En busca de los culpables

PAULINO CÁRDENAS

Pemex estaba enterado de la existencia de alrededor de 80 tomas clandestinas en el tramo donde se originó la explosión de un ducto en la zona donde sucedió la tragedia de San Martín Texmelucan que dejó alrededor de 30 muertos provocándole quemaduras y heridas a más de 50 lugareños, muchos de los cuales perdieron sus casas. Presumen las autoridades que el estallido lo pudo haber originado la ‘ordeña’ de combustible, respecto a lo cual la PGR supuestamente había iniciado una investigación desde principios de año por los robos clandestinos en Puebla y otros puntos del país, derivado de reiteradas denuncias que había hecho la disidencia sindical desde hace tiempo.

No obstante, las investigaciones podrían tomar otro curso si, como lo sugirió el director general de la parestatal, Juan José Suárez Coppel, la causa pudo haber sido un fallo material y no una perforación ilegal, lo que implicaría formular acusaciones por negligencia criminal y abrir otra línea de investigación por parte de la PGR para deslindar responsabilidades. Hasta que no esté el peritaje completo no se descarta una falla mecánica del ducto, así como la posibilidad de que se realizaba una toma clandestina, dijo el funcionario de la paraestatal en conferencia de prensa.

La PGR tiene en su poder un tramo del tubo roto probablemente por un ‘golpe de ariete’ que habría provocado la explosión, el cual se analiza entre personal de Pemex y del Instituto Politécnico Nacional. De acuerdo a fotografías, hay evidencia de que el material anticorrosivo exterior ‘fue retirado’ y que el tubo en apariencia tenía buenas condiciones. La investigación podría durar tres meses. El titular de Pemex será llamado a comparecer al Congreso para que explique las causas probables de la espantosa tragedia.

Mientras son peras o manzanas, no habría que desdeñar que la causa de la explosión puede estar focalizada en la posibilidad de un atentado, para poner a prueba y en evidencia la capacidad de respuesta del gobierno federal, hecho que habría sido realizado, si así fuese, evidentemente por manos criminales, lo que hasta ahora ha quedado en meras sospechas. Habría que recordar aquellos cuatro ataques contra tuberías de hidrocarburos en instalacines de Pemex realizados en julio de 2007 por el EPR (Ejército Popular Revolucionario), tres en Guanajuato y otro en Querétaro, lo que perturbó a las autoridades cuando ese grupo reclamaba la desaparición forzada en Oaxaca de dos de sus afiliados.

Hasta ahora ningún grupo rebelde ni ningún cártel mafioso ha reivindicado el estallido del ducto en Puebla, aunque no se ha descartado del todo esa probabilidad como otra posible línea de investigación en la que según fuentes confiables ya se estaría trabajando, obviamente en la más completa reserva. Por ahora prevalecen principalmente dos sospechas: una) que la tragedia ocurrida la madrugada del domingo en San Martín Texmelucan fue originada por el robo de combustible y, dos) que la explosión pudo haber sido originada por una negligencia humana penalmente sancionable.

Pero no se descarta una tercera y peor sospecha, que podría estar relacionada con el ambiente de violencia y derramamiento de sangre, derivado de los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales armadas y los cárteles del crimen organizado. La semana pasada ‘La Familia Michoacana’ advirtió al gobierno federal que o cesaban los hostigamientos contra este cártel antes de Navidad que se habían intensificado hace dos semanas o vendrían represalias. En los encuentros originados en Apaztingán habría muerto su líder Nazario Moreno alias ‘El Chayo’.

Por lo pronto, drama tras drama, el cierre de este 2010 sin duda hará historia en los anales criminalísticos de México. Acaso la noticia menos mala fue la liberación del ‘Jefe’ Diego por parte de un grupo rebelde –¿Tendencia Democrática Revolucionaria?–, y el rescate de otros 11 secuestrados por parte de las fuerzas gubernamentales armadas. Lo que sigue poniendo en evidencia al gobierno federal, a los estatales y municipales son otros hechos como el del caso Marisela Escobedo en Chihuahua, el estallido del coche-bomba en Nuevo León y la fuga de 151 reos en Tamaulipas, y los nueve cazadores guanajuatenses secuestrados en Zacatecas, sólo por mencionar algunos. La sumatoria es larga. Y las cifras de muertos seguirán creciendo.

 

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