Un diálogo con sordos

PAULINO CÁRDENAS

La Secretaría de Gobernación fijó de antemano la postura del gobierno federal panista respecto de los planteamientos que le harán mañana los miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad al jefe del Ejecutivo, quienes reclaman darle atención a varias exigencias ciudadanas con respecto a la narcoguerra, sintetizadas en seis puntos, pero las cuales tendrán que comulgar con la estrategia actual de seguridad ‘para que la misma se consolide’. Es decir, que esas propuestas tendrán que estar en la misma frecuencia impuesta por Felipe Calderón y sus asesores bélicos en su lucha contra los cárteles, y si no, nada. Y por supuesto no habrá cambio de estrategia.

Los seis puntos del Movimiento que se ventilarán en el Museo de Antropología a partir de las 10 de la mañana, son: Esclarecer los asesinatos y desapariciones y rescatar la memoria de las víctimas; poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combatir la corrupción y la impunidad; combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; y establecer una democracia participativa en los medios de comunicación.

La postura oficial quedó de manifiesto cuando la reportera Fabiola Martínez del periódico La Jornada, le preguntó al titular de la dependencia, José Francisco Blake, sobre el insistente reclamo de ese movimiento civil para que haya un cambio de estrategia en materia de seguridad, y éste respondió: “Primero vamos a estar atentos a cualquier planteamiento que consolide la estrategia”. ¿Qué quiso decir con eso? Que si no hay coincidencia con la estrategia del gobierno no habrá cambios, seguirá el Ejército en las calles y todo seguirá igual. Los otros cinco puntos de la agenda ese Movimiento simplemente los batearán.

El hecho es que los asesores de guerra de Calderón no están dispuestos a que por presiones de organismos civiles como el que encabeza el poeta y escritor, Javier Sicilia, vayan a variar ni un ápice su modus operandi en la fracasada lucha contra los cárteles de la droga y del crimen organizado. Lo que se buscará en ese ‘diálogo’ será darle largas a lo que no esté alineado con las necedades de esa gesta bélica, pese al rotundo fracaso que ha sufrido el gobierno federal panista frente a las mafias las cuales, lejos de haber sido reducidas, se han empoderado más en el país.

Por ello, los miembros de la cúpula de ese Movimiento que no se digan sorprendidos si el diálogo de mañana resulta igual que aquellos por la (in)seguridad que se llevaron a cabo el año pasado y parte de este, en un foro multidisciplinario en el que supuestamente se buscaba influir para que hubiera cambios en  la fallida estrategia contra los capos del crimen organizado, cuya cifra avanza veloz hacia los 45 mil muertos sin que eso inmute al jefe supremo de guerra ni a sus consejeros.

Si el gobierno federal panista no ha hecho caso de los exhortos de la ONU y otros organismos internacionales de derechos humanos en torno a los ‘daños colaterales’ de esa guerra armada contra los cárteles de la droga y otras vertientes del crimen organizado, menos lo hará con un movimiento civil porque, de hacerlo, según los consejeros de guerra del Comandante Supremo, se vendría abajo todo lo que hay detrás del telón de esa contienda armada sin rumbo.

Las señales de que nada habrá de cambiar porque no hay la voluntad política para ello, estaba implícito en lo que había señalado Javier Sicilia: “El diálogo ya estaba pactado y ya el mismo gobierno había aceptado que fuera público, con las víctimas, y ya habíamos propuesto el Palacio Nacional; pero ellos dijeron que no, porque tienen ciertos problemas ahí, y entonces elegimos el Museo Nacional de Antropología”.

Añadió: “Luego vino la visita de Calderón a Juárez con un desfile militar; sus declaraciones sobre el sacerdocio policial, y el ataque al Centro de Derechos Humanos Paso del Norte”. En lo que se accedió fue en que el diálogo fuera público y de cara a la sociedad, de confrontación con las víctimas de la violencia. Pero, ¿qué tan público será ese diálogo? ¿Acaso se transmitirá en cadena nacional?

¿No debió abrirse ese diálogo a un público más diverso para darle voz a quienes también están hasta la madre de tantos yerros porque esa inútil y cruenta guerra ha hecho dejar de lado otros importantes rubros que requieren la atención del gobierno federal? Si el arrojo de los sicilistas no se arredra, desde mañana se podría iniciar el primer capítulo del juicio público adelantado contra quienes se han empeñado a contrapelo a escribir esa sangrienta página en la historia de un México que se merece un gobierno que promueva la paz y no la guerra.

pcardenascruz@yahoo.com.mx



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