Perdón, dolor y bateo

PAULINO CÁRDENAS

La reunión entre el presidente Felipe Calderón y varios de sus funcionarios con los integrantes del Movimiento por la Paz encabezados por Javier Sicilia, tuvo tres aspectos sobresalientes: el perdón un tanto obligado del Presidente a las víctimas de la narcoguerra; el dolor y reclamo manifestado por los familiares de los caídos, secuestrados y que han sido víctimas de despariciones forzadas, y el bateo del mandatario panista en torno a un cambio de estrategia que, como se preveía, no cambiará ni un ápice, como lo volvió a reiterar ayer.

Para muchos el estilo ponderado, decente y en momentos hasta dulce de Sicilia, contrastó con el que utilizó en momentos el presidente Calderón quien en más de una ocasión usó un tono enérgico, con manoteos y tamborileos en la mesa, con inflexiones chocantes que rayaron en la insolencia, como cuando regañó a su interlocutor como si fuera su sobordinado o cuando lo apuntó con dedo flamígero en una parte del diálogo celebrado en el Castillo de Chapultepec, que por momentos se volvió monólogo por parte del mandatario.

El poeta y escritor  había propuesto a modo de exigencia que el jefe del Ejecutivo le pidiera perdón por los 40 mil víctimas de la guerra contra la delincuencia. “Coincido que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas, pero no por haber actuado contra los criminales que están  matando a las víctimas”. Al parecer el poeta susurró que el perdón debería ser para todas las víctimas, por lo que Caderón, enervado y en actitud majadera, apuntó con su dedo índice al poeta y escritor que impávido escuchó:

“Eso definitivamente es un error. En eso Javier sí estás equivocado. Si es de pedir perdón por la gente que murió a manos de los criminales y si de algo me arrepiento en todo caso es en eso, no en haber enviado fuerzas federales a combatir a criminales que nadie combatía, porque les tenían miedo, porque estaba comprado por ellos. De lo que en todo caso me arrepiento es de no haberlos mandado antes”.

Añadió: El error es no haber actuado entre todos con más fuerza y “en ese perdón tenemos que ir todos. Los que fuimos sumisos en eso y también quienes se han empeñado a frenar la acción del gobierno”. Y le lanzó el reto a Sicilia: “Tú hubieras hecho lo mismo”. No obstante al inicio de su intervención el mandatario federal había reconocido que sentía dolor por las víctimas de la lucha que ha provocado la criminalidad.

Muchos de los dolidos asistentes al Castillo de Chapultepec se percataron pronto que ese diálogo no avanzaría en los términos que habían supuesto. Más que acuerdos tangibles esenciales, hubo retórica, largas, aceptaciones, verdades a medias y promesas que dudosamente serán cumplidas por las inconsistencias, omisiones y negligencia de las autoridades del gabinete de seguridad incluida la PGR y la SSP federal, denunciadas en esa reunión por algunos deudos de las víctimas.

Sicilia le había dicho al Presidente que estaba obligado a reconocer que su estrategia contra la delincuencia ha sido contraproducente. ¿Dónde están las ganancias de su estrategia?, le preguntó. Y le aclaró que no le planteaba que deje de atacar a los delincuentes. “El problema es que se lanzó a la guerra con instituciones podridas, con altos grados de impunidad”, le puntualizó. Mencionó los más de 40 mil muertos que lleva en su haber la narcoguerra, pero eso no conmovió a los del gobierno.

Dijo el escritor y poeta que los ciudadanos están entre dos fuegos con la corrupción institucional y los delincuentes. Estos, dijo, ¡”son tan cabrones e hijos de la chingada”!, puntualizándole al mandatario panista que su crítica se dirige también a los otros dos poderes, no sólo al Ejecutivo. El formato de la reunión no se respetó en estricto rigor pero como sea se apegó a lo acordado. La intervención de los familiares de las víctimas fue sin duda la parte más dramática del evento.

Incluso el Presidente pareció conmovido con algunas narraciones y ordenó a sus subordinados a darle curso a algunas de las peticiones que le formularon. Dijo que estaba de acuerdo en terminar esa violencia pero sin caer en la indolencia, y sostuvo que “hubiera sido muy cómodo para mí no actuar pero como Presidente vi la amenaza y me decidí a actuar”, aunque, dijo, “pude haberme hecho pato”.

Para unos ese diálogo llenó en parte las expectativas de algunos integrantes del Movimiento por la Paz; para millones de mexicanos fue darle ‘atole con el dedo’ a los sicilistas y batear los seis puntos que llevaban en su agenda para ese evento –que por cierto no tuvo cobertura a nivel nacional–, en el que Sicilia propuso celebrar el segundo diálogo para dentro de tres meses y Calderón aceptó. La mala noticia es que en la guerra contra las mafias seguirá prevaleciendo la razón de la fuerza y todo continuará igual. O peor.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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