“¡Queremos paz!”, el clamor

PAULINO CÁRDENAS

El silencio de la Marcha por la Paz y la Justicia hoy convertida en movimiento civil pacífico, puede transformarse en un estruendoso alarido social que sin duda irá creciendo por todas partes, si el presidente Felipe Calderón, la clase política, los tres niveles de gobierno y los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial no le prestan atención a las protestas por el baño de sangre en el país, la ausencia de justicia para los muertos y por la impunidad que priva en la guerra emprendida contra las mafias organizadas. En todo el país el clamor es: “¡Queremos paz!”.

Ayer, en plena Plaza de la Constitución, el promotor y líder de la marcha, el poeta, escritor y articulista Javier Sicilia pidió la renuncia del secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, principal ‘asesor’ de guerra del presidente Calderón quien por mandato constitucional funge como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas e insiste en no cambiar su fallida estrategia en el combate al narcotráfico y al crimen organizado, con el Ejército por delante haciendo labores policiacas.

Sintetizadas en la frase “¡Estamos hasta la madre!”, quedaron de manifiesto las recriminaciones sociales contra los gobiernos federal, estatales y municipales, así como a la clase política en general contra la narcoguerra que fue calificada por la multitud de ‘inútil’ y ‘fallida’ y que desde 2006 a la fecha ha cobrado unas 40 mil muertes, muchas de ellas de gente inocente. El evento finalizó con un acto multitudinario y cerró con un mítin en el que diversos oradores acordaron realizar actos de resistencia civil en todo el país, si no se cumplen los resolutivos acordados para frenar las matanzas.

Los acuerdos fueron: Suscribir un Pacto Nacional con la sociedad civil y no con las autoridades porque “la sangre de los muertos no se negocia”; desmilitarización inmediata, justicia para las y los asesinados y desparecidos; rechazo a las reformas a la Ley de Seguridad Nacional y a la Ley Laboral; que el Estado garantice el respeto de los derechos de las mujeres para tener una vida libre de violencia; democratización de la propiedad y el contenido de los medios de comunicación; “no” a la privatización del arte y la cultura; educación pública, laica y gratuita para todos; vida digna con respeto a los derechos humanos, y acuerdo de organización y movilización, con cierre de calles y carreteras, la próxima vez que un luchador social sea asesinado. El Pacto será firmado en Ciudad Juárez en fecha próxima.

Asímismo explicaron el estado que guarda el país ante la emergencia nacional provocada por la violencia, y las razones, los objetivos, así como las acciones a realizar, para obligar a que los gobernantes cumplan con sus obligaciones para poner fin a la impunidad, la corrupción y el goce de privilegios que privan en el país. Hubo oradores que dolidos por la pérdida de un ser querido, denostaron a los gobernantes y a la clase política del país. Fue donde más se sintió el “¡Estamos hasta la madre!”.

A su paso por carreteras y poblaciones, hubo expresiones de apoyo de la ciudadanía ofreciéndoles agua, comida, frutas, refrescos y sobre todo su solidaridad manifestada por aplausos y pintas en cartones y mantas en las que se leían, entre otras muchas, ¡No más sangre!, ¡Ya basta!, ¡Ni uno más!. La marcha fue en silencio, el cual fue roto cuando un grupo de habitantes de Atenco gritó “¡Zapata vive, la lucha sigue!”.

Algunos padres de los niños muertos en la guardería ABC, de Hermosillo, Sonora, también le expresaron su solidaridad a Sicilia. Lo mismo sucedió en San Crsitóbal las Casas, Chiapas, con miles de indígenas, bases de apoyo del EZLN. Hasta la Iglesia le envió su reconocimiento al poeta, escritor y articulista, quien en sus años mozos quiso ser sacerdote y en su caminata de Cuernavaca al Distrito Federal enarboló un estandarte de la Virgen de Guadalupe. México, que es un país netamente guadalupano podría estar estrenando líder.

Ojalá que cuando menos el propósito de Sicilia acabe en un despertar social que sacuda conciencias. Ojalá también que como respuesta no vuelva a esgrimirse la necedad de que la estrategia seguirá siendo la misma porque dizque es muy buena, como si de veras hubiera funcionado a pesar de los miles de muertos que ha cobrado esa aventura bélica. Lo evidente es que hay un despertar social. Y parece ser apenas el principio, ya que el enardecimiento por tantas muertes y tanta impunidad es mucho.

pcardenascruz@yahoo.com.mx



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