Macabra herencia al sucesor

PAULINO CÁRDENAS

El panorama de violencia, sangre y muerte que envuelve al país a causa de la guerra contra las mafias del narcotráfico y el crimen organizado, cuya cifra casi alcanza los 40 mil muertos y que no tiene para cuándo acabar por la insistencia de no querer variar ni un ápice la forma de actuar contra las mafias del narcotráfico y el crimen organizado, empezando por dejar que el lavado de dinero y el trasiego de dólares siga que es la principal fortaleza de los capos, será una macabra herencia para quien llegue a ocupar la silla presidencial en el 2012, que se da por hecho ya no será del PAN. ¿Cuál será el saldo de muertos el día del cambio de estafeta?

Para entonces el escenario de deterioro será peor, porque de esa insensata lucha el Ejército mexicano acabará pagando los platos rotos, sin que se hayan resuelto los problemas del tráfico y consumo de drogas sino al contrario, sobre todo cuando se haga el balance del costo en miles de millones del erario que tuvo la narcoguerra y se compare con sus magros resultados. Nadie sabe lo que habrá de suceder  con el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y sus ‘asesores’ de guerra, porque de cara a la nación no tendrán argumentos para explicar el tamaño de la aventura en la que lo metieron.

Más aún cuando en el recuento de daños aparezca la diferencia abismal entre lo que se le otorgó, no sólo en recursos, sino en tiempo e interés del jefe del Ejecutivo al rubro bélico armado, dejando de lado asuntos tan relevantes como el deterioro económico del país, la falta de empleos, la carestía de la vida, los efectos de los gasolinazos, la falta de incentivos para las pequeñas y medianas empresas, y el problema de la pobreza extrema que en muchas entidades de la República Mexicana ha llegado a alarmantes cifras de desesperación y que para cuando termine el sexenio estarán mucho peor.

Por lo pronto, seguirá la misma estrategia contra los narcos y el crimen organizado, si no hay una mejor, según lo dijo el presidente Felipe Calderón al clausurar la Conferencia Internacional para el Control de Drogas el pasado jueves en Cancún. Es decir, para él la estrategia implantada es la mejor, pese a los casi 40 mil muertos. ¿Cuántas pérdidas de vidas más faltan bajo ese método? ¿De veras Calderón esperará salir incólume de esa aventura bélica?

La expectativa de los mexicanos está cifrada en ver qué hace el próximo huésped de Los Pinos, porque esta administración de plano ya dijo “me doy”. Se le acabó la poca imaginación que tenía para enfrentar la prioridad primera y última del sexenio que ha sido la naorcoguerra. Por lo pronto los mexicanos tendrán que aguantarse porque el decir presidencial es claro: ‘Tejones porque no hay liebres’. Aunque el número de muertos se multiplique.

Mientras que de este lado las autoridades ven impasibles el aumento del número de víctimas mortales que cada día aumenta más a causa del combate armado contra los sicarios de la droga y del crimen organizado, para las autoridades estadounidenses de  Seguridad Interna y para el Departamento de Estado norteamericano esa es una postura difícil de sostener y por ello han advertido al gobierno mexicano que no estarán en la contemplativa.

Para el gobierno norteamericano no resulta opción seguir viendo cómo se acumulan más muertos en el vecino país del sur de aquí a que acabe la administración calderonista en lugar de buscar otros caminos alternos para enfrentar al crimen organizado. Y quienes deben proponer otras alternativas son los propios ‘asesores’ de guerra que tiene a su lado el Comandante Supremo de la Fuerzas Armadas, quien hasta ahora ha preferido seguir con la misma estrategia que evidentemente ha sido un fracaso.

Ya lo dijo en Cancún la semana pasada el propio subsecretario de Estado adjunto de la Oficina de Asuntos Internacionales de Procuración de Justicia y Narcotráfico del vecino país del norte, William R. Brownfield: que la estrategia norteamericana para el combate a las mafias fraguada desde hace más de tres décadas en Washington, había sido un fracaso.

Señaló que su gobierno había considerado que la guerra contra las mafias “podría ser resuelto rápidamente con una campaña agresiva” y se pensó erróneamente –asumió– “que el asunto se podría combatir país por país” (México incluído por supuesto), pero no fue así. “Nos equivocamos”, aceptó.

Todos saben que la declaración de guerra al narcotráfico en México tuvo la intención de Calderón de legitimar su administración. ¿Algún día los mexicanos escucharán la expresión de ‘nos equivocamos’ de boca del mandatario panista? El país lo que quiere es vivir en paz, pero nada se hace para retomar ese camino. ¿Qué país le heredará Calderón al sucesor en el 2012? Lo que sí es que será una herencia macabra.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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