Sigue el buey en la barranca

PAULINO CÁRDENAS

México es un país caracterizado por su lento crecimiento económico y una alta desigualdad. Por ello necesita inversiones en infraestructura, en educación y en políticas sociales, áreas en las que –asegura la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la OCDE–, aunque se ha incrementado el gasto en los últimos años por los mayores ingresos obtenidos con los cambios fiscales de 2007 y 2009, y por los altos precios del petróleo que aportan uno de cada tres pesos del gasto público federal, no ha sido suficiente para impulsar el desarrollo ni abatir los índices de pobreza.

En un comentario escrito que acompañó la publicación del estudio ‘Revisión económica de México 2011’ dada a conocer el martes, ese organismo internacional propone al gobierno de México que si se quiere reducir la pobreza, reparta dinero en efectivo de manera selectiva a los núcleos más necesitados del país, en tanto como ayudadita recomendó acelerar el proceso para eliminar el subsidio al precio de las gasolinas, es decir, que aumenten con más rapidez para, aunque no lo especifica, equipararlos a los precios internacionales como insiste Hacienda.

Asímismo, señala que se debe equilibrar la competencia desapareciendo monopolios, ya que una tercera parte del presupuesto familiar se gasta en bienes y servicos que ofrecen éstos, y los oligopolios, dejando sin alternativas de compra a los consumidores. El organismo internacional, que dirige el ex secretario de Hacienda, José Angel Gurría, también plantea tomar acciones para modificar la situación fiscal del país, ya que el nuestro es el país que menos recauda impuestos entre los 34 adscritos a la OCDE. Entre otras causas, se sabe, porque hay grandes tiburones que no los pagan.

De manera suave, critica que la tasa cero al consumo de alimentos y medicinas beneficia en “gran medida” a los hogares de mayor ingreso, por lo que recomienda mejor realizar transferencias de efectivo en forma focalizada “si se quiere reducir la pobreza”. El comentario escrito, que firma el titular de a OCDE, señala: “El país necesita una estrategia contundente para eliminar los subsidios a la energía y encontrar mejores formas de proteger a los pobres”.

Al referirse a los monopolios que dominan el mercado en México, el estudio señala que la existencia de éstos provoca que un hogar promedio gaste una tercera parte del presupuesto familiar en los bienes o servicios que produce y ofrece. Ese gasto es todavía mayor en los estratos de menor ingreso, apunta.

Añade: en varios sectores la regulación, lejos de promover la competencia, ayuda a los participantes a que no entren competidores. Destaca que los monopolios que operan en el país van, de las aerolíneas al transporte interurbano, de la venta de medicamentos a los servicios bancarios o las telecomunicaciones donde el promedio de precios supera en 30 por ciento a los que prevalecen en los 34 países que conforman el organismo.

En síntesis, lo que revela ese estudio es que a México le faltan muchos pendientes qué atender, por lo que ha caído en un lento crecimiento económico y alta desigualdad social, pese a los pronósticos optimistas del gobierno panista que encabeza Felipe Calderón. Es claro que mucho de la culpa recae en el aparato Legislativo en donde se deberían discutir más aceleradamente los puntos que pudieran ser propuestos en beneficio de los mexicanos. Sin embargo, son los intereses partidistas lo que impide sacar al buey de la barranca.

Si a esto se aúna que el gobierno que encabeza Felipe Calderón sólo se ha preocupado por los asuntos de la guerra contra las mafias del crimen organizado que ha sido su prioridad, no sólo en cuanto a atención personalizada, sino en lo que respecta al presupuesto asignado a esa aventura bélica que ha resultado infructuosa, se puede empezara a entender por qué, por más ‘balonas’ que le hacen a México organismos internacionales con sus diagnósticos sobre la situación económica y social, las cosas no van a mejorar, porque en lo político no hay suma de voluntades. Y menos podrá hacerse algo en el corto tiempo que le queda a la actual administración.

Los pendientes no se van a resolver con discursos ni con el encendido optimismo que le ponen a sus intervenciones las voces oficiales que afirman que el actual gobierno ‘va bien’, que ‘estamos como nunca’, que en el país ‘no hay crisis’ y que este ha sido el gobierno más ‘humanista’, no. Los hechos son los hechos y ahí están a la vista.

Y pese a que la OCDE, con el mexicano Gurría al frente –priísta de corazón– se ha visto políticamente prudente en el diagnóstico sobre lo que le falta por hacer al gobierno panista –y al Legislativo– en dos de las tres vertientes que hacen que un país avance, ni así. México sigue siendo un país caracterizado por su lento crecimiento económico y una alta desigualdad. Sigue el buey en la barranca.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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