Reyerta entre medios y gobierno

PAULINO CÁRDENAS

Ha llamado la atención que al dar comienzo el quinto año de gobierno panista que encabeza Felipe Calderón, se haya suscitado una reyerta mediática entre Televisa y Proceso a causa de una declaración hecha por un delincuente, ‘testigo colaborador’ detenido hace no mucho apodado ‘El Grande’, quien acusa al reconocido periodista Ricardo Ravelo e incluso a la publicación en la que colabora, de recibir dinero del narco.

La verdadera razón y el trasfondo real parece estar en la insistencia de la revista de hacer públicas los asuntos del narcotráfico y la forma como ha ido penetrando en la vida de México, tema que ha sido alentado durante todo el sexenio por el propio gobierno y que periodísticamente no puede ser soslayado ya que esa lucha armada ha sido pilar de la política gubernamental. De hecho ahí está centrado gran parte del debate público. Y Proceso ha hecho suyo el tema.

Sin embargo, es la manera como trata la publicación los temas sobre el narcotráfico y sus vínculos lo que al gobierno le incomoda y lo perturba sobremanera, porque en algunos artículos ha sugerido la existencia de hilos conductores entre algunos personajes de las mafias y gente del propio gobierno. Por ello tanto el reportero como la revista rechazan las imputaciones que hace el delincuente, señalando que es un juego infame y sucio del gobierno a cuya maniobra se presta el llamado canal de las estrellas.

Al respecto, el director de Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda, declaró que presentará una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por los que considera ataques del gobierno federal contra la revista, vía Televisa, según lo anunció en el marco de la Feria Internacional del Libro celebrada en Guadalajara.

La realidad mexicana siempre ha tenido consecuencias en el periodismo, de hecho desde que había que armarse de valor y de osadía para informar con la verdad o de plano convertirse en prensa vendida. Los gobiernos en mayor o menor medida han gustado de hacer todo lo posible para tratar de someter a los medios y tenerlos a su servicio. La prensa seria e independiente se niega. La otra, la que gusta de entrarle al juego de los intereses, se somete y obedece.

El caso de Excélsior en 1976 es el mejor referente. Su director, don Julio Scherer García y sus editorialistas, fueron cuestionando a Luis Echeverría al comenzar su cuarto año de gobierno por las locuras que el entonces mandatario empezó a cometer. El poder se confabuló con Regino Díaz Redondo y echaron al tozudo director el 8 de julio de aquel año, quien luego fundó la revista Proceso con parte de los periodistas que lo siguieron.

Ahí también el gobierno echó mano de Televisa. Nos consta a quienes eramos parte de aquel influyente diario. La lucha por ver garantizado el derecho a la información de los medios consagrado en la Constitución ha sido larga y convulsa. Finalmente se ha hecho respetar ese derecho y esa libertad. Cierto es que no pocos medios se volvieron poder y, en algunos, éste se volvió abuso de poder.

¿A dónde quiere llegar el gobierno federal buscando un enfrentamiento entre Proceso y Televisa haciendo que un delincuente declare como lo hacía el legendario ventrílocuo don Carlos con sus títeres Neto y Titino? ¿A quién beneficia esa reyerta? Ambos medios no luchan en todo caso con las mismas armas. Ante los ojos de la opinión pública ese pleito debilitará a un medio y fortalecerá a otro. No tardará en verse.

Y quiérase o no, esa riña habrá de tener sus efectos negativos directos, indirectos y colaterales al corto y mediano plazos, justo cuando se aproximan los tiempos de elecciones. El pleito evidentemente provocado, ojo, podría motivar definiciones. Y el fuego cruzado, que sin duda seguirá, podría alcanzar al candidato de Televisa y beneficiar al que para nada quiere el gobierno ni los dueños de la propia televisora que avance. ¿Se habrá calculado esto?

 

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