Yoloxóchitl habló claro

PAULINO CÁRDENAS

Los principales problemas de la educación superior mexicana no son nuevas y podrían ser explicados en función de las anomalías pasadas y presentes; tienen su origen en olvidos y por rezagar la atención de sus necesidades por otrogársela a otros rubros, como en el caso de la actual administración que ha preferido darle toda la atención y los recursos a la guerra contra los cárteles de la droga y el crimen organizado. De suyo la educación superior tiene problemas porque la población crece, porque los pobladores crecen; porque las necesidades crecen y la oferta de empleo para los egresados no crece al ritmo que debiera.

Es un hecho que los egresados de instituciones de estudios superiores no tienen suficientes oportunidades de empleos que coronen los años de esfuerzo y de sacrificios de ellos y de sus familias. Y la paga es mísera a los pocos que logran un empleo. Por ello algunos desertan de la escuela, terminan en la economía informal o en el subempleo o acaban en la delincuencia. De eso trató el discurso de la directora del Instituto Politécnico Nacional, Yoloxóchitl Bustamante el miércoles pasado en Los Pinos, durante la entrega de la presea Lázaro Cárdenas 2011, que se juntó con la conmemoración del Día del Politécnico y los 75 años del nacimiento del IPN.

Dijo cosas que incomodaron al presidente Felipe Calderón. Como cuando señaló que la educación ‘es el primer gran paso’ para erradicar de raíz la violencia y que las mejores ‘armas’ para sacar al país adelante son el crecimiento económico, la seguridad y el empleo, en alusión a las armas que utiliza el gobierno para enfrentar a los criminales y a los recursos que destina a esa infructuosa aventura bélica.

Eso molestó al mandatario panista porque las palabras de la directora del IPN entrañan una dura crítica al descuido de su gobierno por la educación y la falta de oportunidades de empleo a favor de los estudiantes egresados de instituciones públicas de estudios superiores, en tanto la atención y recursos que deberían ser vastos para la educación y otros importantes rubros programáticos para impulsar el crecimiento económico y abatir los índices de desigualdad en el país, ha preferido asignárselos a la guerra contra el narcotráfico y las mafias del crimen organizado a lo largo de su mandato.

Durante su intervención, Bustamante se había quejado de que los jóvenes mexicanos terminan en la delincuencia, la economía informal o el subempleo, por falta de trabajo. Resaltó que 75 años después del nacimiento de la institución, ahora a su cargo, el contexto en el país ha cambiado radicalmente, aunque la parte relativa a la pobreza y la desigualdad social siga siendo una razón esencial, por lo cual es indispensable empeñar los más grandes esfuerzos por parte del Estado.

Recordó que la frase del único sobreviviente de la tragedia de la explosión en Sabinas, Coahuila, Fernando Lara Ruiz, un joven de 15 años, es muy elocuente: “Sigan estudiando para no trabajar en estas cosas”. Consideró que de poco vale apostarle a la educación si los egresados no encuentran empleo adecuado y deploró que “terminamos por definir con calificativos despectivos y denigrantes, que deberíamos, por vergüenza, desterrar del lenguaje público”, refiriéndose sin decirlo a la palabra ‘Nini’ con la que peyorativamente se señala a aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan por falta de oportunidades.

Criticó que el costo de formar egresados de alta calidad que terminan en el subempleo, la economía informal o lo peor, en actividades delictivas, es oneroso económica y socialmente. Contra el enemigo común que asesina sin distingo y envenena a los jóvenes, expuso que hay solución, y en esto parece haber consenso: “La educación es el primer gran paso para erradicar de raíz la violencia”.

Calderón refutó varias de sus apreciaciones. Dijo que “nada más alejado de la realidad” decir que su gobierno no ha aumentado la matrícula en educación superior, además se enorgulleció de estar rompiendo el “círculo vicioso” de egresados universitarios sin empleo. Ejemplificó con las trasnacionales que prefieren a México por la calidad de sus profesionales y no por “salarios bajos, porque para eso pueden ir a China, a India, a muchos lugares donde tienen salarios muy bajos, sin sindicatos, sin libertad, sin democracia de los trabajadores”.

Pero es un hecho la falta de impulso respecto no sólo a la calidad de la enseñanza sino a la oportunidad final de empleo para los egresados. Uno de esos retos era adecuar a la realidad los esquemas empleados en las últimas dos décadas en los patrones de admisión e incluso en las fórmulas de financiamiento para la educación pública en todos sus niveles. Pero ya es tarde. A estas alturas del sexenio darle solución a esa compleja problemática resulta prácticamente imposible porque la cuenta regresiva de conclusión de mandato ya empezó.

pcardenascruz@yaoo.com.mx

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