La falsedad como estrategia

PAULINO CÁRDENAS

La semana pasada en Las Vegas, el presidente Felipe Calderón dijo que los turistas que vienen a México sólo reciben ‘shots’ de tequila –disparos de tequila-, en un afán de hacer creer a los gringos que en México no pasa nada con el crimen organizado y que todo ha sido un problema de ‘percepción’, tratando de minimizar la escandalosa cifra de más de 40 mil muertos que lleva la terca e infructuosa guerra contra las mafias que le decretó desde su llegada al cargo, y que lejos de haber sido aniquiladas por su gobierno, en los casi cuatro años y medio que lleva los cárteles se han empoderado más y tienen sometidos a muchas poblaciones del territorio nacional.

Esa aseveración del ‘shot’ de tequila que relacionó con las visitas de los ‘springbreakers’ resultó jocosa, vana, falsa y chocante, al estilo de los chistoretes de mal gusto que hacía sin ninguna gracia el ex presidente Ernesto Zedillo. Para muchos quedó la ‘percepción’ de que Calderón lo que busca es promover el turismo etílico, en lugar de ofertar las bellezas naturales que tiene México, las bondades de sus climas, la variedad de su historia, la riqueza culinaria, etc. No, prefirió irse por la frase vana que sabía que mediáticamente era la pegadora.

En el paraíso de la vida alegre ubicado en el desierto de Nevada a donde asisitió para ‘promover’ el turismo mexicano, habló de estadísticas comparando los índices delicitivos de México contra los de otros países, cantaleta con la que ha querido convencer de que en nuestro país la guerra contra los cárteles de la droga son puros cuentos chinos que sólo existe en las mentes perversas de algunos malvados enemigos del gobierno que tergiversan la realidad de las cosas. Se está llegando al extremo de hacer creer que en México no hay guerra, y si la hay nadie sabe en dónde está, y respecto de los narcos, que estos ya fueron aniquilados por las fuerzas gubernamentales. Es el mensaje en el que el gobierno insiste dentro y fuera del país, pero que nadie cree.

Unas cuantas horas después afirmó en Chihuahua que en Ciudad Juárez la incidencia delictiva ha disminuído en un año un 60 por ciento, gracias a la participación de las fuerzas federales que comanda Genaro García Luna y a la coordinación que, ahora sí, dizque, existe entre las corporaciones de los tres niveles de gobierno. ¿Alguien le creyó? Al menos los juarenses no. Lo que se dijo en esa visita ya empezó a tener respuestas sobre las ‘falsedades’ que fueron a decir de Ciudad Juárez el Presidente y su vocero de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré. Habría que ver el artículo de Luis Javier Valero publicado ayer en Diario.mx titulado ‘¿Cómo creerle’? en el que hace quedar mal a ambos con las cifras comparativas que da el articulista.

El hecho es que, desesperado porque el tiempo avanza y su infructuosa lucha contra los cárteles de la droga y el crimen no ha dado los resultados que esperaba, el presidente Calderón anda en busca de compartir responsabilidades exigiéndole a todos los sectores de la sociedad, a la clase política, a los partidos y a los poderes Legislativo y Judicial, que se adhieran a la fallida estrategia de su aventura bélica la cual, sigue insistiendo, es una lucha de todos los mexicanos. Y no. Busca corresponsabilidades que difícilmente obtendrá.

Incluso en una especie de acto de contrición reconoció por fin que un Estado desorganizado no puede enfrentar ese flagelo, por lo que hizo un llamado de unidad y clamó que, sin regateos, los políticos olviden los colores partidistas y se dejen de recriminaciones y ‘señalamientos absurdos’ contra su estrategia, y se decidan a enfrentar juntos a las mafias organizadas, como lo dijo en  Chihuahua. Lo que hace cuatro años y medio no hizo, se decidió hacerlo al cuarto para las doce, cuando ya el tiempo se le está viniendo encima.

Hoy, él sabe que acabar con las mafias no era ‘pan comido’ como le hicieron creer sus consejeros bélicos. El poderío de los cárteles lo ha puesto contra la pared, de cara a la nación. ¿Qué hacer ahora? Por lo pronto tendrá que esperar el inexorable juicio adelantado de la sociedad mucho antes de que finalice sexenio. Mientras, habrá que ver lo que sucede después del pacto de paz con dignidad y justicia y la abolición de la impunidad que se suscribirá en Ciudad Juárez el proximo 10 de junio. Pudiera ser el principio de una revolución social pacífica para México, como el que vive el pueblo español con su 15-M, en donde también están ‘¡hasta la madre!’ de sus políticos y de su gobierno.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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