Resistencia a la militarización

PAULINO CÁRDENAS

Algo está sucediendo en los niveles de alta decisión del país que el común de la gente en México no acaba de entender. Pocos son los que se percatan de que la actual administración que encabeza Felipe Calderón está llevando al país a convertirlo en un Estado militarizado. ¿Cuál es el propósito? ¿A dónde se le quiere llevar a los mexicanos? Por fortuna, parece haber, dentro de las propias filas de las Fuerzas Armadas, resistencia a que así suceda.

Muchos mexicanos se empiezan a preguntar con repecto a esa militarización: ¿Para qué ese maquiavélico juego de nunca acabar? ¿Por qué la insistencia de sostener una guerra que el gobierno cree que va ganando? Por ello, para los observadores externos, México es un Estado que se ha ido militarizando sacando a los soldados a las calles y ven con suspicacia el evidente propósito de hacerlo en todos los estados de la República.

No obstante, se sabe que en el seno de las Fuerzas Armadas de México no todos los generales están de acuerdo en que México se esté militarizando. Incluso se habla de que ha habido muchas deserciones en el Ejército –se habla de unos 100 mil en lo que va de los dos sexenios panistas–, muchos de los cuáles habrían tomado camino a los bandos del narcotráfico y del crimen organizado.

Por lo pronto, próximo sábado 20 de noviembre, habrá dos desfiles en la capital del país. Uno, con motivo del Centenario de la Revolución Mexicana y donde participa el Ejército Nacional. El otro, el tradicional organizado por el gobierno del Distrito Federal que incluye una muestra deportiva que partirá del Angel de la Independencia y culminará en el Monumento a la Revolución.

Es cierto que el gobierno federal quiere aprovechar el respeto y la simpatía que los mexicanos en su abrumadora mayoría le tienen a la Fuerzas Armadas militares. Por ello, con el pretexto de los 100 años de la Revolución, hará suyo el Zócalo de la ciudad de México y sus inmediaciones, en donde se montará un show similar al de septiembre pasado.

Habrá –oootra vez–, todo un espectáculo en donde será montadas –como en las recientes y fastuosas fiestas del Bicentenario de la Independencia de hace dos meses–, las vías de un ferrocarril por donde pasará una locomotora de vapor construida en la Industria Militar, similar a las que corrían por tierras mexicanas en 1910.

La gente, sobre todo los más de 50 millones que están en términos de pobreza vergozante, lo que quisieran es que ver que ese dinero que se dilapida en fiestas fatuas dizque conmemorativas, se utilizara en paliar un poco su circunstancia. Otro gran número de mexicanos quisiera que el gobierno le pusiera el mismo énfasis al repunte de la economía familiar en términos reales y no discursivos.

Las preguntas que van y vienen son: ¿Cuánto ha costado el combate al narcotráfico? ¿De veras se ha ganado algo en virtud de lo que se ve todos los días? ¿Cuánto vale el circo que se le da a la gente tratando de congraciarse con ella con ‘puentes’ y más ‘puentes’ uno tras otro cuando la productividad en el país anda por los suelos? ¿Cuánto cuestan las fiestas de una Revolución que ni siquiera va con el modo de pensar del PAN-gobierno?

El desfile del 20 de noviembre próximo, que tradicionalmente era deportivo y que con ese carácter lo organizará el gobierno del Distrito Federal, ahora el gobierno federal le buscará robar cámara organizando el propio, el militar. Además del motivo de rivalidad política, será ocasión para más discursos sobre la narcoguerra y el combate al crimen organizado.

Habrá más de lo mismo. Más de lo que ya millones de mexicanos están hasta el gorro. Además del espectáculo propio para la televisión, se escuchará  la misma historia: Que el combate al narcotráfico y la lucha contra el crimen organizado es para darle seguridad a los mexicanos. ¿De veras? ¿Y lo demás? ¿Lo que urge atender para millones de familias mexicanas a qué hora? ¿Eso no le preocupa al gobierno panista?

 

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