¿Y después de tanta pompa, qué?

PAULINO CÁRDENAS

Pasada la euforia del principal festejo septembrino y el disfrute del megapuente que mucha gente aprovechó para cambiar de aires, México volverá a su cruda realidad. Después de disfrutar las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, que a todo lujo y a todo gasto nos zumbó el gobierno federal a los mexicanos para exaltar nuestra mexicanidad, vendrá la resaca para todos, en especial para las autoridades cuando tenga que revisar el pago de facturas de tan pomposa fiesta.

Pero no sólo serán facturas por los servicios prestados, sino la que empezará a reclamar la sociedad, incluida la clase política de oposición, al gobierno federal panista que encabeza Felipe Calderón, por haber autorizado tanto gasto y  preferir la majestuosidad, los fuegos artificiales y la tecnología de punta para exaltar la mexicanidad y el amor a la patria, y sobre todo la unidad –que sigue siendo tarea pendiente de la administración calderonista–, en vez de celebrar un acto conmemorativo solemne y, sobre todo, más austero.

Como espectáculo visual fue único, sin duda a la altura de los reconocidos carnavales de Río, todo lo cual fueron horas de embrujo que satisfizo, sí, a muchos. Pero también muchos mexicanos se han estado preguntando si acaso no debió ser la del Bicentenario de la Independencia –y aún falta la del Centenario de la Revolución en noviembre–, una celebración menos ostentosa y acorde, como diría don Benito Juárez, con la medianía de las circunstancias de pobreza que actualmente viven de familias en el país.

¿Para eso sí hay dinero? ¿Qué lectura hay que darle a esa ostentosa festividad? ¿Por qué apelar a un improvisado y efímero altar a los próceres de la gesta independentista de manera tan grandilocuente? El mismo Benémerito de las Américas señaló: “Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro”.

Curiosa también la idea de erigir, igual de modo efímero, en medio de la Plaza de la  Constitución, un coloso informe y blancuzco, cuasi fantasmal en medio de la oscuridad de la noche,  que sugiere traer en la mano el mango de un machete trunco. Ahí mismo, la noche del 15, en el zócalo capitalino se decía si acaso no era la esfinge del ‘Coloso de Atenco”. ¿A dónde irá a parar?

Después del ‘Grito’ siguió la fiesta, el colorido desfile con la alegoría de la mexicanidad, que había comenzado de hecho desde la misma tarde. Horas más tarde, pasada las siete de la mañana ya de día 16, el ‘otro grito’, el original y verdadero dicen los historiadores, efectuado en Dolores Hidalgo, Guanajuato, cuna de la Independencia.

La parroquia de ese pintoresco sitio fue convertido literalmete en un búnker de seguridad. No era para menos. Las cosas no están como para no tomar todas las precauciones habidas y por haber para cuidar al jefe del Ejecutivo.

De vuelta en la capital el país, en el monumento a la Independencia, ayer al filo de las diez de la mañana, el presidente Calderón, durante su discurso alusivo al Bicentenario de esa gesta histórica, aceptó la propuesta de diálogo lanzada por los líderes de las cámaras de Senadores, Manlio Fabio Beltrones, y de Diputados, Jorge Carlos Ramírez Marín. El día que se dé ese diálogo, ahí comenzarán los reclamos.

Más tarde, dio inicio el desfile del 16 de septiembre al que asistieron representaciones de institutos armados de otras naciones. Al paso de las tropas del  Ejército Mexicano, la Marina-Armada de México y la Fuerza Aérea recibieron el reconocimiento del púlico que asitió a la parada militar en la ciudad de México. La novedad fue que también estuvo representada la Policía Federal.

Las Armadas en su conjunto han sido tradicionalmente las Fuerzas de seguridad más capacitadas y profesionales del país, que desde hace casi cuatro años han sido sacadas a las calles para hacer frente a las mafias que promueven la infiltración criminal. Uno de los retos es que el narco no vulnere con éxito esas instituciones tan respetadas por los mexicanos.

Pero después de toda esa regia fiesta de Independencia habrá que despertar del sueño y volver a enfrentar la cruda realidad.

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