El horror está por venir

PAULINO CÁRDENAS

El Instituto Federal de Acceso a la Información ha venido exigiéndole al gobierno federal panista datos sobre los muertos que ha cobrado la guerra que sostiene Felipe Calderón contra las mafias del narcotráfico desde diciembre de 2006 que comenzó por órdenes suyas en su calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, cuya cifra aquel organismo estima en 35 mil decesos, aunque otros cálculos hablan de que el número de muertos ya fluctúa entre los 40 mil y 45 mil víctimas en cuatro años y medio de combatir a los narcos y a la criminalidad organizada sin éxito.

Tal exigencia del IFAI es a partir de que una persona se quejó ante ese Instituto de haber recibido negativas de información del gobierno sobre la infinidad de homicidios presuntamente relacionados con la delincuencia organizada, pese a que en el Portal de Obligaciones de Transparencia de la Presidencia de la República el pasado 12 de enero se reveló que existía una base de datos según lo dio a conocer el vocero de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, por lo cual el ciudadano procedió a pedir datos que le fueron escamoteados.

Fue por ello que el IFAI pidió informes al respecto a la PGR la cual solicitó primero una prórroga para la entrega de esos documentos y tras 40 días hábiles, reportó la “inexistencia de la información”. El Instituto se avocó a hacer una búsqueda de la información difundida en el portal electrónico de la Procuraduría federal, y localizó boletines, comunicados y otros documentos donde se informa de ejecuciones de diferentes tipos de personas: delincuentes, autoridades federales o estatales y civiles. Ha vuelto a insistir y en eso andan.

Pero en la misma frecuencia también está la legisladora perredista Teresa Incháustegui, secretaria de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, quien estima que cuando finalice el sexenio, se habría elevado a unos 60 mil la cifra de decesos, y que la cantidad de personas que se han tenido que desplazar de sus lugares donde residen por temor a morir o ser desaparecidos o secuestrados, se calcula en al menos 120 mil, más los que se sumen por esa causa de aquí al término del sexenio.

Esta exigencia tarde o temprano habrá de salir a la luz pública, acaso no por la vía gubernamental, sino por los datos de organismos no gubernamentales, familiares de las víctimas y testigos, tarea a la que se ha avocado la diputada perredista Teresa Incháustegui, quien está por concluir una primera parte de ese exhaustivo esfuerzo datos sobre la narcoguerra que el gobierno escamotea, y que la legisladora pronto podría dar a conocer a la opinión pública.

Por esas dos vías, la del IFAI y la de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, se busca documentar las circunstancias por las que han caído víctimas de los encuentros armados y de tanta gente inocente que ha muerto a los que el gobierno considera como ‘daños colaterales’ de la narcoguerra, mexicanos todos que han fallecido por miles a lo largo de cuatro años y medio de combates armados contra los sicarios al servico de las mafias.

El cuento de que esos muertos no hay que considerarlos porque son criminales que han caído de un lado y de otro de las diferentes bandas que operane en México, no es razón que convenza a nadie y menos a los organismos no gubernamentales de derechos humanos. Lo menos que el IFAI por ejemplo le está exigiendo al gobierno que encabeza Felipe Calderón, es que se hagan públicos datos y causas de tantas muertes.

Esto sin contar con las desparición forzada y secuestro de gente que a la fecha no se sabe dóndo está, como ha sido denunciado por familiares de cientos de víctimas, quienes han recorrido diversas instancias de la procuración de justicia sin resultados. El Grupo de Trabajo sobre la Desaparición Forzosa o Involuntaria (GTDFI) de las Naciones Unidas en México, considera que los casos detectados son más de 3 mil de diciembre de 2006 a la fecha.

Y respecto de ese infame peregrinar todos conocieron del dramático caso que vive doña María Herrera Magdaleno, madre de cuatro hijos que mataron las balas de la narcoguerra. Hasta Calderón se conmovió el pasado jueves en el Castillo de Chapultepec del vía crucis de la afligida señora, mismo peregrinar y sufrimiento que viven decenas de centenas de familias en el país.

En consecuencia, el horror está por venir –como escribieron en su libro y documental ‘El Sicario’ los periodistas Charles Bodwen y Molly Molloy–, una vez que empiecen a aflorar los nombres, datos y circunstancias por las que han muertos miles de mexicanos a consecuencia de esa inamovible estrategia de violencia que enarbola el Presidente y sus asesores bélicos, quienes insisten en hacer de esa fallida estrategia de guerra, una política de Estado.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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