Ejército, eje de la discusión

PAULINO CÁRDENAS  

El presidente Felipe Calderón ya dijo que seguirá la misma estrategia de combatir la violencia de la narcocriminalidad, con el Ejército por delante, pese a los negativos resultados y la impresionante regazón de muertos en muchos estados de la República que se ha convertido en protesta popular, lo que ha empezado a sacar de sus casillas al mandatario panista cada vez que la ciudadanía lanza sus reclamos. El viernes pasado exigió a toda autoridad cumplir con su obligación y a la sociedad rechazar “sin titubeos” a los delincuentes queriéndole endilgar a ésta una guerra que no es de ella.

Y para que no hubiera dudas de que seguirá con la misma estrategia fallida, anunció enérgico que se reforzará los operativos en todo el país y que incementará la presencia federal en los estados en donde las cosas están desbordadas. Es decir que pese a los resultados tan negativos y a que ha demostrado su infuncionalidad, no variará ni un ápice su estrategia de guerra. Dijo que no se le dará al crimen organizado ‘licencia para matar’

En todos estos dimes y diretes el Ejército mexicano sigue siendo el eje de la discusión. ¿Por qué no se ven avances tangibles en esa lucha? Por diversas circunstancias. Entre las principales porque en medio pululan la corrupción y la impunidad que no se han querido atacar formalmente. Además ha habido numerosas quejas sobre violación de derechos humanos contra miembros del Ejército mexicano por parte de organismos nacionales e internacionales contra gente inocente caída en medio del ‘fuego cruzado’ que el gobierno sólo ‘torea’ pero  no resuelve.

Sobre este tema poco o nada es motivo de discursos. Acaso lo ha hecho para salir en defensa de las acusaciones que pesan sobre el Ejército por parte de organismos no gubernamentales nacionales e internacionales incluída la ONU. La aparente ineficiencia del Ejército en esa tareas a las que fue convocado para dejar sus cuarteles y salir a las calles para combatir a los sicarios al servicio de las mafias desde que se le decretó la guerra a los capos en diciembre de 2006, tiene muchos asegunes.

Desde el 4 de mayo de 2007 en el Diario Oficial de la Federación se anunció la creación de un Cuerpo Especial de Fuerzas de Apoyo Federales, Ejército y Fuerza Aérea el cual estaría bajo el mando único del Presidente de la Republica. Se explicaba que este cuerpo se creaba debido a las decisiones tomadas ya antes por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en donde después de estudiar los artículos 16, 28, 89 en las fracciones VI y 129 determinó que “las Fuerzas Armadas pueden actuar en apoyo a las autoridades civiles en las tareas diversas de seguridad de la población”.

Entre las tareas que se la asignaban a este nuevo Cuerpo estaba el de “atender el surgimiento de fenómenos o situaciones excepcionales que pongan en riesgo la seguridad interior de la nación, el orden público, la integridad y la vida de los ciudadanos y la estabilidad de cualquier parte del país”. También se señalaba que proporcionaría apoyo a las fuerzas civiles en “tareas de restauración del orden público, en el combate a la delincuencia organizada y en cuanto a actos que atenten contra la seguridad de la nación”.

Esto por supuesto que ha estado muy lejos de haberse cumplido cabalmente. ¿Por qué? Por falta de coordinación, cooperación y por las infidelidades de inteligencia entre las diversas corporaciones que las han hecho quedar mal de cara a su jefe  el Comandante Supremo de las Fuerzs Armadas, en no pocos casos. También y en primerísimo lugar cuenta mucho la impunidad que se da por las colusiones entre las mafias y las autoridades corruptas.

En Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Nuevo León, Guerrero, Michoacán y otras muchas entidades del país, el Ejército se la ha tenido que ‘jugar’ contra los sicarios de las mafias, a consecuencia de lo cual también han habido quejas por violación a los derechos humanos de civiles o quejas por muertes de inocentes a causa del ‘fuego cruzado’, crítica que se le ha venido haciendo a Calderón, lo cual le enoja cada vez que cualquiera lanza la protesta.

Por otro lado nada o muy poco se ha hecho para formar nuevos cuadros entre los cuerpos policiales en ninguno de los tres órdenes de gobierno. Por tanto el Ejército mexicano tendrá que seguir en las calles combatiendo a los sicarios como si fueran policías. Aunque la ofensiva militar no haya alcanzado los objetivos de controlar la violencia, la estrategia seguirá siendo la misma. Las consecuencias de insistir en ella no importan. El número creciente de muertos, tampoco. Y aléguenle.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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