Mucho festejo y los indígenas olvidados

PAULINO CÁRDENAS

Bicentenario de la Guerra de Independencia y Centenario de la Revolución, ¿qué se festeja?; ¿el despojo y contaminación de los territorios de los pueblos indígenas?, ¿festejamos por los miles de indígenas analfabetas y los cientos de niños muertos de enfermedades curables?, ¿festejamos la discriminación y el racismo contra los pueblos indígenas?

El festejo de la desmemoria parece ser la lógica de la celebración oficial, pero los pueblos indígenas, ¿qué festejan? ¿qué tienen que festejar?; ¿la marginación, la pobreza, la exclusión de que son objeto?, ¿la injusticia en sus añejos expedientes agrarios y la constante violación a sus derechos humanos?, no son pocas las voces que se preguntan si acaso tenemos algo que festejar.

Así comenzaba la convocatoria de  la XXVII Reunión Ampliada del Congreso Nacional Indígena Región Centro Pacífico en la comunidad autónoma wixárika de Uweni Muyewi (Bancos de San Hipólito), fechada el pasado 28 de marzo, en el municipio de Mezquital, Durango.

A dicho Congreso asistirían las autoridades y representantes indígenas pertenecientes a los pueblos wixárika, cora, odam, coca, nahua, purhépecha, triqui, ñahñu, tzotzil y mixteco de los estados de Durango, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Distrito Federal, San Luis Potosí, Chiapas, Puebla, Guerrero y Tlaxcala. El texto también señalaba:

Hoy la situación de los pueblos indígenas es similar a la de hace 100 y 200 años, aún hoy son excluidos de derechos básicos como el acceso a servicios de salud, de educación y de trabajo digno. Los festejos oficiales celebran la colonialidad impuesta a los indígenas, es decir, asistimos a una celebración de la patria mestiza que reniega de sus raíces indígenas.

Y se cuestionan: ¿Celebramos entonces los grandes logros de la nación mexicana? ¿Celebramos que México se sitúa entre los países con mayor índice de corrupción? ¿Celebramos que tenemos el honroso primer lugar de ser el país sin conflicto bélico que genera la mayor cantidad de muertos al día? ¿Celebramos la impunidad lacerante de los políticos?.

¿Celebramos que una de nuestras ciudades (Ciudad Juárez) es reconocida como la más violenta del mundo? ¿Celebramos la debacle económica y el creciente desempleo?, ¿celebramos la inseguridad? ¿Qué tenemos que celebrar?; tenemos una conmemoración para el olvido, que además de gastarse 2,650 millones de pesos en actos fastuosos, se da en una de las peores coyunturas que nuestra nación ha enfrentado en los últimos cincuenta años.

Añade el escrito: Hoy celebramos pomposamente la Independencia del dominio colonial, paradójicamente seguimos regidos por leyes de lógica europea, mexicanizadas sí, pero en esencia coloniales. Nuestro pensamiento científico y social sigue regido por el euro centrismo colonial que niega la existencia de pensadores y filósofos mexicanos y latinoamericanos.

Desde aquél lejano 1810 a nuestros días la pirámide social ha variado poco, “tenemos una pequeña oligarquía que controla ampliamente el espectro político, los medios de comunicación y las más grandes empresas en el país, la desigualdad económica es profunda y la inestabilidad y desesperanza son el pan de cada día de los millones de desposeídos en nuestra nación”.

Manifiesta que las comunidades indígenas que participaron en la guerra de Independencia y en la Revolución mexicana, anhelaban libertad, justicia, autonomía, respeto por sus tierras comunales y el reconocimiento de sus derechos fundamentales; “hoy estos pueblos mantienen en pie estas demandas y lo único que celebran es que continúan firmes en su lucha, fortaleciendo sus gobiernos y luchando por su autonomía, libre autodeterminación y derecho a un proyecto de desarrollo propio”.

Se destaca que a 200 años de que estallara la revolución de Independencia y a 100 años de la Revolución mexicana, “nuestros pueblos, naciones y tribus, mismos que aportaron sus vidas y su sangre para el triunfo de estas luchas, hoy, como desde hace 518 años, siguen siendo despreciados, discriminados y sin ser reconocidos en sus derechos fundamentales, es decir, somos verdaderos desconocidos en nuestras propias tierras”.

Agrega el texto de las comunidades indígenas: “Ocurriendo que las constituciones de 1824, 1857 y 1917 no sólo han desconocido la existencia de nuestros pueblos indígenas, sino que además buscaron la desaparición, exterminio, explotación y muerte de nuestros pueblos, nos preguntamos: ¿Qué tenemos que festejar?”.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.