Las autoridades los conocen

PAULINO CÁRDENAS

Eduardo García Valseca –uno de los hijos del coronel y ex empresario que fue dueño de la otrora famosa cadena periodística– quien en 2007 fue secuestrado durante siete meses y medio, ha venido hablando de la similitud de su caso con el del ‘Jefe’ Diego, que él atribuye fue realizado en ambos casos por un mismo grupo vinculado a alguna de las organizaciones guerrilleras internacionales. No obstante los captores del panista lo niegan.

Desde su exilio en Estados Unidos el empresario ha mencionado en entrevistas a medios de Estados Unidos y de México, que un agente le confirmó que sus plagiarios eran los mismos que los que mantuvieron cautivo al político panista y que incluso hay políticos que podrían estar siendo cómplices de los mismos secuestradores.

En su más reciente comunicado los ‘Misteriosos desaparecedores” o Red por la Transformación Global (RTG), afirman que “el secuestro y el maltrato que denuncia el empresario Eduardo García Valseca” (…) “no fueron realizados por la RTG y consideramos que dicho acto no pudo haber sido llevado a cabo por organización revolucionaria alguna”.

Si este grupo delictivo considera que en el plagio del empresario, “dicho acto no pudo haber sido llevado a cabo por organización revolucionaria alguna”, ¿quiere decir que en el caso-Diego sí fue una organización revolucionaria la que lo secuestró? García Valseca considera que el grupo que lo privó de su libertad pertenece a agrupaciones guerrilleras internacionales, por diversos datos que fue registrando durante su largo cautivero, entre otras cosas, dijo, por la estructura militar que acusaba el comando.

Dijo que el líder del grupo lo obligó a decirle ‘señor jefe” y quien tenía un dejo de acento norteamericano; que incluso la comida y los horarios para comer eran más bien  caracteríticos de otros países y no de México. Apuntó que inclusive en los más de siete meses que estuvo secuestrado, sólo una o dos veces le llegaron a dar tortilla, y que la ‘cena’ era alrededor de las 6 de la tarde y la porción a esa hora era más vasta que en la del desayuno o comida.

Lo cierto es que el grupo que lo secuestró se estaría tratando de una banda delictiva bien adiestrada, pero muy despistada o sin la información suficiente, porque creyeron que el empresario era millonario, lo mismo de lo que se quejó Fernández de Cevallos a quien le atribuían sus plagiarios una fortuna que dijo no tener y que acaso por eso le habrían perdonado la vida.

Cuenta García Valseca que en la fecha que fue puesto en libertad, acabó secuestrado un amigo que se prestó de mediador para la entregar del dinero a sus plagiarios. Según le contó meses después cuando fue liberado, la noche del canje había sido citado en un callejón de la ciudad de México y que a la hora de la entrega del dinero, los pliagiarios estaban siendo custodiados por una patrulla del DF con las torretas encendidas. A la entrega del rescate lo dejaron en libertad, no así el mensajero que fue privado de su libertad de manera forzada.

Al hallar paralelismos entre su caso y el de Fernández de Cevallos, se comunicó con Armando Espinoza, coordinador de Inteligencia de la Policía Federal, quien había sido designado por el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, para ver lo de su secuestro. Le dijo que le hablaba porque en ambos plagios veía similitudes. “Me dijo: Tienes razón; son los mismos. Ya sabemos que son los mismos. Incluso, a través de ellos le estuvimos enviando mensajes al hijo de Diego Fernández”.

El mismo agente le contó que en el caso de Nelly Esper Sulaimán –secuestrada en mayo de 2004 al parecer por el grupo denominado Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP) organización clandestina escindida del Ejército Popular Revolucionario (EPR) en el 2000–, tomaron fotos de los billetes del rescate y los registraron, “como en nuestro caso”. Cuando en 2006 el EPR atacó varios lugares del Distrito Federal con bombas y los responsables fueron detenidos, “les encontraron billetes que estaban registrados como parte de ese rescate”.

Nelly le preguntó al agente que si tenían identificados a los secuestradores, por qué no los detenían, y que éste le comentó que  los secuestradores “tienen vínculos políticos; si el gobierno saca eso a la luz, se corre el riesgo de volver mártires a los personajes de la política supuestamente relacionados con ellos”. Y añadió: “No entiendo por qué. O le tienen miedo a ese grupo o quizá se benefician de alguna manera; no lo sé”. Juzgue usted.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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