registrado en México a causa de la narcoguerra.

En México la lucha entre los efectivos de las fuerzas federales contra los sicarios al servicio de las mafias organizadas no llega todavía –por fortuna– a la utilización de los sofisticados pertrechos que usan en esas guerras, pero los muertos que han caído al fragor de esas batallas son muchísimos más, sumados los buenos, los malos y los inocentes, estos últimos remitidos oficialmente a la fosa común en cuya lápida aparece  la leyenda en letras grandes: ‘Daños Colaterales’.

Ahora resulta que en la fracasada guerra contra los capos del narcotráfico y del crimen organizado, según Calderón sólo hay dos bandos, la delincuencia organizada y la sociedad desorganizada. ¿Y el gobierno? ¿De veras el mandatario panista cree que su gobierno está organizado o al menos preparado para enfrentar esa guerra, cuando las puras cifras de muertos desmienten cualquier lance optimista al respecto? ¿Por qué insiste en que esa aventura debe hacerla suya la sociedad?

En Estados Unidos, sólo por poner el ejemplo de un país al que el gobierno le suele poner atención en todo, ningún Presidente de aquella nación, que se sepa, ha convocado a la sociedad a que se una a las luchas que organiza la Casa Blanca y los mandos militares del Pentágono contra otros estados; tampoco en la lucha que las agencias norteamericanas llevan a cabo contra las mafias del narcotráfico en su propio territorio.

Acá, el presidente Calderón, en un foro público, simplemente le pide a la ciudadanía que se sume a la lucha contra la delincuencia organizada, sin más, y que al menos delate a sospechosos que pudieran tener vínculos con las mafias, insistiendo en que se requiere “de una información puntual, si se quiere incluso confidencial, secreta, de lo que están haciendo los criminales”.

El mandatario panista sabe que esa información la tienen las agencias de inteligencia mexicanas como el Cisen, el reciente y costoso búnker de la SSP federal y los centros que operan las secretarías de la Defensa Nacional y la Marina-Armada de México, además de las que gobernadores y hasta presidentes municipale implementan en sus respectivas entidades con recursos públicos. ¿O acaso esa valiosa información se la estarán pichicateando al Presidente?

Pero en esa tercera reunión él mismo se monta en su dicho y dice que, sí, que se ventile la posibilidad de que de legalice el uso de drogas, pero que de entrada él no está de acuerdo. Por eso millones de mexicanos se preguntan: ¿Para que sirven esas costosas reuniones si a nada se llega? Felipe Calderón sabe bien cuáles son los problemas de fondo que impiden que esa lucha avance con buenos resultados: corrupción, impunidad y lavado de dinero. ¿Entonces?

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