En Roma, ¿doble propósito?

PAULINO CÁRDENAS

Sus críticos comentan que la ida del presidente Felipe Calderón a Roma habría tenido un dobe propósito: a) Cumplirle al pueblo católico de México con su presencia en la beatificación de Juan Pablo Segundo en donde el fantasma del padre pederasta Marcial Maciel protegido del llamado Papa Peregrino rondó en la celebración litúrgica celebrada en El Vaticano y, b) Implorarle al recién ungido beato hacedor de milagros la posibilidad de que le pudiera conceder la gracia de salir bien librado como gobernante al final de su sexenio. Lo cierto es que para ese viaje lo del Estado laico le pasó a valer.

Y también es verdad que, en lo que resta a su administración, el tiempo no le alcanzará para resolver tanto rezago que hay en la agenda gubernamental, de asuntos que se han postergado porque su prioridad ha sido, y seguirá siendo, la narcoguerra, la cual no sólo será el estigma que lo señalará para el resto de sus días, sino que al rendirle cuentas a la nación del balance entre los beneficios que pudo haber tenido esa aventura y la realidad, sus resultados le serán muy adversos.

Sólo habría que considerar que si el número de muertos por esa guerra hasta ahora anda por el orden de los 40 mil, habría que sumarle los que se acumulen de aquí a que termine su sexenio, cifra que sin duda acabará siendo de récord mundial. Hasta ahora otro factor en su contra es que, por más recursos propios y ajenos que le ha inyectado a esa aventura bélica, los resultados han sido francamente negativos porque ni ha disminuído el problema del tráfico de estupefacientes ni tampoco el consumo interno de drogas. Y el poder de los capos ha crecido.

Un tercero será que al final del recuento su administración quedará marcada como la del sexenio de la narcoguerra, en tanto a las mafias que supuestamente habría combatido su gobierno, habrán alcanzado más poder del que tenían, dejándole esa negra herencia a su sucesor quien de esa tarea inacabada tendrá prácticamente que empezar de cero y evitar caer en la aplicación de estrategias necias porque, de hacerlo, los resultados serían similares y la gravedad para la sociedad se vería agigantada.

Además del tema del cuantioso dinero del erario que se ha ‘comido’ esa guerra y que obviamente le será reprochado severamente, uno de los apuntes que  le han venido haciendo sus críticos ha sido el de haber permitido que el país esté quedando cada vez más como rehén de los criterios de la Casa Blanca, en donde el trabajo sucio y los muertos los ha puesto México.

En la reunión del pasado viernes celebrada en Washington, los integrantes del gabinete de seguridad de nuestro país de nueva cuenta sólo habrían ido a recibir ‘linea’. No se sabe si Estados Unidos, con la complacencia del Senado mexicano y del gobierno panista, seguirá violando la soberanía del país con más planes como el de Rápido y Furioso o enviando aviones no tripulados teledirigidos que pasan al espacio aéreo mexicano como Juan por su casa, dizque para detectar rutas del narco.

Otro asunto es el rezago de tantos rubros que han quedado pendientes por estar sólo atento a la narcoguerra. Asuntos como el de la deteriorada economía y el impulso al desarrollo del país para sacarlo del estancamiento en que se encuentra, han quedado en el camino y son temas que lo han empezado a poner contra la pared a él y a su gobierno y que conforme avanza el tiempo empeorará, lo que incidirá de manera negativa en su partido respecto a las contiendas electorales que se avecinan.

Millones de mexicanos han hecho suya la frase del poeta, escritor y articulista Javier Sicilia de que ‘!Estamos hasta la madre¡’, quien el próximo fin de semana encabezará una nueva marcha de protesta ‘silenciosa’ que tendrá réplicas en todo el país, por tantos crímenes habidos en México entre ellos el de su hijo; por la impunidad que impera en medio y porque el gobierno no ha sido capaz de frenar el baño de sangre en el país. Hasta el ‘sub’ Marcos, que ha vuelto a dar señales de vida, se sumará en Chiapas a la protesta.

Todos saben que la estrategia del gobierno ha sido la de sostener al Ejército obigándolo a hacerle de policía para eliminar uno a uno los cárteles y dejar al más fuerte y poderoso para al final tratar de llegar a un acuerdo y negociar la disminución de la violencia, aunque en ese escenario no contaban con que los Zetas serían un hueso muy duro de roer.

Por ello, dicen sus adversarios, el presidente Calderón habría aprovechado su viaje al Vaticano, no sólo para quedar bien con los creyentes mexicanos de la religión católica, sino para aprovechar y pedirle al nuevo beato el milagro de salir bien librado de la fallida aventura narcobélica de la que ya no sabe cómo salir.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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