¿De este lado quién se va?

PAULINO CÁRDENAS

El embajador norteamericano Carlos Pascual renunció y regresa a su país. Existe la creencia de que en reciprocidad, Calderón también habría de sacrificar alguna de sus piezas importantes encargadas de la lucha contra el crimen organizado. ¿Quién será? Dicen algunos atrevidos que su nombre empieza con G.

Por lo pronto, aprovechando este segundo ‘puente’ largo del año, el pasado sábado se dio la noticia. La secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton, hizo oficial la dimisión que ya muchos esperaban. Dijo que diplomático le presentó su renuncia al presidente Barack Obama, para evitar que las cuestiones planteadas por el mandatario mexicano “distraigan la atención en temas de la relación bilateral”.

El pasado 25 de enero, un día después de la sorpresiva visita relámpago que realizó a México la señora Clinton, señalábamos en este mismo espacio (“Pascual podría ser relevado”) que el embajador de Estados Unidos en México podría dejar el cargo a causa de los comentarios confidenciales diplomáticos que estuvo enviando a su jefa la secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton a petición de ésta, los cuales WikiLeaks hizo públicos y que acabaron incomodando sobremanera al presidente Felipe Calderón.

Incluso por eso la funcionaria realizó ese viaje relámpago y sorpresivo a México cuyo pretexto de esa visita fue que revisaría la agenda bilateral con la canciller Patricia Espinosa en Guanajuato -¿¡¡?- no obstante que el propósito real era ver al presidente Calderón quien la tuvo que recibir fuera de agenda aquella misma tarde-noche del lunes 24 de enero en Los Pinos y a quien le trajo las disculpas de Obama por las infidencias dadas a conocer por la red de Julian Assange. Pero eso tampoco convenció a Calderón.

Por ello, posteriormente fue llamado el mandatario mexicano también de urgencia para reunirse en Washington con su homólogo Barack Obama, el pasado 3 de marzo. De hecho, cuando apareció junto con su homólogo en la conferencia de prensa conjunta que dieron en la capital norteamericana, el mandatario panista dijo algo que pareció inadvertido para muchos. Empezando la reunión dijo a los periodistas que “aunque no lo crean, me fue mucho mejor de lo que nadie se imagina” lo que algunos interpretamos como que ya estaba sellado el destino de Pascual como embajador en México.

Quien lo sustituya tendrá que afrontar muchos temas pendientes de la agenda bilateral. Sobre todo uno de los que más preocupa al gobierno de Washington como es la lucha que sostienen las fuerzas gubernamentales armadas contra los capos de la droga y del crimen organizado que operan en nuestro país, que después de más de cuatro años de combates no han podido contener su avance, no se sabe si por ineficacia e ineficiencia o por colusiones y corrupciones con los capos.

Por ello  han sido repetidas las advertencias del gobierno de Washington a través de su Oficina de Seguridad Interior –Janet Napolitano– y del Departamento de Estado –Hillary Clinton–, de lo que estarían dispuestos a hacer los soldados y marines norteamericanos o la Guardia Nacional de ese país, para evitar que ese flagelo que agobia a México traspase sus fronteras.

En realidad al gobierno estadounidense no le preocupa tanto que pase la droga a su país, sino que pase la furia armada de los cárteles de la droga que cada vez están mejor pertechados con armamento muy sofisticados con el que hacen frente a las fuerzas gubernamentales mexicanas que los acosan por instrucciones de su Comandante Supremo, Felipe Calderón.

Quien quiera que sea el nuevo embajador de Estados Unidos no vendrá a hacer un papel muy distinto del que hizo Pascual. El sustituto  tendrá que encarar, de entrada, el asunto del combate al crimen organizado y del tráfico de drogas que tanto preocupa a Washington, y el de los planes acordados en lo oscurito como el de ‘Rápido y Furioso’ que dejó pasar armas a México deliberadamante con un argumento que no ha convencido a muchos. Más los planes secretos que vayan saliendo a la luz pública.

Cualquiera que sea el relevo de Pascual tendrá que estar pendiente del proceso que siga el candente tema de los aviones norteamericanos no tripulados que han violado el espacio aéreo mexicano en repetidas ocasiones dizque para ubicar por donde andan los cárteles de la droga violando la soberanía territorial sin que el Congreso haya sido enterado de ello.

Y por supuesto, quiérase o no, el nuevo embajador de Estados Unidos en México habrá de estar mandando informes confidenciales sobre temas que le ordene indagar su jefa, la señora Clinton, del gobierno que encabeza Felipe Calderón o de éste mismo. Ojalá que al final en Los Pinos no acaben diciendo: “Pascual, regresa, te perdonamos”.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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