¿Buena prensa y buen gobierno?

PAULINO CÁRDENAS

Mérida fue sede de la 66a. Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa en la que se abordaron diversos temas sobre los medios. En ese foro el presidente Felipe Calderón afirmó que la principal amenaza a la libertad de expresión es el crimen organizado y que desde su gobierno hay respeto a lo que publican los medios.

Señaló: “En esta administración no hay y no habrá nunca mordazas ni censura al quehacer periodístico”. Recordó que la libertad de prensa no es una concesión sino un derecho inalienable. Lamentó asímismo los asesinatos de periodistas en el cumplimiento de su deber.

El Presidente fue a decir en Mérida lo políticamente correcto. Dijo cosas veredes que son obvias. Pero no se atrevió ni por asomo a reflexionar si la comunicación incomunica por quedar bien con el gobierno por ser proveedor de concesiones. En todo caso no le tocaba discurrir en torno a esos peliagudos temas, dirían sus asesores.

Calderón es un preocupado por las percepciones. Para él es más importante lo que se cree que lo que es en la vida real. De ahí que en más de una ocasión ha pretendido reprender a los medios para que se ajusten a una realidad que no existe, con tal de que la percepción sea como la que él considera.

Esto ha sido recurrente en el tema de la guerra que su gobierno emprendió contra el narcotráfico. Le perturba que los medios digan lo que es, lo que se ve todos los días. Pero las cámaras de los reporteros gráficos y de los noticiarios captan lo que ven, lo que está enfrente. La realidad es percibida como un bien cuando las cosas marchan bien. Pero si las cosas no están bien ¿qué clase de percepción se espera?.

La realidad no es algo que se construya porque una nota periodística lo diga o lo deje de decir. Y en ese contexto no debe perderse de vista la naturaleza humana. La gente, en referencia por ejemplo al crimen organizado, reacciona por lo que ve en su entorno, por el temor de las balas, de los granadazos, por los ejecutados, por los enterrados vivos, de lo que suelen dar cuenta la televisión, la radio y los periódicos.

Lo que señaló el mandatario panista en la asamblea de la SIP de que  “cada palabra que se silencia es una razón más para combatir a los criminales”, es relativo. El hecho de que los medios acaben optando por la autocensura no es causa ni justificación; es un instinto de conservación porque el gobierno al final de la película no hace su tarea, porque por colusiones ha quedado anulado por el narco para hacer valer su autoridad.

Resulta ocioso decir que ahora sí hay respeto a lo que se dice se escribe o se habla en los medios, tratando de ser taquillero. Él mismo lo dijo: es un derecho inalienable. No es, pues, graciosa concesión declarar que en su gobierno no hay mordazas ni censuras.

Más bien debería aplicarse para que haya un buen gobierno que atienda no sólo la guerra que le declaró al crimen organizado desde diciembre de 2006 cuando asumió al cargo de Presidente, sino asuntos que agobian a los mexicanos como el económico y las imparables alzas de las gasolinas que incrementan la galopante carestía.

Antes, y ahora, la relación poder-medios ha sido la misma en términos relativos y absolutos. Los medios de comunicación en sí son buenos. Lo malo es el uso interesado e irresponsable que se les da, la manipulación, la desviación, los enfoques insidiosos, la concentración el monopolio, y los intereses que están atrás y que dictan el criterio editorial.

¿Y quién dicta el criterio? Véase el caso de Iniciativa México como ejemplo para, entre gobierno y medios, hacer creer que el país está lleno de maravillas que ahí están, desperdigadas y que sólo hay que juntarlas y darlas a conocer y premialrlas en fastuosas y coloridas fiestas, cuando la realidad en muchas latitudes del territorio nacional es otra, muy diferente, lacerante,  de olvido y de miseria.

Con honrosas y contadas excepciones, los medios se han concentrado de manera alarmante, en respuesta a los intereses del dinero y del poder. Hay ejemplos vergonzantes que están a la vista. Y el gobierno apapacha a los que están con él para hacer creer que hay buena prensa y buen gobierno.

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