“Wikigate” causa enojo y temor

PAULINO CÁRDENAS

Las  revelaciones de WikiLeaks han puesto contra la pared a una veintena de  gobiernos incluido el de México, a los que les están sacando sus trapitos al sol con el fisgoneo que los integrantes del cuerpo diplomático de Estados Unidos acreditado en el mundo deben reportarle a su jefa, la secretaria de Estado norteamericano Hillary Clinton, en una práctica que ha sido sistemática por parte del gobierno de Washington.

El objetivo del Big Brother norteamericano es saber lo que piensan, dicen y hacen los niveles de decisión de países ‘amigos’ y los no tan amigos, tarea que incluye espiar a instancias civiles y militares y sus áreas de inteligencia para que la Casa Blanca tenga información privilegiada que luego pueda usar a favor de sus intereses o en contra de las naciones que no se pliegan a sus dictados con miras a subordinarlas a su poderío económico o militar.

La otra gran razón es el de saber si en algún país amigo o enemigo se pudieran estar gestando acciones por parte de grupos exremistas para atentar contra la Unión Americana, como sucedió con los ataques a las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York  aquel 11 de septiembre de 2001, evento del que todavía hay muchas dudas si fue un complot  contra Estados Unidos llevado a cabo por intereses exógenos o endógenos.

De ahí el fisgoneo de Washington que a través del sitio WikiLeaks se ha puesto al descubierto, lo que ha incomodado al Departamento de Estado norteamericano pero más a los gobiernos de los países balconeados por las filtraciones que el autor de esa web, Julian Assange, envió a cinco influyentes medios escritos del mundo, uno de ellos El País de España, que ha venido dando cuenta de los rubros en los que más interés tiene la Casa Blanca de conocer de algunos países.

Así, el Departamento de Estado, por instrucciones de la señora Clinton, y por supuesto con la anuencia de su jefe el presidente Barack Obama, busca estar enterado de las  cuitas de los funcionarios más relevantes de otras naciones, de sus descoordinaciones, errores estratégicos y puntos débiles e incluso hasta del estado de salud mental de sus mandatarios, como es el caso de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández ahora viuda de Kirchner.

En términos similares está el mandatario mexicano Felipe Calderón, de quien la influyente funcionaria de la Casa Blanca también quiere saber “qué tipo de gobernante es” y de qué manera le habrían afectado ‘en su personalidad’ los descalabros de su gobierno tanto por los desatinos de la guerra contra el narcotráfico, la crisis económica y la estrepitosa caída de su partido en las elecciones intermedias del 2009.

Por lo pronto, de las primeras fichas reveladas por El País sobre el gobierno mexicano, en las que se ha puesto en evidencia de cara a la nación al mandatario panista, el embajador norteamerciano Carlos Pascual en uno de los cables que envió a su jefa, tacha de incapaces a las fuerzas gubernamentales militares y civiles, específicamente al Ejército y las Fuerzas Especiales de la SSP federal acusando a sus mandos  -el general Guillermo Galván y Genaro García Luna- de inepto a uno y de perdedor al otro, y en cambio ensalza la tarea de una escuadrilla de élite de la Marina-Armada de México que fue entrenada en Estados Unidos aparentemente sin el conocimiento del Congreso.

Se da por hecho que las revelaciones promovidas por Julian Assange acabarán de restarle credibilidad a los funcionarios mexicanos, empezando por la cúpula del gobierno federal, básicamente por ocultarle a la sociedad cosas importantes y delicadas y por andar con mentiras o maquillando la realidad del país, filtraciones que, quiérase o no, le pegarán tarde o temprano a las relaciones de ambos países.

Y las que faltan por publicarse en el curso de los días, semanas y meses que vienen, ante la proximidad de los comicios del 2011 y la elección presidencial del 2012, podrían modificar los momios de los candidatos respecto de las preferencias ciudadanas, cuya decisión final habrá de reflejarse en las urnas. Por lo pronto las filtraciones del  chismorreo del ‘wikigate’, aunque quieran minimizarse o decir que sólo son ‘textos sin contexto’, darán mucha tela de dónde cortar a los críticos del gobierno federal panista.

 

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