Poiré, como Joseph Goebels

PAULINO CÁRDENAS

La sola mirada al tiempo que está por concluir para el sexenio que encabeza Felipe Calderón, le empieza a motivar una muy seria preocupación en su carácter de jefe supremo que comanda las fuerzas armadas en contra de los cárteles de la droga, ya que sabe que se le vendrá el mundo encima una vez que las compuertas electorales se abran y los medios pongan todos sus reflectores sobre los aspirantes a la sucesión presidencial y empiecen a hablar de los resultados de esa guerra que ha propiciado un escandaloso baño de sangre en el país.

Por lo pronto ya no se habla de 40 mil muertos sino de al menos 50 mil que ha cobrado esa inútil lucha armada en lo que va del sexenio, según el semanario Zeta de Tijuana.

Por ello, en un acto de evidente desesperación, sus asesores bélicos se dieron a la tarea de elaborar un documento llamado “Los 10 mitos de la lucha por la seguridad”, sobre el cual el vocero de la narcoguerra, Alejandro Poiré, se ha encargado de dar a conocer y explicar a su modo desde hace varias semanas, en una desangelada campaña de la que pocos se han enterado no obstante que va de la mano de los spots ‘No lo había visto así’ que pasa por radio y televisión. Pero con el último, el sexto ‘mito’, sí se voló la barda.

Señala que el presidente Felipe Calderón le declaró la guerra al crimen organizado y al narcotráfico, como “respuesta a la solicitud de la sociedad y a autoridades locales” que, dijo, hoy siguen solicitando la presencia decidida de la fuerza federal para combatir la criminalidad. ¿Será? Los jóvenes dirían: ‘No manches maestro’. Eso que se quiere vender como realidad sí es una falacia. No hay registro alguno de que Calderón haya sometido a consideración con ningún poder, ni Legislativo ni Judicial, su decisión onmímoda de declararle la guerra a las mafias, ni siquiera para calcular sus alcances. Diría el infelizaje: se aventó como ‘El Borras’.

Ante el evidente fracaso de esa guerra que el mandatario panista le declaró a las mafias desde el inicio de su gobierno –idea que compró para tratar de legitimarse ante la sociedad mexicana por su triunfo frente a Andrés Manuel López Obrador por un reducido margen de 0.56 por ciento, que al final las autoridades electorales avalaron pero que muchos pusieron en duda–, como último recurso el vocero de la narcoguerra, atendiendo órdenes superiores, se ha dedicado a querer minimizar lo más posible la aventura bélica en la que para nada se han obtenido los resultados deseados.

Dice Poiré que hasta en el Plan Nacional  de Desarrollo 2007-2012 está plasamada esa ‘petición’ de la sociedad y de las autoridades locales de declararle la guerra a los cárteles. En el capítulo referente al Crimen Organizado aparecen los enunciados para enfrentar a las mafias y a los cárteles de la droga por parte del gobierno con el apoyo militar, pero únicamente como meros propósitos a seguir; sin que se diga que fue derivado de alguna consulta o producto de alguna petición social o de autoridad local.

El Plan habla de propósitos para aplicar la fuerza del Estado, dentro del marco de la ley –dice el documento– “para recuperar los espacios que han sido secuestrados por las bandas de nar­cotraficantes y otras organizaciones delictivas”. Habla tambiém de lo que se haría con respecto al narcomenudeo que sigue como tarea pendiente. Pero lo mismo dice de otros muchos propósitos que no se han cumplido en cuatro años y medio de gobierno. Y como dijo don Teofilito, ni se cumplirán.

Lo cierto es que Calderón ni sus asesores bélicos tenían idea de lo que podría suceder si se agitaba el avispero del crimen organizado y de las mafias que lo componen, como lo reconoció en entrevista con Pablo Ordaz para el periódico El País, al hablar de cuando le declaró la guerra a las mafias con el apoyo del Ejército al que desde entonces le asignó tareas policiales. Es obvio que no hubo consensos ni consultas. Fue un simple acto de autoridad.

Por tanto, no es repitiendo la misma mentira que ésta se convertirá en verdad. Era Joseph Goebels, encargado del Ministerio de Propaganda de la Alemania Nazi, quien decía que repitiendo mil veces una mentira ésta acabaría aceptándose como verdad. Hoy por hoy hay dos razones. Uno: esto es un juego perverso que no da resultados. Dos: ya no estamos en tiempos del nacismo.

Tampoco es echando mano del principio propagandístico de la ‘transpocisión’ de los propios errores atribuyéndoselos a otros a través de campañas oficiales, como la sociedad se va a olvidar los errores de quien originalmente los ha cometido, en este caso el gobierno que encabeza Felipe Calderón con respecto a la narcoguerra. Esto se supone que lo sabe muy bien Alejandro Poiré, maestro y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. ¿O no?

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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