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PAULINO CÁRDENAS

Hoy estará por tercer vez de visita en México en su calidad de secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton. Arriba en momentos en que las relaciones entre los gobiernos de México y Estados Unidos siguen tirantes desde que la influyente funcionaria, según un cable hecho público por WikiLeaks, pidió información a su cuerpo diplomático para saber, con pelos y señales, del comportamiento del presidente Felipe Calderón, seguramente a solicitud de su jefe Barack Obama o al menos con la anuencia del mandatario estadounidense.

Como se recordará, de los 250 mil cables secretos que llegaron a manos del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y que éste envió para su publicación a cinco influyentes medios internacionales sobre las confidencias que el Departamento de Estado norteamericano sostiene cotidianamente con sus embajadas y consulados, en el correspondiente al número 238295 publicado por el periódico El País, la jefa de la diplomacia norteamericana pidió a su representantes en México saber cuál era el “estilo de liderazgo” y “cómo maneja su estrés” el Presidente mexicano.

Había por parte de Washington –o hay todavía– interés por saber los efectos que ha causado en Calderón y su administración, “la guerra antidrogas, el colapso económico, y el de su partido”, según lo publicado por el diario español. La funcionaria quería saber todo sobre el mandatario panista, seguramente por la forma en que estaría procesando y expresando sus puntos de vista con respecto a esos tres tópicos que, por lo visto, son del mayor interés de la Casa Blanca. La pregunta que más llamó la atención fue: ¿Cómo maneja Calderón su estrés?.

¿Qué habría sabido Hillary Clinton que quiso indagar cómo calma su estrés el jefe del Ejecutivo mexicano? Millones en el mundo supieron, es cierto, cómo apaciguaba su estrés Bill Clinton en la Oficina Oval cuando fue Presidente,  a causa de la indiscreción de su terapeuta de cabecera de entonces. Pero, ¿lo del mandatario mexicano no es algo que desde el punto de vista diplomático debería quedar en lo estrictamente privado aunque WikiLeaks lo acabó haciendo público?

¿Qué llevó a la funcionaria norteamericana a ordenarle a los suyos escudriñar en asuntos sobre el jefe del Ejecutivo mexicano, inclusive los de índole privado? ¿Fue idea propia o por órdenes de su jefe el mandatario estadounidense? Claro que las respuestas de sus cuestionamientos las querrían conocer también millones de mexicanos. Algunos otros eran:

“¿Cómo reacciona el presidente Calderón ante puntos de vista que son diferentes al suyo”? “¿Le gusta entrar en debates con gente que no está de acuerdo con él? ¿Prefiere escuchar sus puntos de vista, pensarlo un tiempo y después volver para responderles? ¿Se rodea de gente que tiene una variedad de puntos de vista o prefiere el ‘Sí, señor’?”.

Hubo otras preguntas que le pedía investigar a su embajador y a sus cónsules en México –incluso entre los mismos intergantes el staff del Presidente mexicano–, cómo era el comportamiento del jefe del Ejecutivo mexicano: “¿Es más un hombre de ideas o un micromanager?” “¿Qué valores, creencias y comportamientos sostiene?”. Hillary Clinton, según el cable, pidió que cuanto antes sus diplomáticos le enviaran respuestas y opiniones.

Quiso saber también cuáles eran los planes concretos de Calderón relativos al PRI, a la economía y la seguridad nacional. O sea, la ficha completa. También querría conocer datos y comportamientos sobre los colaboradores del michoacano.

Como sea, hoy la influyente secretaria de Estado estadounidense se reunirá con la canciller mexicana Patrica Espinosa en Guanajuato, y habrá que ver si el encuentro servirá para revisar la estrategia de Estados Unidos y de México en su lucha conjunta contra el crimen organizado, los cárteles, el narcotráfico, la seguridad fronteriza y determinar en qué punto se encuentran ambos países en esa política común, como se ha anunciado oficialmente.

Por lo pronto el viernes pasado el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, declaró en Washington que la violencia de los cárteles de la droga mexicanos es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, por lo que se presume que la señora Clinton podría traerle algunos obsequios de su jefe a su homólogo mexicano.

Uno podría ser sobre el ‘know-how’ para atrapar a ‘el Chapo Guzmán’, luego de que el FBI acaba de hacer una detención histórica el pasado miércoles 19 de un total de 127 miembros de la Cosa Nostra en varias ciudades de Estados Unidos. Habrá que ver pues, los términos y el tono de la reunión.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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