El capo más consentido

PAULINO CÁRDENAS

Las reiteradas advertencias del presidente Felipe Calderón de que no habrá tregua por parte de su gobierno contra las mafias del crimen organizado, no han hecho mella entre los capos que han mandado a sus sicarios a no arredrarse en los cotidianos combates callejeros ante las Fuerzas Armadas que integran efectivos del Ejército, la Marina o los Fuerzas Especiales de Seguridad Pública federal. Estas han golpeado a varios cárteles, sí, menos a uno. O mucho menos.

Se habla de que las fuerzas gubernamentales no han podido romper los escudos de seguridad del más nombrado de los capos que acaba de cumplir diez años de gozar su libertad luego de su fuga del penal de ‘alta seguridad’ de Puerta Grande, Joaquín ‘el Chapo Guzmán’. Dicen que ello es parte de la ‘estrategia’ contra el crimen organizado, de primero ir mermando y descabezando los cárteles menos poderosos, para luego ir con todo contra el que ya algunos llaman ‘el capo más consentido’.

Pero en su libro ‘Los Señores del narco’ de editorial Grijalbo, Anabel Hernández señala cosas distintas. Escribe que desde el inicio de su gobierno, la estrategia de Calderón contra los capos fue diseñada para favorecer a El Chapo Guzmán y a sus principales socios: El Mayo Zambada, Ignacio Coronel Villarreal y Juan José Esparragoza Moreno.

Señala que hay evidencia documental de que la guerra de Felipe Calderón ha sido dirigida no contra los “narcotraficantes” en general, sino contra los “narcotraficantes que son enemigos de ‘El Chapo’ o que representan un riesgo para su liderazgo en el jugoso negocio”. Desde 2007, comenta la periodista, su gobierno tenía información precisa sobre los domicilios de los principales narcotraficantes de México y sus familiares.

Asegura en su libro que al ‘general X’ –después trascendió que este general es Arturo Acosta Chaparro– el entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño, le había encomendado buscar un pacto con los capos para atenuar la violencia asociada al narcotráfico. Cuando contactó al capo sinaloense, éste le aseguró al enviado, entre otras muchas cosas, que todas las “plazas” de México, es decir, los estados donde opera el crimen organizado, “están vendidas”.

Lo peor, apunta la periodista en su libro, es que algunos funcionarios del gobierno federal y de algunos gobiernos locales “las han vendido en más de una ocasión a diferentes grupos, provocando un caos dentro de las organizaciones criminales”.

Incluso en uno de los cables secretos de WikiLeaks hechos públicos por The New York Times, se señala que el general Guillermo Galván, secretario de la Defensa de México, le habría dado a entender al entonces director de inteligencia nacional de Estados Unidos, Dennis Blair, que atrapar al Chapo Guzmán era muy difícil.

Señaló el más alto mando del Ejército, según ese cable, que cada vez que las autoridades mexicanas intentan la captura del jefe narcotraficante sinaloense, éste la elude “porque tiene entre 10 y 15 lugares donde esconderse, además de tener un cuerpo de seguridad de unos 300 hombres”. ¿Y la dizque inteligencia del nuevo Centro que está bajo la jurisdicción de la SSP federal?

Como se le vea, las dispensas son mucho más evidentes a favor del cártel de Sinaloa que de los que le disputan territorio. A decir de muchos, estudiosos y no del tema de la guerra contra los capos del crimenr organizado y de la droga, que el gobierno federal es al cártel al que le tiene mayores consideraciones. Es la percepción.

Por lo pronto y a propósito de cómo andan las cosas en Guerrero en vísperas de elecciones, a principios de mayo del 2009 el comandante ‘Ramiro’, integrante del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente, ERPI, acusó al gobernador Zeferino Torreblanca de proteger al ‘Chapo’ Guzmán y a Rogaciano Alba, como “los principales responsables de la violencia en gran parte del estado”.

Al hablar con los medios en la sierra guerrerense, afirmó que “los narcos participan en las reuniones que lleva a cabo el Ejército y el gobierno del estado, golpean a un cártel y protegen a otro; pero en esencia son iguales, porque asesinan, secuestran y torturan”. El rebelde afirmó que los sicarios del cártel del capo sinaloense trabaja para el gobierno estatal: “Le están haciendo el trabajo sucio”, aseguró.

¿Tendrá algo que ver esto con lo hechos sucedidos de un tiempo para acá en el puerto de Acapulco? ¿O será mera coincidencia?

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