Frustrado y desesperado

PAULINO CÁRDENAS

Las cosas para el gobierno de Felipe Calderón no están siendo como la esperaban para estas fechas sus ‘asesores’ de guerra con respecto al combate a las mafias del narco y de otras actividades del crimen organizado que tienen sumido en el miedo, en el dolor, la indignación y el hartazgo a millones de mexicanos. Esos cálculos fallaron. De ahí el reclamo abierto de millones de mexicanos, por esa guerra fallida, por sus pobres resultados, por la necedad de seguir con la misma estrategia y por los alrededor de 40 mil muertos que hasta ahora ha cobrado esa aventura bélica.

Hace unas semanas el presidente Barack Obama hizo un comentario que resultó lapidario, de pocos amigos, sobre este grave problema que se abate sobre México desde que empezó el sexenio. Dijo que los cárteles han ido cobrando más poder cada día, lo que ha provocado en su homólogo mexicano un estado de frustración. Esto ha quedado de manifiesto en los últimos días con las declaraciones públicas que ha hecho el jefe del Ejecutivo, que en tono enérgico, airado y colérico insiste en que todos hagan suya una guerra que no es de todos.

Resulta evidente que no sólo le preocupó al mandatario panista lo que piensa su homólogo norteamericano, sino lo que los mexicanos siguen viendo todos los días en cuanto a violencia, sangre y muerte y la aparición de más y más fosas clandestinas de las que siguen extrayendo decenas de cadáveres ejecutados y algunos de ellos decapitados, escenarios macabros que pareciera corroborar lo que expresó el mandatario norteamericano sobre el empoderamiento de los cárteles y la frustración presidencial.

Los hechos y no las palabras son las que hablan y se imponen al discurso oficial. Sólo hay que darle un repaso a los útlimos acontecimientos que han estado sucediendo en Tamaulipas y el de las ejecuciones de los jóvenes acaecidas en Morelos –por sólo mencionar dos de los casos sangrientos más recientes– por lo que los mexicanos decidieron salir hace unos días nuevamente a las calles a manifestar su indignación y su hartazgo por las consecuencias de una estrategia de guerra que no funciona, protestas populares que empezaron en Cuernavaca y que al Presidente molestan porque los reclamos son contra él y su guerra.

Incluso el clamor de “!Estamos hasta la madre¡” –cuya paternidad para el caso es del poeta, escritor y articulista Javier Sicilia a quien le mataron a un hijo cerca de Cuernavaca, frase que ha seguido usándose como himno popular en todo el país para mandarle el mensaje al gobierno que su estrategia no sirve para combatir a los delincuentes–, Calderón la pretende hacer suya cambiándola por un trillado “!Ya basta” y exigiéndole a la ciudadanía que los reclamos los dirijan a los delincuentes y no a quienes los combaten.

El Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas quiere convertir la real amenza del crimen organizado en una corresponsabilidad de todos, cuando es la actuación de las fuerzas armadas en la lucha contra las drogas la que ha sido incapaz de frenar al enemigo ni el salvajismo y las atrocidades contra la población inocente cuyos abominables actos se han venido convirtiendo en franco narcoterrorismo para poner en jaque al gobierno. Se infiere que no pueden, no por incapacidad, sino porque hay muchas ‘cochinadas’ –infidencias,  descoordinación, celos, corrupción e impunidad–, en medio de toda esa lucha.

Los voceros de las fuerzas armadas y federales han insistido en que esa guerra contra las mafias podría durar entre siete y diez años, acaso porque el gobierno ve muy difícil acabar en el corto plazo con toda esa gama de trabas que impiden que se vaya por el camino correcto. Ni siquiera se ha podido formalizar la famosa Policía Única con la que cree el Comandante Supremo que se empezarían a formar nuevos cuadros policiales para que ‘un día’ regrese el Ejército a sus cuarteles.

Ni siquiera en los porgramas de ‘control de confianza’ se ha podido avanzar cabalmente. Los gobiernos estatales ni municipales jalan parejo con el gobierno federal en esa petición que lleva años haciéndola el presidente Calderón, por lo que hace unos días volvió a quejarse de que no cumplen con esa formalización de acción conjunta. Los gobernadores arguyen que les faltan recursos para ese rubro, aunque para otros asuntos hay incluso despilfarro de dinero.

Pero tampoco el presidente Calderón ha querido escuchar otras sugerencias que le han hecho expertos en la materia, como cortarle de tajo el flujo de dólares a las mafias con los que los cárteles mantienen vivo el poder de su fuerza y la han acrecentado. El lavado de dinero es donde está el principal ‘talón de Aquiles’ del narco. Eso lo sabe el Comandante Supemo, quien prefiere el contrataque verbal cada vez que le tocan el tema de su fallida estrategia de guerra. De ahí no lo sacan. Y de ahí que la desesperación, más que la frustración, es la que ha empezado a hacer mella en él.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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