El banquillo los espera

PAULINO CARDENAS 

Por más que se quiera, el último tercio del sexenio no alcanzará para resolver tantos rezagos que hay en la agenda gubernamental, ya que la prioridad del presidente Felipe Calderón ha sido, y seguirá siendo en lo que resta de su administración la narcoguerra, la cual no sólo será el estigma que lo señalará para el resto de sus días, sino que al rendir cuentas de los beneficios que pudo haber tenido esa aventura, los resultados para nada le favorecerán.

Sólo habría que considerar que si el número de muertos hasta ahora anda en el orden de los 40 mil, habría que sumar los que se acumulen de aquí a que termine su sexenio. Otro factor en su contra será si de veras habrá disminuido el problema del tráfico de estupefacientes y el consumo interno de drogas. El factor tercero será el de cuánto se habrá gastado de dinero del erario en esa guerra las cuales, dicen los expertos, acaban siendo un gran negocio para los que las promueven.

No se sabe si será la Auditoría Superior de la Federación la encargada de escudriñar cómo estuvieron los gastos de guerra que al final resultará por demás muy desigual por tantas vidas que se habría llevado, en tanto las mafias, como desde ahora podría apostarse, lejos de disminuir su poder y su ventaja, las acrecentará. El saldo de esa lucha, no cabe la menor duda, será devastador para los anhelos políticos de querer que el partido del Presidente repita por tercera vez en el mando federal.

La gente, millones de mexicanos, han hecho suya la frase del poeta, escritor y articulista Javier Sicilia de “!Estamos hasta la madre¡”. Pero eso no le dice nada al mandatario panista, quien sigue con su ‘voy derecho y no me quito’, pese al malestar e indignación que cada vez se extiende más entre los diversos sectores de la población, mayormente en las entidades en donde persiste el olor a violencia y sangre y profundo dolor por tantas muertes acaecidas en gente inocente, como Tamaulipas, Durango, Chihuahua, Nuevo León, Michoacán, Guerrero y decenas de estados más.

Las mafias del narco y del crimen organizado no han parado de enfrentarse a las fuerzas armadas del gobierno incluso con armamento mucho más sofisticado que los que utilizan los soldados y los cuerpos policiales federales; entre las filas de los sicarios hay mercenarios adiestrados para realizar operativos tipo guerrilla urbana como ha quedado demostrado en infinidad de ocasiones. Muchos de ellos están imbuídos, como los Kailbiles que hay entre las filas de los ejércitos al servicio de los capos, para cometer actos extremistas que rayan en el terrorismo.

Hay muchos misterios en las entrañas de esa guerra, que desde su origen estuvo cuestionada porque el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, o sea el Presidente, a nadie consultó, Hoy, cuando el asunto se ha salido de madre, hay una sensación de desesperación de parte de quienes integran el aparato de seguridad, no sólo porque la sociedad empieza a presionar al mandatario panista diciendo en cartelones, “Calderón, no quiero ser víctima de tu guerra” como sucedió recientemente en Cuernavaca, sino por tantos muertos siguen sumándose a la macabra lista y más y más cadáveres son descubiertos en fosas clandestinas.

El asunto no sólo es razón de indignación y hartazgo por parte de la población mexicana, sino que ya es motivo de escándalo internacional por tanta corrupción, impunidad e ineficiencia del gobierno  ante ese monumental problema, en donde de fuera observan, empezando por el gobierno de Washington, que la guerra emprendida por el presidente Calderón está extraviada –sin brújula pues– además de perdida en el terreno bélico, y ve con ojos cada vez más desorbitados, cómo el imperio del crimen organizado avanza en México. Temen que esa violencia cruce la frontera.

El gobierno no ha podido contra el monstruo al que se enfrentó creyendo que era de paja y sin saber del poderío de que era capaz. Una y otra vez las voces oficiales y oficiosas han dicho sobre esa guerra que el gobierno le ha ido ganando la partida a los capos y sus sicarios, pero ese supuesto avance ha sido para efectos mediáticos; ha sido más coreográfico que real el supuesto avance triunfal contra las mafias. La verdad es otra.

Es obvio que la obsesión por esa guerra y sobre todo la necedad de no variar el método, está haciendo que empiece a cundir la agitación entre millones de mexicanos la cual  cada vez cobra más fuerza bajo el lema de “!Estamos hasta la madre¡” que se ha convertido en himno nacional contra esa narcoguerra, en la que nadie gana y todos pierden. Al término del sexenio –o antes si Washington apura las cosas– alguien, acompañado de otros, estarán subiendo al banquillo de los acusados, en un adelantado juicio de la historia. Y si no, como dirían los clásicos, al tiempo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


Anuncios

Los comentarios están cerrados.