EU podría exigir cambios

PAULINO CÁRDENAS

Muchas son las suposiciones del por qué el presidente Felipe Calderón fue llamado de urgencia por su homólogo estadounidense Barack Obama para reunirse el próximo jueves 4 de marzo en la Casa Blanca. El encuentro se dará a unos días del asesinato de un agente de Inmigración a manos de un grupo de sicarios que también dejó herido a otro agente en su vehículo, y que a las pocas horas del crimen por arte de magia los culpables fueron hallados, después de que Washington tronó los dedos para exigir a las autoridades mexicanas su inmediata captura. Ojalá así fueran de eficientes nuestras autoridades con las víctimas de los ‘daños colaterales’ de la narcoguerra.

Por lo pronto, la inesperada  convocatoria a la Casa Blanca es un misterio. Los optimistas consideran que acaso el petróleo de México, por el conflicto en Libia que encarecerá el crudo, podría ser una razón de la urgencia. Otros dicen que hasta el tema de la sucesión podría ser parte de la agenda no pública. Lo que sí muchos creen es que la del jueves próximo  pudiera ser una reunión en donde se den recriminaciones mutuas. Sin embargo, ¿cuál será la agenda real de la reunión Obama-Calderón? En términos generales el encuentro podría estar dividido en tres grandes vertientes:

Uno: El tema de la seguridad interna de Estados Unidos que Washington está viendo peligrar por la aparente incapacidad de las fuerzas que combaten a los capos del crimen en donde crece la sospecha de que esto sucede por colusión entre mandos militares y policiales, y los capos que dominan parte del territorio mexicano por la corrupción que impera en medio.  Obama podría pedirle a Calderón cambios, pero no de estrategia, sino de mandos.

Dos: El paso de indocumentados que entran por la frontera sur de México de manera indiscriminada, donde miles de personas, jóvenes, mujeres y niños son víctimas de banda del crimen organizado y donde el respeto a los derechos humanos de hecho no existen. Al menos un diez por ciento de la gente que cruza la frontera sur de México y busca llegar a la frontera norte para cruzar a Estados Unidos, lo logra, sin que haya ley ni medidas de control que eviten el paso de centro y sudamericanos a territorio mexicano.

Tres: El tema de las filtraciones de WikiLeaks que han puesto en alerta al gobierno mexicano por el evidente interés de la administración Obama de indagar vida y milagros  del presidente Felipe Calderón –y los miembros de su gabinete–, con el afán de tener la ficha completa de su comportamiento como persona y como mandatario, así como lo que le afecta y molesta en su encargo al frente del país, y lo que piensa del principal partido opositor, el PRI, entre otras chuladas.

Al menos en lo que respecta al primer punto el mandatario norteamericano podría solicitarle a su homólogo mexicano poner en los platillos de la balanza o cambios en el gabinete de seguridad que integran los titulares de las secretarías de la Defensa, Marina y Seguridad Púbica federal, o considerar la posibilidad de que no sólo agentes, sino soldados y marines norteamericanos, tuvieran que cruzar la frontera para hacerle frente al crimen organizado en nuestro territorio.

Respecto al caso de los indocumentados que entran a país por el sur, una sugerencia de Obama podría ser que al menos se le exija visa a los que cruzan por aquella frontera para tener un mejor control, además de dar un trato igual a los ilegales centro y sudamericanos, como lo exige para los mexicanos en Estados Unidos.

Calderón considera que el problema principal sigue siendo que Estados Unidos es el principal consumidor de drogas mundial y el principal suministrador ilegal de armas que van a parar a manos de los sangrientos cárteles mexicanos. Se hamostrado crítico en repetidas ocasiones por la actitud de Washington para frenar la violencia, que a su juicio ha sido insuficiente.

En cuanto a las filtraciones de WikiLeaks, el mandatario mexicano dijo en una entrevista periodística que “donde sí hay descoordinación es entre agencias en materia de seguridad en Estados Unidos”, en alusión precisamente a los cables en los cuales diplomáticos estadounidenses se referían a la falta de confianza mutua en los más altos niveles del gobierno y el ejército mexicano, y a los alarmantes niveles de corrupción.

Después de esta declaración Calderón recibió la llamada para ser ‘invitado’ a Washington por Obama con carácter de urgente.

pcardenascruz@yahoo.com.mx



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