¿Ya hay un buen pretexto?

PAULINO CÁRDENAS

El lamentable atentado perpetrado contra dos agentes especiales del Servicio de  Inmigración y Aduanas de Estados Unidos en el que uno de ellos murió y otro quedó herido en una emboscada que sufrieron cuando viajaban por la carretera a Monterrey, Nuevo León, en una zona despoblada de San Luis Potosí el martes pasado, podría ser el pretexto en relación a las ganas que tiene Washington de entrar con sus soldados y marinos a combatir a los sicarios y capos mexicanos de la droga en territorio nacional.

Porque según lo han venido manifestando de unos días para acá diversas voces de peso del Departamento de Estado norteamericano y del Pentágono, ya traen la mira puesta para que, a una orden superior, sus fuerzas militares traspasen su frontera sur y entren a nuestro país a cerrarle el paso al avance del crimen organizado, donde las fuerzas gubernamentales armadas han de hecho fracasado al no poder contener a las mafias que operan en el país en cuatro años que llevan los combates, los cuales han dejado hasta ahora un saldo de cerca de 35 mil muertos.

Apenas enterada del suceso, la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, lamentó el atentado contra dos de sus agentes, hecho que calificó de “inadmisible crimen” y exigió que los responsables sean capturados “tan rápidamente como sea posible”. Dijo que cualquier acto de violencia contra el personal de Inmigración y Aduanas o de cualquier miembro del Departamento de Seguridad Interna, “es un ataque contra todos aquellos que sirven a nuestra nación y ponen en riesgo su vida por nuestra seguridad”.

La canciller mexicana Patricia Espinosa, después de condenar el atentado, declaró que por supuesto el gobierno habría de mover todo el aparato de investigación federal para esclarecer el hecho a la brevedad posible. La señora Napolitano manifestó por su parte que “la totalidad de los recursos de nuestro Departamento está a disposición de nuestros socios mexicanos en esta investigación”. Y en medio de la tragedia, que ha indignado y dolido en Washington, la titualr de Seguridad Interior norteamericana refrendó el compromiso “a dar el más amplio apoyo a los esfuerzos de México por combatir la violencia dentro de sus fronteras”.

El caso de los dos agentes de Inmigración y Aduanas recuerda que en nuestro territorio siempre ha operado personal de diversas agencias norteamericanas que luchan contra el crimen organizado, dizque coadyuvando en esas tareas con las autoridades mexicanas, no obstante que sistemáticamente esto ha sido negado por voceros de ambas naciones. Eso no es novedad. Y han operado con la obvia anuencia de nuestros gobiernos en turno.

Desde hace décadas sucede que agentes especiales de diversas corporaciones federales de inteligencia y de la lucha contra las mafias organizadas –como la DEA, el FBI, la CIA y el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), entre otros organismos–, operan en territorio nacional. Habría que recordar el caso del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar. En octubre de 1985, ese agente fue desaparecido, torturado y finalmente asesinado.

Se dice que el “Kiki” Camarena, comisonado para investigar operaciones de distribución y tráfico de mariguana en México, era un agente encubierto de la DEA corrupto, cuya ejecución fue instrumentada desde la dirección de esa Agencia estadounidense para quedarse con los beneficios económicos del lavado de dinero, según refiere el libro ‘Crimen de Estado’ de Plaza&Janés, versión que nunca fue desmentida. Pero esa es otra historia.

Para los más pícaros no es remoto que la ejecución de uno de los agentes del Servicio de Imigración y Aduanas, en cuyo atentado fue herido otro elemento de esta corporación, pudiera ser el pretexto necesario que anda buscando Washington para justificar la pronta intervención en territorio mexicano de soldados y marinos norteamericanos, cuya presencia duraría lo que tarde la erradicación de los capos de la droga. Es decir, que la intervención podría durar años.

Por como están las cosas, no faltará quien argumente, incluso entre los legisladores y el mismo panismo, que en caso de una intervención norteamericana no habría de qué preocuparse por la soberanía, y que no habría por qué rasgarse las vestiduras y llevar al extremo un nacionalismo exacerbado, si el narcotráfico es un fenómeno internacional y, por tanto, se requiere de la ‘cooperación’ internacional. Como sea, hay expectación por saber qué curso habrán de tomar las cosas ya que México está bajo amenaza del otrora llamado Tío Sam.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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