Sigue el baño de sangre

PAULINO CÁRDENAS

Mientras que el presidente Felipe Calderón volvía a insistir la semana pasada en que la estrategia contra el narcocrimen no sufrirá modificaciones, continuaba la espiral de violencia y los asesinatos a mansalva que siguen tiñendo de sangre al país. Otra ejecución realizada presuntamente por un comando de sicarios acabó con la vida de la subprocuradora de la PGR en Gómez Palacio, Durango, Claudia Ávila Yáñez, quien fue secuestrada la noche del pasado jueves. Tenía en el cargo apenas dos semanas. Es un caso para que se estrene la nueva titular de esa dependencia, Marisela Morales, aunque la lista de pendientes es larga.

En lugar de ir hacia delante en la guerra contra las mafias se está yendo para atrás. Cada día hay más casos de secuestros y muertes en todo el país y poblados que son sometidos por la criminalidad, como sucede con el vergonzante caso de Cuencamé, Durango, en donde han habido decenas de despariciones forzadas u obligadas y se habla de infinidad de atrocidades contra familias enteras, sin que ninguna autoridad ni local, ni estatal, ni federal, se avoque a tocar el tema. ¿Por incapacidad? ¿Por corrupción e impunidad? ¿Por miedo? Unos a otros se echan la bolita.

El método de querer enfrentar la violencia con más violencia se ha convertido en una fábrica de muertos que quedan de manera inminente en el olvido jurídico. Nada o muy poco se indaga porque se dice que la mayoría son criminales. Pero ni estos, ni la gente inocente que queda enlistada como ‘daños colaterales’ al ser víctimas mortales del ‘fuego cruzado’, se investigan. La cifra casi llega a los 40 mil en lo que va de esa guerra. Más todos los que faltan de aquí a que termine el sexenio.

A quienes integran el sistema nacional de seguridad parece no conmoverles ni las manifestaciones de protesta ni el grito de “!Estamos hasta la madre¡” por tantos muertos y tantos crímenes que alcanzan a la población. Tampoco parecen hacerle mella las decenas de cadáveres hallados en Tamaulipas de gente que habría sido secuestrada y sufrido torturas antes de ser ejecutada y enterrada en fosas clandestinas en el municipio de San Fernando. Hay por ahora 14 detenidos. Entre los muertos podría estar un norteamericano.

La misma actitud se da con las arteras ejecuciones como las que sufrieron varios jóvenes el pasado 27 de marzo en Temixco, Morelos en el que entre otros cadáveres apareció el del hijo del poeta y articulista Javier Sicilia. Cambiaron al encargado de Seguridad Pública pero nada más. Pero cambiar el modo de enfrentar a las mafias, nada. Para el gobierno federal parece no haber de otra: resulta mejor seguir acumulando más muertos de aquí a que acabe su administración, que buscar otros caminos para enfrentar ese flagelo.

Cada vez que el Presidente aborda el tema de su estrategia, argumenta lo mismo: mientras no haya quien proponga una mejor estrategia, continuará la misma, la que evidentemente ha sido un fracaso. ¿Quién más debe proponer estrategias si no sus propios ‘asesores’ de guerra que tiene al lado? Pareciera haber algo muy poderoso que le impide al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas variar el rumbo y el modo en el combate al narcocrimen. ¿Qué podría ser?

Se sabe que la guerra es gran negocio. Tan sólo en 2009 los gobiernos recibieron un total de 113 mil millones de pesos para dizque gastarlos en ese rubro, pero sin resultados tangibles. Cada vez que las mafias atacan o contratacan, los gobiernos estatales y municipales salen siempre con la cantaleta de que los narcocrímenes son del fuero federal. ¿A dónde pues se han ido los miles de millones del erario que se han asignado a la lucha contra las mafias del crimen organizado?

¿Cómo le hace Estados Unidos para tener bajo control a las mafias? ¿Será porque es el país de donde se surten de armas y donde se les permite lavar dinero, y el país que más consume drogas en el mundo? Porque alguna fórmula deben de tener en Washington para que no tener la necesidad de declararle la guerras a los capos ni a mandar a su Ejército a las calles de la Unión Americana. ¿Cuál es el secreto? ¿Hay pactos con las mafias? ¿De qué ídole?

Por lo pronto dijo Calderón que mientras no le presenten un plan de mayor beneficio o de menor costo para la sociedad “seguiremos siendo contundentes en la aplicación de la ley, el combate al crimen organizado y aplicación de una política integral de prevención, contención y combate a los grupos criminales”. ¿No sería más fácil preguntarle al gobierno de Washington cómo le hace para llevar la fiesta en paz con las mafias, sin tanto rollo, sin sacar a las calles  al Ejército y usarlos como policías y sobre todo sin que haya tantísimos muertos?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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