Los muertos sí importan

PAULINO CÁRDENAS

En una de las entrevistas con el periódico español El País sobre la narcoguerra, el presidente Felipe Calderón dijo hace un tiempo que cuando decretó esa lucha contra los cárteles de la droga y el crimen organizado, “no había una idea precisa de las dimensiones, pero sí había una certeza de la peligrosidad y de la imperiosa necesidad de cortar esa ola expansiva”. Señaló que “el cáncer estaba ahí y, a medida que lo hemos enfrentado, hemos visto la dimensión que tiene”. Y habló de los muertos que ha cobrado la narcoguerra. Al respecto señaló que “el número de muertes lo que refleja es la intensidad del problema”. Nada más. Eso dijo, sin lamento alguno.

Esta referencia es ejemplo de que la parte humana de la guerra para el mandatario panista no existe. Esa frase tan fría al referirse al número de muertes por la guerra podría entenderse como un despotismo y desinterés por quienes han caído a consecuencia de esa guerra, todos mexicanos y acaso uno que otro extranjero. Para él, si hay menos o más muertos por la guerra, pareciera no ser de la mayor importancia y deja la percepción de que los derechos humanos para él no son relevantes. Diría: Es una guerra contra la barbarie y lo demás no importa.

Por lo que señaló a El País se desprende que la gran mayoría de los muertos son hijos de la ilegalidad, de la criminalidad, forman parte del clan medieval y que a los violentos hay que combatirlos con violencia. Qué importa si mueren. Qué importa que sean mexicanos. Qué importa que hayan sido víctimas del olvido y la falta de oportunidades del sistema. Son hijos de la mala vida, son despiadados y por eso, si fallecen, no hay de qué preocuparse. Todo esto se infiere, pensando de mala manera, por lo que expresó al influyente medio español.

Queda claro que al inicio Calderón tampoco tenía una idea precisa de las dimensiones del monstruo de mil cabezas al que se enfrentaría. Hoy, aunque quisiera, ya no hay tiempo de subsanar errores. Los muertos no revivirán. Más bien es hora de empezar a enfrentar las consecuencias que vienen sobre su guerra cuya estrategia no ha querido cambiar, no obstante los pésimos resultados obtenidos, los cuales  sin duda nada tienen que ver con lo que sus asesores bélicos le habrían hecho creer hace cuatro años y medio.

El poeta y escritor Javier Sicilia, que entre otros muchos mexicanos perdió a un hijo a manos del crimen organizado, en uno de sus discursos en el Zócalo capitalino dijo que tantos muertos “han llenado de indignación y de dolor a la ciudadanía de Morelos y de la nación entera. Sus nombres, sus historias y sus sueños destrozados, que el amor de la ciudadanía sacó a la luz pública, ha hecho posible que se pusiera también nombre, historias y sueños a otros miles de muchachos asesinados y criminalizados por la violencia que se ha apoderado del país, de sus instituciones y de la imaginación del narcotráfico y de esa mal llamada clase política”.

Reprobó que esos muertos “sean simples cifras, simples abstracciones, bajas colaterales o criminales, ‘escorias’, como estúpidamente se les ha llamado. A partir de ellos, esas cifras son lo que siempre han sido y siempre deberán ser: vidas humanas segadas y familias destrozadas, dolor que día tras día se ha ido acumulando en los corazones de todos los ciudadanos de este país”.

En la reunión celebrada en el Alcázar del Castillo de Chapultepec le exigió al Presidente palabras más, palabras menos, saber por qué y de qué manera han muerto tantos mexicanos que han quedado sin nombre, sin historia; muertos anónimos cuyos casos se encuentran en los archivos de las procuradurías y del ejército y en la desmemoria de nuestros gobernantes, y que era hora de saber qué paso con cada uno de ellos, para que sus familias tengan algo de reposo en sus adoloridas almas.

Si bien la violencia se ha apoderado del país, es hora que el Presidente haga un acto de contrición y ordene a los suyos escarbar en los archivos, escuchar los relatos de testigos  y escudriñar donde puedan hallarse datos sobre las circunstancias por los que se dieron tantos decesos, para que miles de familias sepan qué sucedió con sus muertos. Si lo hace Calderón, ¿quién osaría criticarlo? Es lo menos que debiera hacer como tributo a los más de 40 mil caídos y sus deudos.

¿Acaso no se quiere entrarle al asunto porque muchas de esas muertes se han vinculado a las fuerzas castrenses y policías federales como son, asaltos, violaciones de mujeres, pleitos y allanamientos de morada en domicilios particulares? Pudiera ser. Pero saber por qué murieron tantos a causa de esa guerra, para los mexicanos sí importa.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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