Cuernavaca, otro secuestro

PAULINO CÁRDENAS

El país sufre una alarmante ola criminal. No sólo se trata de la actividad del narcotráfico que es acaso la más conocida entre las 23 vertientes delictivas con las que suele ser clasificado el crimen organizado y la que mayor número de críticas ha tenido el gobierno que encabeza Felipe Calderón, por no poder abatir los índices de tráfico de drogas, de consumo, ni de muertes, a consecuencia de la guerra contra los capos de la droga emprendida desde diciembre de 2006.

Otra actividad delictiva que ha cobrado auge en los últimos tiempos es el tráfico de indocumentados, en donde actos intimidatorios que rayan en el terrorismo como las ejecuciones y decapitaciones de las bandas contra gente inocente ha puesto contra la pared al gobierno federal, a los gobiernos estatales y a los  municipales de varios estados de la República. El caso de las nacofosas descubiertas en Tamaulipas y otras entidades del país con decenas de cadáveres, ocupa la atención nacional e internacional.

Sin embargo, otra importante vertiente del crimen organizado ha sido el secuestro, en donde México ostenta el primer lugar a nivel mundial con cerca de 10 mil casos denunciados al año, sin contar los llamados secuestros exprés que no son dados a conocer por las autoridades, ni aquellos en los que la familia solicita la no intervención policial como fue el caso del panista Diego Fernández de Cevallos.

Cuernavaca, capital del estado de Morelos que desde los años 90 ha sido santuario de secuestradores, parece no haber perdido esa condición. Por si algo le faltara a la famosa ‘ciudad de la eterna primavera’, otrora convertida entre las preferidas de la gente para irse a vivir o para ir de descanso los fines de semana, un relojero suizo, Olivier Tschumi, de 49 años, fue secuestrado desde diciembre del año pasado y es la fecha que no aparece.

Su familia había guardado silencio en busca de negociar su liberación. Tschumi, un horticultor y dedicado al negocio de la relojería, fue secuestrado el pasado 19 de diciembre cuando paseaba a sus perros en un paraje boscoso. Los dos canes, uno primero y otro después, llegaron a su domicilio. Lo único que encontraron del plagiado fueron sus lentes tirados. No llevaba consigo ningún documento de identidad.

Sus raptores contactaron al socio de Tschumi y le exigieron 300 mil dólares para el rescate. Solamente contaba con 10 mil dólares que fueron entregados en dos sacos al día siguiente de lo que parece fue una desaparición forzada. Esperaban una ‘prueba de vida” para dar el resto del dinero pero desde entonces nada se ha sabido del ciudadano suizo.

 Su esposa con la que procreó cuatro hijos, su madre y la hermana de nombre Frèdérique Santal, junto con el abogado que asiste a la familia, Max Morales Martínez, penalista y especialista en liberación de rehénes, decidieron hacer público el secuestro en torno del ciudadano suizo, en torno al cual habrían sido detenidos dos policías involucrados en el caso. La familia de Olivier Tschumi optó por romper el silencio y ha pedido ayuda al gobierno de Suiza y de México.

“No sabemos si hablar de Olivier en pasado o en presente”, dijo la hermana del secuestrado a la prensa y a la televisión helvética. Señaló que la madre de ambos, quien llevaba 20 años viviendo en México, está en Cuernavaca y a diario va y viene para saber algo de su hijo, algúna noticia que le pudiera dar esperanza de que su hijo sigue con vida.  ‘Mi madre va a hablar con las autoridades del estado de Morelos, va a la policía, va a la morgue, está consumida de pena, pero desgraciadamente seguimos sin saber nada”, señaló Frèdérique.

En los años 90’s Daniel Arizmendi apodado el ‘Mochaorejas’ fue quien le dio fama a Cuernavaca como santuario preferido de secuestradores. Pronto se convirtió en protitipo del surgimiento de una nueva clase de delincuente. A sus 25 años, mientras se desempeñaba como oficial de la Policía Judicial Estatal de Morelos, aprendía de sus colegas cómo torturar detenidos. En una purga policial fue despedido, se dedicó a robar coches en Ciudad Neza en donde había crecido.  Luego de haber sido detenido por robo en 1990, empezó su carrera como secuestrador.

El de un comerciante español fue su primer secuestro, el cual le dejó 60 mil dólares. Se dio cuenta que era una mina de oro y sus ‘clientes’ fueron prósperos empresarios españoles. A cada víctima, además de sacarle dinero con el sanguinario método de mocharles una oreja y enviarla a sus familiares, también los interrogaba largamente para sacarle datos de otras gentes millonarias.

Fue hasta 1998 cuando el ‘Mochaorejas’ fue aprehendido por el comandante del estado de México hoy fallecido, Alberto Pliego Fuentes, discípulo del almirante Wilfrido Robledo Madrid, hoy alto funcionario del gabinete de seguridad, y de su entonces asistente principal, Genaro García Luna, hoy flamante secretario de Seguridad Pública federal. Pliego había iniciado su carrera como guardaespaldas de Arturo Durazo Moreno alias ‘El Negro’, corrupto jefe de la Policía de la ciudad de México.

No obstante que Arizmendi cometía sus fechorías en Querétaro y otras ciudades, su refugio fue siempre Cuernavaca, capital de Morelos, entidad que había sido invadido por secuestradores desde 1994, cuando el general retirado Jorge Carrillo Olea asumió la gubernatura de ese estado. Su segundo jefe antisecuestros, Armando Martínez Salgado, resultó ser delincuente.

Aunque han habido frecuentes secuestros en Cuernavaca, no fue hasta que desapareció en esa ciudad la hermana de Bill Richardson, embajador de Estados Unidos ante la ONU que había crecido en México, cuando el entonces presidente Ernesto Zedillo le puso atención a esa actividad delictiva y ordenó su rescate. Pero sigue la mata dando, como se ve con el caso del relojero suizo y otros que sin duda deben estar en tratos silenciosos.

 pcardenascruz@yahoo.com.mx

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