Lo bueno es que falta menos

PAULINO CÁRDENAS

Inició la cuenta regresiva de la actual administración. A partir de ahora los mexicanos habrán de hacer una serie de evaluaciones del segundo gobierno panista que, como el primero con Vicente Fox, se ha distinguido por una conducción errática e irregular donde las expectativas de cambio sucumbieron. En diez años cumplidos de panismo la síntesis es lapidaria: El país simplemente se ha estancado.

La criminalidad en este sexenio ha sido el problema mayúsculo. Las cifras de muertos por la necia lucha contra el narcotráfico de sólo usar la violencia contra la violencia, ha dejado un saldo de mexicanos muertos impresionante, más de 33 mil, a causa de las refriegas de las fuerzas gubernamentales armadas contra los ejércitos de las mafias, que sin miramiento alguno se dan en las calles de muchas ciudades en donde priva un aunténtico ambiente de guerra.

Por ser esa guerra prioridad de su gobierno, gran parte de los recursos que debieron destinarse para paliar los rezagos de la economía, la creación de empleos, la pobreza, la miseria y el estancaiento del desarrollo del país,  han ido a parar a la militarización del país y a edificar un nuevo y costoso ‘búnker’ de ‘inteligencia’ -además de los que ya existen- que al final de nada ha servido para detener el avance de las mafias organizadas que han sentado sus reales en diferentes entidades del país.

En sus discursos y entrevistas con los medios para hablar de sus cuatro años de gobierno, Calderón se refiere a otro México sin reconocer que el país está pasando por una de sus crisis más difíciles de su historia contemporánea. Igual que Vicente Fox, se la pasa hablando de expectativas por hacer en lo que resta de su gobierno, y para justificar lo no ha hecho acude al expediente de echarle la culpa al priísmo, cuando ya van diez años de gobiernos panistas.

En los últimos días el jefe del Ejecutivo se la ha pasado machacando lo relativo a los “logros” de su gobierno que los mexicanos no han visto por ningún lado. Si en algún momento de su administración se creyó que tendría la capacidad negociadora con la oposición por su experiencia legislativa, los acuerdos que ha logrado su partido en el Congreso para alcanzar reformas han sido tan pobres que de hecho ni siquiera han sido cabalmente implementadas.

Pese a sus afirmaciones en sentido contrario, el compromiso de Calderón con el imperio de la ley ha tenido más bien límites. No ha querido ir a fondo en asuntos de lesa humanidad como la violación de los derechos humanos que le reclaman los deudos de quienes han sido víctimas de los ‘daños colaterales’ a manos de militares producto de la guerra contra el narcotráfico. Tampoco en casos como la desventura de los niños quemados de la guardería ABC por sólo mencionar un par de ejemplos.

Al partido que le allanó el camino para hacer la protesta de ley en el Congreso el 1 de diciembre de 2006, hoy lo ha convertido en su peor enemigo. En cada discurso o entrevista se le va a la yugular al priísmo. Frente a la irrebatible incapacidad de su gobierno para sacar al país adelante, todo lo malo se lo quiere achacar al PRI, perdiendo de vista que el PAN lleva ya diez años en el poder federal.

Y desde el domingo parece haber metido al closet el traje de Presidente de México para sacar y ponerse el de presidente de su partido con el que, en lo que resta de su administración andará del tingo al tango por todo el país, haciéndole el caldo gordo a un PAN venido a menos, por lo que ha tenido que ocurrir a hacer alianzas ‘antinatura’ para tratar de subsistir. Y como van las cosas, sin duda los conflictos entre el partido gobernante y la oposición se ahondarán, por lo que habrá una señalada parálisis legislativa.

Al concluir pues, cuatro años de gobierno calderonista, la gente se pregunta: ¿Avanzó la economía? ¿Se incrementó el poder de compra de la sociedad? ¿Se combatió la corrupción? ¿Acabó la impunidad? ¿Disminuyó la inseguridad? ¿Cesaron los baños de sangre? ¿Se siente mejor la población ahora que cuando inició el sexenio? Las respuestas son obvias. Por ello, la expresión que más se escucha en todo el país es: Lo bueno es que falta menos.

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