La autocensura simulada

PAULINO CÁRDENAS

Tratar de alinear bajo una misma norma los criterios editoriales de los medios resulta un absurdo. Sin embargo, más por conveniencia que por convicción propia, para quedar bien con quien mejor les paga, fue suscrito un acuerdo para la cobertura informativa de la violencia, para dizque bajarle de tono a las informaciones de fuego y sangre que son producto de la narcoguerra que sostienen las fuerzas gubernamentales armadas contra las mafias del crimen organizado, con miras a hacerle creer al presidente Felipe Calderón que con eso la ‘percepción’ de la realidad cambiará. Error.

De hecho, ese acuerdo televisivo-periodístico para uniformar noticias sobre la violencia y sangre que origina el crimen organizado y el narcotráfico, ha tenido que faltar a su compromiso al tener que difundir una serie de secuestros, ejecuciones y enfrentamientos que se ha registrado en los últimos días y horas en diversas entidades del país como Nuevo León, Tamaulipas, Durango, Veracruz y Morelos, entre otros estados de la República donde el fragor de las batallas entre sicarios y fuerzas gubernamentales armadas sigue.

Aquel medio que se digne de serlo no podrá cumplir a cabalidad, ni con mucho, esa promesa suscrita en una ceremonia que se celebró con bombo y platillo la semana pasada en el Museo de Antropología de la capital del país. Hacerlo sería tanto como firmar el cierre de sus instalaciones, ‘por convenir así a sus intereses’. Y sus intereses son otros. En este asunto no hay harakiristas; acaso sí simuladores. Podrían callar cosas por conveniencia, pero no hay que olvidar que los medios, sobre todo los gigantes de la comunicación que promovieron ese acuerdo, hasta del dolor humano hacen negocio.

Aquí la pregunta no es ver si el decálogo que a alguien no muy sesudo se le ocurrió y que los ‘abajofirmantes’ rubricaron sin ver con tal de alinearse con el mejor cliente que cuentan para el pago de sus espacios publicitarios, propaganda, prebenadas y privilegios, que es el gobierno federal. Ese acuerdo fue para quedar bien con quien ostenta efímeramente el poder de pago y el otorgamiento de las concesiones de radio y televisión, y se decidió hacerlo público en vivo y a todo color para tratar de darle credibilidad.

En diversas ocasiones el presidente Felipe Calderón ha contrastado el hecho entre ‘cuando uno ve la prensa nacional’ y aparecen en primera plana y a todo color fotos de las mantas y de los recados que dejan los sicarios a sus enemigos o autoridades policiacas y administrativas locales, contra “lo que nos cuesta a cualquiera de ustedes o al gobierno pagara una primera plana de millones de pesos” para difundir sus mensajes.

Es cierto que el mandatario panista no ha rehusado reconocer que el problema de la violencia derivada de la narcoguerra exista. Sin embargo, en más de una ocasión ha pedido a todos los sectores ‘hablar bien de México’. Ha hecho hincapié en que las cifras de homicidios en otros países están mucho peor que las nuestras y se ha empecinado en señalar que el problema es de ‘percepción’ de la opinión pública, en donde los medios juegan un rol determinante.

Primero fue la Cámara Nacional de Comercio y Servicios Turísticos que hizo suya esa preocupación presidencial iniciando sus directivos una campaña que se llamó ‘Hablemos bien de México’. Hubo después una segunda versión que encabezó la Canaco-Servitur que llevó por nombre ‘Hablemos y actuemos bien por México’.

Más recientemente se empezó a idear lo que acabó llamándose ‘acuerdo para la cobertura informativa de la violencia’, cuyos compromisos quedaron sintetizados en un decálogo impulsados por el duopolio Televisa-TV Azteca, documento que firmó la gran mayoría de quienes fueron invitados a suscribir el acuerdo para bajarle el tono a las inforrmaciones sobre secuestros, ejecuciones, fuego y sangre y sobre el clima que vive el país propiciado por la narcoguerra.

No obstante, con la firma que estamparon en pomposa y solemne ceremonia federalista, seguro que ninguno de los firmantes sería capaz de convertir su medio en el periódico ‘Balance’ con el que siempre soñó Felipe Calderón si no hubiera sido Presidente.

Evitar informar sobre la realidad que vive el país es negarse a sí mismo como medio. Matizar, acaso. Porque ni la opinión pública ni los medios mismos, han propiciado el clima de miedo que vive el país por esa guerra que le declaró a los narcos el presidente Calderón desde que llegó al poder, sin consultarle a nadie. La gente hoy más que nunca está necesitada de información clara sobre lo que está pasando en México con el combate a las mafias, y no de acuerdos que pretendan tapar el sol con un dedo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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