Preocupación presidencial

PAULINO CÁRDENAS

En sus dos principales apariciones televisivas de esta semana –una, la entrevista con Joaquín López Dóriga y otra, un mensaje a la nación–, así como en la celebración de la Batalla del 5 de mayo, el presidente Felipe Calderón ha vuelto a defender su estrategia de guerra contra las mafias y a hacer  el reiterado llamado a la ciudadanía de que se sume a su gobierno en apoyo a la narcoguerra. Aprovechó esos espacios para volver a cuestionar a sus críticos y a aquellos que, según él, quieren que el gobierno  se rinda, claudique o entregue el país a criminales y gavillas asesinas, lo cual, que se sepa, por ninguna cabeza ha pasado esa idea, excepto por la suya.

A pesar de su esfuerzo de verse vehemente y optimista, se le ha visto preocupado y hasta con un dejo de desesperanza; no pudo evitar inflexiones coléricas contra sus críticos a quienes les achaca argumentos que no existen, al menos en la forma en que las refiere el madatario panista. Una de las cosas que le han criticado es que su estrategia ha resultado fallida y le siguen reprobando el no haberle consultado a nadie, ni poder Legislativo ni al Judicial, que desde el arranque de su sexenio le iba a declarar la guerra a las mafias organizadas. De ello, ni una palabra.

En la entrevista con López Dóriga reafirmó que lo que ha hecho es defender el derecho de los ciudadanos contra los embates de las mafias organizadas. Está convencido de que, pese a la espeluznante cifra que lleva esa guerra de casi 40 mil muertos más los que se acumulen al término de su sexenio, la que impera ha sido la mejor opción estratégica en el combate a los capos, no obstante que ni se ha visto mermado el poder de éstos sino al contrario, ni el tráfico de drogas y el consumo de estupefacientes han disminuido, sino que al revés, se han incrementado.

Pero ni en la entrevista ni en su mensaje televisivo ni en la celeración del 5 de mayo, reconció que el problema de origen es que a nadie consultó antes de tomar la decisión de lanzarse contra las mafias, ni que fue engañado por sus ‘asesores’ de guerra que le hicieron creer que con el apoyo de las fuerzas armadas el asunto sería ‘pan comido’por lo que daban por hecho que se hubiera reivindicado de cara a la nación para convencer a los mexicanos que no votaron por él y los que se abstuvieron de hacerlo, después de que para su principal oponente le fue robado el triunfo en las elecciones del 2006.

Lejos de eso, en los casi cuatro años y medio que lleva la narcoguerra, se ha visto crecer el poderío de los ejércitos armados de los capos y disminuida la fuerza gubernamental armada que los combate, como lo dijo hace unas semanas a su regreso de una gira por Sudamérica el presidente norteamericano Barack Obama, quien señaló que eso tenía frustrado a su homólogo mexicano Felipe Calderón. Pero de eso tampoco habló para la televisión.

Vinculado con el mismo tema, los mexicanos no han sabido de los verdaderos motivos de las reuniones del gabinete de seguridad que asisten solícitos a Washington cada vez que los llama a cuentas la secretaria de Estado norteamericano Hillary Clinton. Tampoco se sabe qué tanta verdad encierra lo que dijo en febrero pasado la secretaria de Seguridad Interior de ese país, Janet Napolitano, de que su gobierno teme que el cártel de Los Zetas pudiera aliarse con la agrupación terrorista Al Qaeda, más ahora que fue asesinado Osama Bin Laden, por lo que ha sido lanzada la amenaza de venganza de esa grupación terrorista contra Estados Unidos y sus aliados.

A los mexicanos tampoco se les ha dicho la verdad de operativos sobre trasiego de armas de Estados Unidos al nuestro como el de ‘Rápido y Furioso’ o de incursiones de aviones norteamericanos no tripulados que entran a nuestro espacio aéreo como Juan por su casa dizque en busca de guaridas de narcos, lo que ha sido por demás violatorio de nuestra soberanía, lo que se ha realizado con la evidente anuencia del gobierno y la complacencia del Senado mexicano.

En fin, que esas apariciones del Presidente en las pantallas chicas dejan mucho qué desear para efectos de informar cabalmente a la nación sobre lo que verdaderamente hay detrás de la guerra contra las mafias y su evidente fracaso. Tratar de convencer a estas alturas de que esa guerra es una buena causa nacional y que deben hacerla suya todos, resulta demasiado tarde. Tampoco basta con decirle a la clase política que ‘hay que tener patria antes que partido’, porque entonces él debería predicar con el ejemplo. Lo cierto es que hay preocupación presidencial porque el tiempo se le acaba.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

Anuncios

Los comentarios están cerrados.