Jornada del ¡ya basta!

 PAULINO CÁRDENAS

Si pudiera sintetizarse en una sola frase la derrota de Acción Nacional frente al PRI habría que decir que fue por una evidente falta de eficacia del PAN como gobierno. Y el gran perdedor de la contienda electoral sin duda fue el presidente Felipe Calderón. La del pasado domingo fue una jornada cuyos resultados eran previsibles, casi cantados. Era mucha la retahíla de pendientes y afrentas del gobierno federal panista contra la ciudadanía. De ahí los resultados tan desastrosos para el panismo. Y de paso para el perredismo.

Un factor a considerar por quienes hagan el recuento de daños por parte de Acción Nacional, es el clima de inseguridad y de violencia a causa de la narcoguerra que el Presidente ha insistido en continuar bajo los mismos términos de combatir la violencia con más violencia, pese a los miles de muertos que ha cobrado esa necia lucha cuyo número cada día aumenta más, necedad que recibió su castigo en las urnas.

Esto además de haber hecho a un lado, por esa su prioridad bélica, muchos asuntos de la agenda pública a favor de la ciudadanía que siguen como asignaturas pendientes y que tienen a la mayoría de los mexicanos en una situación de estancamiento y recesión y en muchos casos de retroceso económico y social. El número cada vez mayor de pobres muy pobres fue otro referente para la gente que fue a votar.

Otros dos factores fueron, uno, y en lo general, la recesión que sufre el país. Otro, en lo particular, la que padecen millones de votantes, la condición de desempleo, la galopante carestía, los incesantes ‘gasolinazos’, la falta de oportunidades para el desarollo y el descenso de nivel de vida de muchas familias clasemedieras. Todas esas fueron facturas cobradas en los comicios del domingo. Fue una jornada del ¡ya basta¡ que, como van las cosas, bien podría repetirse la misma dosis en el 2012. Eso en cuanto al PAN.

En cuanto al PRD este partido no ofrecía nada nuevo; incluso a lo largo de su campaña ya asomaba la intención de reclamo de su candidato si no ganaba, como fue. Hubo más congruencia en Luis Felipe Bravo Mena que sin ambages aceptó la derrota, que la de Alejandro Encinas que adoptó la gastada fórmula de echarle la culpa a todos y a todo, de una que era anicipada derrota, señalado que no dejará el estado de México ya que jurídicamente no se prestará al juego sucio, criticando de paso a quienes no sufragaron por él y quejándose de que fue una elección de Estado.

En retrospectiva, ni siquiera sirvió que el presidente Calderón autorizara la cacería de brujas contra priístas con presuntos ‘expedientes negros’ realizada en plenas campañas electorales, lo que, además del ridículo en el caso de Jorge Hank Rohn, al final las denostaciones contra el PRI no hicieron  mella en el ánimo de la gente que salió a votar con todo y los aguaceros y la amenaza de mal tiempo y pese a las inundaciones producidas por el desbordamiento del río de Los Remedios. Sólo los muy fieles a la causa panista y lopezobradorista votaron por sus partidos.

Los candidatos del tricolor para gobernador en el estado de México, Coahuila y Nayarit o de alcaldes en Hidalgo, se llevaron el mayor número de votos, no porque presentaran una mejor propuesta, sino porque, al no haber más opciones, consideraron que el PRI era el partido menos malo para ser el recipendario del resquemor popular que alcanzó incluso a quienes habían venido votando por el PAN  y a los indecisos. Los perredistas no tuvieron dudas.

En el 2009, después de la derrota del PAN en las elecciones llamadas intermedias en las que también arrasó el PRI, renunció enseguida Germán Martínez Cázares como dirigente del albiazul. Esta vez no se sabe si lo mismo hará Gustavo Madero Muñoz, quien declaró que buscarán analizar las demandas ciudadanas. Por su parte el presidente nacional del PRD, Jesús Zambrano, admitió: “No hemos logrado entusiasmar a sectores fundamentales de la sociedad; nos “ha hecho mucho daño la imagen de un partido rijoso, que se consume en sus querellas internas”.

Humberto Moreira señaló que en agosto su partido estaría en condiciones de empezar a trazar la ruta hacia Los Pinos. Por lo pronto, después de su triunfo es probable que el PRI acceda a que se realice un perido extraordinario en el Congreso para aprobar las reformas pendientes, pero bajo las condiciones de ese partido y no de los derrotados en las urnas. La sartén por el mango pues.  Y Felipe Calderón fue el gran perdedor de esa contienda electoral, quien a partir de ahora día a día irá perdiendo fuerza porque esa es la ley que impera en el sistema político mexicano.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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