‘Condenen a la delincuencia’

PAULINO CÁRDENAS

En Torreón, Coahuila, hace un par de días, el presidente Felipe Calderón criticó el “ataque político” al gobierno federal y a las Fuerzas Armadas por su lucha anticrimen y demandó que la condena y el “ya basta” colectivo y nacional sea dirigida contra los criminales a quienes sí se debe frenar y no hacia quienes los combaten. “No podemos confundirnos; los que asesinan son ellos, son los criminales; los que matan jóvenes inocentes” (…) “los que secuestran y asesinan migrantes son los criminales; los que tienen asoladas grandes partes de nuestra sociedad o territorio es la delincuencia” y no el gobierno ni las fuerzas armadas, señaló.

Resulta evidente que el mandatario panista, en su calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, por su insistencia de seguir con la misma estrategia de combatir la violencia con más violencia, se halla en un callejón sin salida, por lo que ha empezado a demandar con más vehemencia que otras veces, que todos los sectores de la sociedad se sumen a esa lucha en contra de los criminales y no de quienes los combaten, después de que, ya no se diga la sociedad, sino ni siquiera los poderes Legislativo y Judicial fueron consultados por él como jefe del Ejecutivo, antes de embarcarse en la aventura de enfrentarse a ese monstruo de mil cabezas.

Esto sucede a casi cuatro años y medio de haberle decretado la guerra al narcotráfico sin consenso alguno, conociendo ahora sí el tamaño del animal al que se enfrentan y habiendo mandado por delante al Ejército a hacer el trabajo de policía para lo que no está adiestrado porque su misión es otra y cuando empieza a quedarle claro a él y a sus ‘asesores’ de guerra que se requería algo más que ‘valor’ para hacerle frente a los capos y sus ejércitos. Hoy, es evidente que las mafias están desatadas y lo que buscan es poner en evidencia al gobierno, trátese del federal, del estatal o el municipal.

Y tal parece que Calderón y sus ‘asesores’ bélicos no quieren ver la película completa; menos quieren saber cómo será el final al término de su sexenio que cualquiera podría imaginar, viendo el número de muertos que día a día se va acumulando a la espantosa cifra de casi 40 mil que ha habido hasta ahora. De ahí su desesperada crítica en Torreón. No deberían preocuparle los comentarios opinativos contrarios a lo que señalan sus aplaudidores. No se trata de refutar las razones del gobierno en su lucha contra las mafias; pero lo que se ve no se juzga. Las guerras armadas no se ganan con retórica.

Más bien se ve que el agua les está llegando a los aparejos a quienes bélicamente lo asesoran. El reloj sigue su marcha y es la real preocupación. Falta menos para rendirle cuentas a los mexicanos sobre esa gesta militar contra las mafias bajo una estrategia que ha demostrado ser fallida. ¿Con qué saldrán a la hora de la verdad? ¿Con el clásico “usted perdone, nos equivocamos”? ¿Qué se le irá a decir a los deudos de tantos muertos?

Ahí están de muestra los casos de Tamaulipas y Durango y ahora de Sinaloa y Sonora, en donde han encontrado más narcofosas con decenas de cadáveres, muestra de que el crimen organizado sigue aterrorizando a poblaciones enteras con los famosos ‘levantones’ (los secuestros sin fines de rescate) que suelen acabar en actos de tortura, descuartizamientos y/o entierros de cadáveres en tumbas clandestinas, para someter a la gente a base de terror y hacer quedar mal a las autoridades. Definiciones técnicas aparte, eso es narcoterrorismo.

Y falta que se investiguen las delaciones de que pudiera haber gente inocente que desaparece, ejecutan y echan al fondo de lagos o lagunas, como presuntamente ha sucedido en Cuencamé, Durango. Hay otros casos que han quedado en la impunidad como ha pasado en Ciudad Juárez, Chihuahua, en Morelia y Apatzingán, Michocán y en otros muchos municipios de diferentes estados de la República, en los que los cárteles del narcotráfico y del crimen organizado se han ensañado contra la población inerme, rebasando con mucho la capacidad de respuesta de las autoridades.

Otro caso reciente es el de los asesinatos de los jóvenes que fueron secuestrados, atados de pies y manos y asfixiados con cinta canela que aparecieron en un fraccionamiento de Cuernavaca, en donde a pesar de estar coordinadas las instancias de investigación locales y federales, nada o muy poco se ha avanzado. Más bien uno de los cárteles ofreció dar con los criminales, lo cual resulta más que kafkiano, pero que es otro botón de muestra del por qué se le critica al gobierno de estar negado para frenar la espiral de violencia, sangre y muerte que cubre al país. Se dijo que las autoridades ya saben de dos sospechosos.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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