Calderón habla de tolerancia

PAULINO CÁRDENAS

En los tiempos actuales el signo distintivo del gobierno ha sido la incongruencia. Un ejemplo es que el presidente Felipe Calderón pregona, sin predicar con el ejemplo, la importancia del valor de la tolerancia y de la pluralidad política de México manifestando su rechazo a los odios, a unos cuantos días de haber dicho que su rival de contienda electoral en el 2006, Andrés Manuel López Obrador, sigue siendo ‘un peligro para México’ y tildar a sus seguidores de ‘fanáticos’.

El mandatario panista inauguró el lunes el museo Memoria y Tolerancia en el Centro Histórico de la ciudad de México en presencia de víctimas del Holocausto y de las guerras que se han dado en el mundo, cuyos estragos se muestran en ese lugar. “No podemos más que celebrar la magnífica pluralidad que tenemos en México y preservarla precisamente a través de los valores que aquí en el museo se divulgan”, dijo.

Y añadió: “Se pueden tener diferencias, discrepancias, divergencias, pero nunca hacerlas desde una perspectiva del odio. Nunca desde una perspectiva que implique la eliminación de quien piense diferente”. Y dijo más: “La diversidad étnica, religiosa, cultural y política que tanto enriquece a nuestro país, lejos de ser un lastre para nuestra convivencia es un auténtico motivo de orgullo nacional y de avance de nuestra sociedad”.

Agregó: “La tolerancia no es sólo una idea noble, una idea buena, sino que también implica un compromiso diario u cotidiano de inclusión y de confrontación con los prejuicios. Darle viabilidad al ser humano sólo podrá ser posible cuando construyamos civilizaciones, todos, en donde nadie sea perseguido ni por sus ideas, sus creencias, ni por su raza”.  ¿De veras?.

Copia de este discurso se lo debería enviar Presidencia a gentes como el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, también panista, y  a clérigos como los cardenales Juan Sandoval Iñiguez, Norberto Rivera Carrera y  el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, entre otros religiosos que no toleran a los gays y lesbianas.

Y el mismo jefe del Ejecutivo habría de reflexionar sobre el fondo del discurso que leyó el lunes en el museo Memoria y Tolerancia en el Centro Histórico de la ciudad de México.

Sobre todo en la parte donde señala que los ejemplos que se muestran en el museo son una señal de alerta sobre “las terribles consecuencias que tienen las actitudes de discriminación, segregación, marginación social; los terribles efectos que puede tener, precisamente, la incubación de odio e intolerancia que desencadena a su vez mayor intolerancia, mayor odio y violencia” (…) “Una sociedad saludable, armónica, debe tener en consecuencia la actitud opuesta”.

Porque respecto a lo que dijo en una entrevista radiofónica con Salvador Camarena la semana pasada y que le ha motivado severas críticas de la clase política dela oposición sobre todo por parte de los seguidores del tabasqueño, Calderón se ha defendido diciendo,  como si fuera aprendiz político, que está en su derecho de manifestar sus puntos de vista y opinar libremente como cualquier ciudadano; sí, pero parece ignorar que no es lo mismo que cualquier ciudadano diga misa, a que la oficie el Papa.

Una encuesta de María de las Heras indica que 55% de los mexicanos no considera a AMLO un peligro para México; otra, realizada en internet, señala que López Obrador arrasaría en votos respecto al resto de las personalidades políticas, entre ellas Marcelo Ebrard y Enrique Peña Nieto, si las votaciones fueran hoy.

Y los ‘fanáticos’ seguidores del tabasqueño como les llamó el mandatario panista, cada vez que son convocados por su líder, al escuchar el nombre de Felipe Calderón le recetan a éste sonoras rechiflas con el típico y ofensivo silbido que más le puede a los mexicanos. Como sea, lo cierto es que el signo distintivo del gobierno panista federal sigue siendo la incongruencia. Y quien lo encabeza habla de tolerancia, cuando no predica con el ejemplo.

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