¿Estará en sus cabales Calderón?

PAULINO CÁRDENAS

Ahora resulta que, como si fuera un dictadorzuelo intolerante y no un presidente democrático como se ostenta, Felipe Calderón cuestiona, reprueba e insulta a los 15 millones de mexicanos que prefirieron votar por Andrés Manuel López Obrador y no por él en el 2006, llamándolos ‘fanáticos’ y volviendo a señalar a éste como ‘un peligro para México,’ cuando para millones de familias, decepcionadas por las fracasadas políticas públicas del gobierno panista y las promesas incuplidas, consideran que el peligro para México es otro.

Por lo pronto, dicen sus allegados, el tabasqueño prefirió ‘batear’ al Presidente y no gastar su pólvora en infiernitos y mejor guardar sus municiones para la guerra que viene en el 2011 y sobre todo el 2012. Optó, se comenta, por ver hacia adelante y preparar sus pertrechos para enfrentar con todo a dos duplas –la del PAN-PRD y  la de Salinas-Peña Nieto–, y no a quien ya va de salida y empieza a dar patadas de ahogado ante el panorama que se avizora en el horizonte, nada halagüeño para el mandatario panista y su gobierno.

¿Qué pretende el Presidente? se preguntan no sólo sus adversarios políticos sino incluso muchos miembros de su propio partido. Hay la seria preocupación por ese extraño comportamiento que ha tenido el jefe del Ejecutivo a últimas fechas, quien parece ser adicto a ‘agitar el avispero’ sin medir las consecuencias y alcances de sus palabras, que no es simple verborrea, sino que llevan implícitas intenciones de provocación abierta.

Está visto que desde que inició su gestión en diciembre de 2006, ha preferido el camino del autoritarismo y tomar decisiones sin consultarle a nadie, como fue la declaración de guerra que le lanzó a las mafias del narcotráfico que hoy por hoy es una lucha que ha rebasado al gobierno que encabeza y que ha puesto en pie de lucha permanente a las Fuerzas Armadas habilitadas como policías perseguidores de la delincuencia organizada, cuando ese no es su papel.

En los propios corrillos de Los Pinos y de Palacio Nacional se cuestiona si el michoacano no ha empezado a perder la ecuanimidad, ya que de un tiempo para acá parece ‘chivo en cristalería’ por su incontinencia verbal, parecida a la que distinguió a su antecesor. En lugar de propiciar la unidad a la que insta y convoca a cada rato, parece estar dispuesto a ser el incendiario político número uno del país, cuando debería obrar con toda la prudencia, serenidad y juicio, como le demanda el cargo que ostenta.

Pero al parecer prefiere propiciar una batalla campal, pero de todos en su contra. Aún sus propios correligionarios de partido ven con extrañeza su actitud retadora, provocadora y beligerante, sin que haya causa o razón para ello. Quizá esa actitud sea por el despecho y certeza que debe tener, de que su partido –que él mismo se ha encargado de manejar personalmente desde Los Pinos– ve cada día más lejana la posibilidad real de alcanzar el triunfo en el 2012.

Sus declaraciones últimas, en las que también arremetió contra el PRI, parecen ser parte de una estrategia –¿?–  si no perversa, sí malévola e incluso incendiaria, si se considera cómo están las cosas en el país en el que priva el más alto índice de inseguridad de su historia moderna, con las mafias desatadas e incontrolables y dispuestas a todo para enfrentar al gobierno que las acosan, y con una economía deprimida y en declive, coctel que ha creado un negativo ambiente de incertidumbre y malestar en la población en todo el territorio nacional.

Su antecesor, en las postrimerías de su sexenio no sólo acabó igual que el peor de sus antecesores acusado de abuso de poder y de haberse enriquecido a costillas del erario y cuestionado por haber compartido las decisiones del poder con su ‘pareja presidencial’, sino también porque el Vaticano, a través de un reporte médico, dio a conocer que el guanjuatense no estaba en plenitu de sus facultades ¡y así gobernó México seis años!.

Bueno sería –empiezan a decir muchos– que a su sucesor lo pasaran por un filtro similar porque, aparentemente de la nada, le está apostando al pleito ranchero, como si se le hubiese detenido el reloj o viviera pasajes en retrospectiva creyendo que el ayer es hoy. Esto, lejos de propiciar la ‘unidad’ puede desembocar en odios que parecían superados. Por ello, la pregunta que empieza a recorrer el país es: ¿Estará en sus cabales Calderón?

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