Egipto contagia al mundo

PAULINO CÁRDENAS

Como epidemia, el conflicto de Egipto que inició antes en Túnez y que se está extendiendo a otras naciones de la África islámica, está pasando a contagiar a otros países de Europa y no tardará en llegar de manera formal y no simulada a naciones ubicadas en el Continente Americano, en donde existen exactamente las mismas causas que han dado lugar a la lucha de emancipación de aquellas naciones que forman parte del llamado Magred actualmente en conflicto: marginación, pobreza, miseria, cero democracia, desempleo y desprecio por las clases menesterosas.

Lo soprendente ha sido que este fenómeno de hartazgo que se está globalizando a mil por hora, está siendo manejado por jóvenes a través de las redes sociales como Facebook y Twitter, celulares, Ipod, Ipad y Blackberrys entre otras herramientas de comunicación instantánea, que están jugando un papel preponderante en las convocatorias para reunirse y ponerse de acuerdo para ganar las calles y realizar sus protestas. En Egipto el gobierno trató de anular las señales de internet y las redes sociales, pero todo fue inútil; se impuso la imaginación y audacia de la juventud cibernetizada.

Son ellos, los jóvenes, quienes están siendo mayoría aplastante para exigir que se vayan de poder los malos gobernantes y dictadores en varias partes de África islámica, cuyo ejemplo está empezando a cundir velozmente en el mundo. Las razones son las mismas: pobreza, falta de trabajo, hartazgo por las promesas no cumplidas, falta de democracia, corrupción de sus gobiernos y abuso de poder. En Egipto alrededor del 70 por ciento de su población de unos 82 millones de habitantes, son jóvenes.

En esta nación las exigencias de cambio las están encabezando principalmente las nuevas generaciones aunque también los adultos e incluso ancianos participan, pidiendo que deje el poder Hosni Mubarak quien durante tres décadas ha mantenido a los habitantes de aquel país en la marginación, empobrecidos y despreciados mientras que él se dice que ha acumulado alrededor del 37 por ciento del PIB de Egipto para su beneficio personal y el de su familia.  Por lo mismo, en otras partes del mundo se están empezando a ver manifestaciones de apoyo a ese movimiento civil frente a las embajadas egipcias.

El ejemplo y la efervescencia cunden a paso acelerado. Algunas protestas como la de Egipto y Túnez están extendiéndose a otras naciones del mundo árabe de mayoría islámica. Hay otros países en donde el virus libertario ya pegó. En Italia la gente, que también utilizó las redes sociales para sus convocatorias, salió a las calles para pedir que se vaya el primer ministro Silvio Berlusconi, tras el escándalo del caso Ruby en el que el mandatario es investigado por concusión e incitación a la prostitución de menores.

En varias ciudades de aquel país pudieron verse a través de los noticieros de televisión numerosas banderas nacionales y carteles con frases de “Dimite Payaso”, “Por un Italia libre y justa”, “Ésta no es la Italia de Via Olgettina”, “Los viejos babosos nos ponen nerviosos” o “Despierta Italia, merecemos algo mejor”. Berlusconi, como Mubarak, dice que él no se irá.

En España, por las redes sociales le está tocando turno a José Luis Rodrígiez Zapatero a quien también la gente le exige que se vaya que son quienes, o bien no han comulgado con sus ideas y planteamientos de él y del PSOE o que están decepcionados con su gestión. Hay mensajes de todo tipo: “ZP dimisión”, “¿No somos el futuro? Pues queremos seguir sin Zapatero”, “ZP, el peor presidente de la historia de España”, “Odio a Zapatero”, etc.

En México la semana pasada en el Zócalo capitalino hubo una mala copia de reclamos y exigencias por parte de varios contingentes del sector laboral que pedían la renuncia del presidente Felipe Calderón. Y no es que a sus consignas les haya faltado razón. La diferencia es que en Egipto las movilizaciones se han generado por movimientos espontáneos de las clases populares y acá los convocantes fueron líderes sindicales que pertenecen al mismo sistema echado a perder.

Por la velocidad que está cobrando la diseminación mundial de ese ejemplo de Egipto y aquellas naciones de Africa del Norte, es probable que no tarde en que la epidemia de rabia contra sus gobernantes llegue fuerte a México y otros países caribeños, centro y sudamericanos, en donde privan causas muy similares entre gobernantes y gobernados, por lo que los reclamos de hartazgo pudieran llegar a ser parecidos y tan decididos como los que se registran en aquellas lejanas naciones.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

 

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