En busca del ‘sueño americano’

PAULINO CÁRDENAS

Como fenómeno derivado del deterioro social y económico, el problema de los migrantes que procede del sur del país es peor que la marcha de indocumentados que va de México hacia Estados Unidos. El torrente de gente que quiere ir en busca de una vida más digna, proveniente de naciones centro y sudamericanas pobres, utiliza territorio mexicano de paso hacia el engañoso sueño americano. La causa de esa búsqueda es la misma: la miseria en la que viven, la falta de trabajo y oportunidades y la incapacidad de sus gobiernos para solucionar los problemas vitales, de elemental subsistencia.

No todos los migrantes que pasan hacia territorio mexicano logran alcanzar su propósito. Se quedan en el intento: mueren o acaban siendo víctimas de organizaciones delincuenciales, de la discriminación, las vejaciones, violaciones físicas y violación a sus derechos fundamentales, no sólo los hombres que se arriesgan sino también las mujeres y niños que deciden correr la aventura solas o acompañando a sus maridos o parejas, provocando la dolorosa segregación familiar en sus lugares de origen en donde se quedan otros de su misma sangre a la vera de las escasas o nulas oportunidades que padecen en sus respectivos países.

Muchos de ellos sufren desaparición forzada por parte de grupos delincuenciales que trabajan en colusión con autoridades, quienes telefónicamente piden rescates a los familiares de los indocumentados ya sea en Estados Unidos o en sus países de origen, amenazándolos con matarlos si no acceden a sus exigencias. Según fuentes federales ese ‘mercado’ lo tienen prácticamente en exclusiva Los Zetas, aunque hay otros cárteles dedicados a ese flagelo. Cada año, según estimaciones oficiales, cerca de 500 mil personas tratan de llegar a Estados Unidos atravesando México.

La Secretaría de Gobernación, a través del Instituto Nacional de Migración, es la instancia encargada de darle protección y un trato justo y digno a los inmigantes indocumentados que son detenidos por las autoridades respectivas por no tener documentación en regla, para después repatriarlos a sus países de origen. En el peor de los escenarios, que resulta lo más común, es que las gentes que se internan ilegalmente por la frontera sur con la intención de llegar a Estados Unidos, acaben siendo víctimas de las mafias que se dedican a las extorsiones, al tráfico de personas, a raptar jovencitas para ser prostituídas o a hombres que los obligan a meterse al negocio de las drogas.

Como se sabe, en agosto pasado en el municipio de San Fernando en el estado de Tamaulipas, se registró una masacre de 72 indocumentados, centroamericanos la mayoría, lo que puso de manifiesto una vez más que en México existe una realidad irrefutable de violencia generalizada contra decenas personas que de manera ilegal cotidianamente cruzan la frontera sur de México. El secuestro de migrantes está ‘invisibilizado’ por las autoridades migratorias mexicanas, dijo en esa ocasión Alberto Herrera Aragón, director ejecutivo de Amnistía Internacional.

Al ofrecer la conferencia “Propuesta para una política migratoria mexicana ¿Y si los 72 indocumentados hubieran sido mexicanos?”, organizada por la Universidad Iberoamericana, subrayó que los abusos masivos a los derechos humanos de los migrantes es una realidad. Sin embargo, dijo entonces, los afectados no hacen la denuncia porque se les pide que comprueben su estancia legal en México, de la cual carecen. Señaló que en el caso de los 72 migrantes asesinados en San Fernando “el problema de la impunidad es el mensaje que trae detrás, el que se envía a la sociedad”. Indicó que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos reportó que entre 2008 y 2009, dos mil 700 migrantes fueron víctimas, lo que en definitiva ese grave problema se vuelve de primera importancia.

Hace unos días se suscitó una variación sobre el mismo tema en el poblado de Chahuites, Oaxaca, en donde fueron presuntamente secuestrados alrededor de 40  centroamericanos indocumentados que habrían pasado la frontera sur para alcanzar la aventura el sueño americano cruzando como ilegales la frontera norte. Su sueño fue frustrado porque no aparecen. Se supone que un grupo armado pudo haberlos secuestrado, pero esa versión no ha sido confirmada.

La información y los datos recopilados hasta el momento no ofrecen evidencias concretas que permitan suponer que el grupo de emigrantes indocumentados acabo siendo víctima de un secuestro como alguna instancias afirman, precisa el comunicado conjunto emitido por las secretarías de Gobernación y de Relaciones Exteriores. Si embargo, existe la creencia de que los cuarenta indocumentados centroamericanos o más pudeiron ser víctimas de alguna organización delictiva que opera en el país, en colusión con autoridades mexicanas.

Hubo inmediatas quejas de los ministros del Interior de Honduras, Guatemala y El Salvador, en tanto el titular de Gobernación de México, José Francisco Blake Mora, les participó que las autoridades nacionales se han avocado a darle seguimiento puntual al caso. Señaló el funcionario que ya impartió instrucciones precisas a las diferentes dependencias del Gobierno Federal para que, en estrecha coordinación con las autoridades locales de Oaxaca, intensifiquen las acciones de búsqueda, particularmente en el lugar de los hechos sucedidos el pasado 16 de diciembre. La PGR también actúa.

Y el pasado día 21 un grupo armado perpetró otro secuestro masivo en el tramo Ixtepec-Matías Romero, en donde falleció un inmigrante salvadoreño. La denuncia la hizo Heyman Vázquez Medina, sacerdote y coordinador del albergue “Hogar de la Misericordia”. El cadáver se encontraba cerca de un puesto de control militar conocido como “Las Malvinas” y ya se hacen los trámites para repatriarlo. Un testigo que logró huir, y que se encuentra bajo protección, aseguró que cuatro hombres armados obligaron a bajar del ferrocarril a unos 170 migrantes media hora después de haber salido de Ixtepec, Oaxaca. Es pues, el cuento de nunca acabar.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.