Tucson: factores del crimen

PAULINO CÁRDENAS

Al menos tres factores se unieron en el caso del crimen multitudinario sucedido en Tucson, Arizona el pasado sábado en donde un joven de 22 años, Jared Lee Loughner, disparó de manera inmisericorde contra la congresista demócrata Gabrielle Giffords –quien se encuentra grave por una bala que le atravesó el cráneo– y varios de sus acompañantes cuando comenzaban un mitin, masacre que dejó un saldo de seis muertos, entre ellos una niña de nueve años y el juez federal John M. Roll, además de otras 14 personas heridas.

Uno habría sido que el criminal actuó desquiciado quizá harto de tanta propaganda política; otro, que las discrepancias políticas entre republicanos y demócratas desde hace tiempo están pasadas de la raya y la rivalidad se ha vuelto odio entre los bandos contrarios; y un tercer factor habría sido sin duda la libertad convertida en libertinaje en lo que respecta a la compra y posesión de armas permitida en Estados Unidos de manera irrestricta, lo que convierte a cualquier exaltado norteamericano en potencial amenaza pública.

Alan Lipman, especialista en enfermedades psiquiátricas, determinó que el presunto tirador de la masacre de Tucson, tiene un desorden psicótico, según una entrevista con CNN. No cree que el móvil del crimen haya sido político, ya que el asesino “es  delirante, desorganizado y trastornado que, claramente según las evidencias ubicuas en Internet, sufre de un desorden psiquiátrico, muy probablemente de esquizofrenia paranoide”.

Otro factor que pudo incidir en el crimen múltiple es la rivalidad extrema a la que han llegado los protagonistas de los partidos Repúblicano y Demócrata en Estados Unidos, las cuales quedaron evidenciadas en la web de la representante republicana Sarah Palin, quien es partidaria del llamado Tea Party, de donde han surgido voces cuestionando la labor que realizan los demócratas como al congresista Gabrielle Giffords que fue gravemente herida en el atentado y quien venía defendiendo, entre otras causas, la de los migrantes indocumentados radicados en Arizona.

La ex candidata a la vicepresidencia y ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, está en la mira de los críticos quienes le reprueban su lenguaje “militarista” lleno de referencias armadas. Un mapa del país en el que el Comité Político de Palin identificó con mirillas telescópicas a 20 representantes demócratas a quien había que derrotar en las elecciones de noviembre pasado, ha sido retirado de su sitio web, mientras que en su página de Facebook, Palin ofrece condolencias a Giffords y las víctimas del ataque.

“No tenemos nada que ver con esto (la masacre). Nosotros nunca jamás quisimos que se interpretaran como mirillas de rifle. Eran simplemente marcas de topógrafo, como las que aparecen en los mapas”, aseguró en una entrevista radial este lunes, Rebecca Mansour, una de las asistentes de la ex gobernadora.

Sin embargo, muchos destacan las expresiones usadas por Palin como cuando mandó a los conservadores que perdieron en las parlamentarias a ” no retirarse, sino a recargar”, en un juego de palabras que pareció ingenioso a los amantes de las armas, que tienen en la republicana a una de sus más notables aliadas.

Pero la causa de origen está en lo que la Suprema Corte de Justicia declaró apenas el lunes 28 de junio de 2010, de que el control de armas en Estados Unidos es inconstitucional. Así de sencillo. Cualquier ley que prohíba la compra o la posesión de armas choca frontalmente con la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense —introducida en 1791—, que literalmente dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

Ese fallo protege el derecho individual de los ciudadanos norteamericanos frente a su Gobierno local o estatal para portar armas, señaló entonces una nota del periódico El País, que de paso dio dos datos contundentes: Uno) Ochenta personas mueren cada día en EU por armas de fuego, cerca de 30 mil al año. El 34% de las muertes son homicidios —la mayoría de los casos son suicidios o accidentes.

Dos) Noventa millones de estadounidenses –sobre una población de 310 millones– poseen un total de 200 millones de armas, lo que convierte al país en la nación del mundo con mayor índice de armas en manos de civiles. El 40% de los hogares norteamericanos posee, al menos, un arma de fuego. El fenómeno, pues, está plenamente aceptado por la población que lo asocia al carácter individualista de la nación. ¿Luego entonces?

 

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