Preocupa en Washington narcoguerra

PAULINO CÁRDENAS

La ola de violencia en el combate al narcotráfico y el crimen organizado que sostienen las fuerzas federales en diferentes plazas de la República se ha incrementado, pero por parte de los sicarios que están a las órdenes de las mafias se ha radicalizado, lo que preocupa no sólo a las autoridades mexicanas en donde el presidente Felipe Calderón quiere que la sociedad haga suya la narcoguerra –que algunos llaman ‘narcoaventura’– que él desató, sino que también preocupa al Departamento de Estado norteamericano.

Los asesores militares del presidente Barack Obama le han hecho saber en un informe que temen que la vulnerabilidad de nuestras fronteras –refieren especialmente la del sur  colindante con Guatemala– sean puertos de entrada por donde pudieran pasar terroristas pertenecientes a grupos extremistas islámicos, para luego internarse en territorio norteamericano. No hay que olvidar que el fantasma de Osama Bin Laden y de Al Qaeda los persigue desde el 9/11.

Algunos especialistas coinciden en señalar que el narcotráfico y el terrorismo ahora trabajan de la mano. Esto tiene alarmadas a las autoridades de allá y de acá. En Los Pinos están preocupados y no es para menos. Por lo pronto Obama autorizó el envío de tropas de la Guardia Nacional a su frontera común con México, presuntamente para interrumpir el flujo de armas ilegales y de dinero que, según Washington, nutren la narcoviolencia en la zona.

En tanto el Departamento de Estado de plano dejó de ocultar su preocupación ante los últimos acontecimientos sucedidos en México en el combate al narcocrimen, al ver que esa lucha ha entrado, por parte de los sicarios, a una peligrosa etapa de incorporación de tácticas guerrilleras como el estallido de coches-bomba, el uso de lanzacohetes, además de ejecuciones, secuestros, incendios, bloqueos de calles y avenidas.

Ante la desesperada lucha que llevan a cabo las fuerzas federales contra las mafias del crimen organizado que operan en México, cuyo esfuerzo se ha tenido que multiplicar para detener su avance, EU teme que organizaciones terroristas internacionales penetren en cualquier momento a su territorio usando como puente a nuestro país, aprovechando las ‘vulnerabilidades potenciales’ en las ‘capacidades policiales’ mexicanas que ve en nuestro territorio.

Por todo ese preocupante panorama, Calderón accedió a realizar una serie de reuniones con diversos grupos sociales, dueños de medios y líderes religiosos en el Campo Marte bajo el rubro ‘Diálogo por la Seguridad’, que en teoría llevan el propósito de establecer acuerdos para hacer un frente común gobierno-sociedad y buscar esquemas que permitan detener el avance de ese flagelo.

Todos creían que el diálogo iba a ser de intercambio de ideas, hablar, opinar y escuchar propuestas, pero quienes participaron pronto se percataron que el Ejecutivo federal tiene una sola idea, que es la de imponer su criterio  –o más bien el de sus asesores de guerra– en cuanto a esa lucha. Más bien lo que busca es que la sociedad en su conjunto haga suya esa cruenta lucha en la que se metió unilateralmente desde diciembre de 2006, de la cual es evidente que ha rebasado los cálculos y pronósticos que le vendieron y que él compró.

A las Iglesias, sobre todo a la católica y romana que se rige por diposiciones del Estado Vaticano y no del Estado mexicano, pide a sus representantes que cuando lleguen al confesionario los sicarios, narcotraficantes o capos de las mafias a confiarles sus pecados y sus cuitas –que suelen acompañar con generosas limosnas–, violen el secreto confesional y los delaten de inmediato a las autoridades.

A políticos y gobernadores les dijo, a unos, que no se hagan guajes y que apuren las adecuaciones legislativas para que haya leyes más expeditas que permitan someter a los criminales al dictado de las mismas para procesarlos y sentenciarlos, y a otros, que no le saquen y que le entren al toro en la narcolucha.

A los comunes mortales les pide que denuncien a todo aquel que parezca sospechoso y le den el pitazo a las autoridades, cuando esa labor deben hacerla el Cisen, el búnker de inteligencia de la SSP federal, la Defensa, Marina y  los gobernadores y alcaldes que, entre otras cosas, en eso se gastan el dinero del erario.

Y a los dueños de medios, concesionarios de radio y televisión y periodistas les exige que no hagan ‘apología’ del delito para que no se cree la ‘percepción’ de que México está inmerso en una ola de violencia, aunque se esté viendo envuelto en un tsunami de iracunda brutalidad. En el fondo, lo que busca Calderón con ese equívoco exhorto a los medios de no hacer ‘apología’ de los acotecimientos de la narcoguerra que él desató, no es tanto la mesura, sino la censura mediática. Los medios publican hechos. Y los hechos ahí están.

Los ataques de los sicarios al servicio del narco y las mafias organizadas son cada vez más radicales, lo que tiene preocupado a Washington donde el Departamento de Estado teme que por México puedan pasar a su territorio grupos terroristas islámicos, por la ‘vulnerabilidad potencial’ de nuestras fronteras, lo que muchos interpretan como un serio reparo; todo eso tiene a Calderón y a sus asesores de guerra contra la pared y nerviosos.

Aún así, nadie cree que cambie de ‘estrategia’: La guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado seguirá su curso en los mismos términos como hasta ahora. Lo que busca más bien es repartir responsabilidades y culpas. El próximo jueves se verá si logra su propósito. Ojalá que ese ‘Diálogo por la Seguridad’ no acabe en monumental discusión.

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