Habrían sido ex militares

PAULINO CÁRDENAS

Si se comprueba que ex militares y soldados en activo son los responsables del asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia y de otras seis personas, como lo habría expuesto el procurador general de Morelos, Pedro Luis Benítez, el pasado fin de semana, las cosas se estarían poniendo color de hormiga para el gobierno federal panista que defiende a capa y espada la probidad del Ejército en la lucha contra el narcotráfico. Según fuentes no oficiales dijo que los criminales parecían pertenecer a una organización que opera en Guerrero y Morelos.

En el vehículo Honda en el que fueron hallados los cadáveres –seis hombres y una mujer amarrados de pies y manos y asfixiados con cinta canela– dejado en la entrada del fraccionamiento Las Brisas de Cuernavaca la mañana del 27 de marzo, fue hallado un mensaje que señalaba: “Eso les pasa por hacer llamadas anónimas a los militares y eso les va a pasar al capitán Barrales y capitán Castillo de la federal. Atte. CDG”. Eso fue negado por este cártel y culpó al del Pacífico Sur de los crímenes. Nadie sabe y nadie supo cuál es la verdad.

Benítez habría dicho también que uno de los ejecutados, el ex militar Álvaro Jaimes Aguilar, alias “El Comandante” –tío de Julio César y Luis Antonio Romero Jaimes, dos de los jóvenes encontrados en el vehículo junto con Juan Francisco Sicilia, hijo del escritor y articulista–, era cabeza de una célula de narcomenudeo y que el Ejército lo dio de baja por estar involucrado con la delincuencia organizada, según fuentes policiales y periodísticas.

Una fuente narró que el fiscal presentó un video del bar La Rana Cruda de la colonia Cantarranas, en Cuernavaca, en donde las siete víctimas se pusieron a hablar del narcotráfico y de la violencia que priva en el país. Al parecer a unas gentes que ahí estaban, presuntamente ex militares, no les gustaron los comentarios y empezaron a discutir. Al final los jóvenes decidieron irse, pero los habrían seguido.

Añadió la fuente que de ahí los muchachos fueron a comprar cervezas, las cuales ingirieron en un estacionamiento de un domicilio no especificado, y se les perdió la pista hasta que sus cuerpos fueron hallados dentro de un vehículo en el fraccionamiento Las Brisas de Temixco, municipio conurbado de Cuernavaca.

El procurador informó, según versiones periodísticas, que efectivos castrenses buscaban a los homicidas en todo el país, pero que ‘si los militares los encontraban antes que las autoridades civiles, no los entregarían’, y las procuradurías General de la República y la estatal ‘se quedarían sin elementos para sus pesquisas’. Muy grave, si así lo dijo. Sería muestra de que las autoridades siguen siendo rebasadas por el crimen organizado. Y el Ejército quedaría muy mal parado.

La indignación por los crímenes de los muchachos está subiendo de tono en todo el país, lo que se puso de manifiesto ayer con la serie de protestas, marchas y manifestaciones públicas que se celebraron en Cuernavaca, Morelos y en diversas entidades federativas y aún fuera de México, a favor de la paz y en contra de la violencia.

La Secretaría de Gobernación, a través del subsecretario de Gobierno, Juan Marcos Gutiérrez, había informado que en México no se vive una guerra sucia y que los militares actúan en el marco del derecho para coadyuvar en la lucha contra la delincuencia, en tanto se fortalecen las policías locales. Pidió esperar el resultado de las indagatorias.

No se sabe todavía si los asesinos de los jóvenes y un ex militar pudieran pertenecer a algún cártel de nuevo cuño. Porque el procurador estatal habría dicho el viernes que los criminales pertenecían a una organización que opera en Guerrero y Morelos, de la cual no dio el nombre. Un día antes había informado que los responsables del asesinato, ocurrido la semana pasada, eran ex servidores públicos, pero no precisó si eran policías ministeriales.

Si se confirma que los asesinos fueron ex militares y soldados en activo, para Felipe Calderón vendrá otra felpa por parte de todos los sectores de la sociedad. Por lo pronto, el grito de “¡Estamos hasta la madre!” empezó a cundir en  todo el país, y más allá de nuestras fronteras. En adelante será la frase lapidaria con la que la opinión pública exprese su hartazgo y su indignación contra la actual administración, no sólo por la ineptitud y la ineficiencia en la lucha contra el narcotráfico, sino por su incapacidad para resolver tantos pendientes a favor de la sociedad.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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